Hace poco aterricé en el aeropuerto de Buenos Aires tras 14 horas de viaje. Después de atravesar el aeropuerto, el funcionario de inmigración del Gobierno de Argentina me hizo dos preguntas: ¿Por qué está aquí? ¿En qué hotel se aloja?
Imaginemos por un momento que me hubiera hecho una tercera pregunta: ¿Es usted terrorista? Por lo general, los funcionarios de inmigración no hacen esta pregunta porque, por supuesto, un terrorista respondería «no» y seguiría adelante.
Este escenario absurdamente sencillo pone de relieve el factor más importante que sustenta el futuro del sistema mundial de viajes: la confianza.
¿Por qué debería confiar el funcionario de inmigración en que respondí con sinceridad a sus dos preguntas directas, y mucho menos a esta hipotética tercera pregunta? Los viajeros podrían mentir fácilmente sobre el hotel en el que se alojan y el propósito de su visita.
El sistema mundial de viajes necesita una renovación
Estaba en Buenos Aires para participar en un panel sobre cómo crear viajes ágiles y seguros en la Cumbre Mundial del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC), tras recibir una invitación de Gloria Guevera, líder visionaria del WTTC y exministra mexicana de Turismo. Compartí el panel con la Dra. Fang Liu, secretaria general de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), una de nuestras responsables de la iniciativa del Foro Dando forma al futuro de la movilidad . La OACI es una parte interesada clave en materia de confianza e identidad en el sistema mundial de viajes, pues proporciona un repositorio central de datos sobre pasaportes electrónicos.
En el Foro Económico Mundial, llevamos más de tres años trabajando en el concepto de facilitación de los viajes —hacer más fácil que los viajeros internacionales atraviesen los aeropuertos (y también las fronteras terrestres)—, desde que los directores ejecutivos de Hilton y Marriott plantearon la pregunta: ¿Ha llegado el momento de un pasaporte mundial?
Chris y Arne se adelantaron a su tiempo y ya buscaban una solución al mayor desafío que afectará a los viajes en el futuro. En 2012 alcanzamos un hito mundial con 1.000 millones de llegadas internacionales (por aire y por tierra). En 2017 hubo 1.320 millones de llegadas internacionales, un aumento del 7% con respecto a 2016: la mayor tasa de crecimiento en siete años. Esperamos superar los 2.000 millones de llegadas internacionales para 2030, si no antes. Arne y Chris acertaron, como muchos de sus colegas, al determinar que el sistema de viajes actual no podrá satisfacer la demanda de viajes del mañana.

Desde que Chris y Arne plantearon este tema hace tres años, al menos dos importantes vectores de cambio han reconfigurado y acelerado la transformación del sector.
El primero es la proliferación de tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial que pueden reconfigurar profundamente el sistema de viajes del futuro, en particular la biometría (facial, del iris, de huellas dactilares y otras), los registros distribuidos (cadena de bloques u otros registros sin cadena de bloques, como Corda o X-Road) y una serie de avances en criptografía que prometen convertir hasta a los más versados en tecnología en donuts glaseados (algoritmos de prueba de conocimiento cero).
El segundo es la transformación del panorama de la seguridad mundial. Lamentablemente, parece que el mundo de 2018 es más volátil y peligroso que el de 2014. Horribles sucesos, como el atentado en el aeropuerto de Bruselas en 2016 o la matanza de inocentes desde una habitación de hotel en Las Vegas el otoño pasado, nos recuerdan que el sistema mundial de viajes es vulnerable. Y eso nos lleva de nuevo a la funcionaria de inmigración con la que hablé.
Cada vez que cruzamos una frontera internacional, como hice aquella mañana, nos encontramos ante un funcionario de inmigración o de control fronterizo que busca responder dos preguntas sencillas: ¿Es usted quien dice ser? ¿Es seguro que le permita entrar en mi país?
Al examinar el pasaporte —tanto física como digitalmente—, el funcionario de inmigración aborda la primera pregunta. Pero ¿podemos siquiera confiar en un pasaporte? Cada día, Interpol identifica de forma concluyente más de 300 pasaportes perdidos o robados que circulan por el sistema internacional de viajes.
Hay muchos pasaportes falsos; el asunto cobró notoriedad cuando funcionarios malasios confirmaron que dos iraníes, probablemente viajando para solicitar asilo, abordaron el fatídico vuelo MH370 de Malaysia Airlines con pasaportes robados. Podemos y lograremos hacer un mejor trabajo con la biometría. De hecho, el Gobierno de Estados Unidos está liderando activamente la iniciativa de aplicar tecnología biométrica al sistema mundial de viajes.
Al hacer preguntas como «¿Dónde trabaja?», «¿Por qué está aquí?» y «¿Dónde se aloja?», el funcionario de inmigración evalúa la segunda cuestión: ¿es seguro que le permita entrar en mi país? Pero ¿hay alguna forma de que los funcionarios de inmigración dediquen mucho menos tiempo a los numerosos viajeros más conocidos o considerados seguros, para poder concentrar sus esfuerzos en los pocos viajeros desconocidos o de mayor riesgo?
El concepto de identidad digital para viajeros conocidos
En el Foro reunimos a un grupo de trabajo de directivos de Interpol, la OACI, la IATA, el WTTC y el ACI, así como a diversos socios empresariales de los sectores de la tecnología, la aviación, los viajes y el turismo, para explorar cómo podríamos rediseñar el sistema mundial de viajes a fin de responder a los desafíos futuros. En colaboración con Accenture, el grupo de trabajo desarrolló el concepto de Identidad Digital para Viajeros Conocidos (KTDI), documentado en el informe de perspectivas que publicamos durante nuestra Reunión Anual en Davos en enero.

El informe ofrece una descripción detallada del concepto KTDI; tres aspectos son particularmente pertinentes al reflexionar sobre la confianza:
1) Centrado en el usuario. En junio de 2017 iniciamos el debate en nuestro grupo de trabajo preguntándonos cómo rediseñaríamos por completo el sistema mundial de viajes para los viajeros. Aunque los gobiernos exigen que los viajeros compartan ciertos datos (como el nombre, la fecha de nacimiento, el número de pasaporte, etc.), nos preguntamos: ¿Y si los pasajeros pudieran compartir voluntariamente más datos?
2) Habilitado por la tecnología. Los avances en biometría, en particular la biometría facial, progresan a un ritmo vertiginoso. Pero lo que resulta aún más interesante para el sistema de viajes es el registro distribuido, que ofrece un medio para que un tercero de confianza verifique en qué hotel me alojo o dónde trabajo. Un registro distribuido ofrece una forma de infundir confianza en el sistema de viajes.
3) Modular e independiente de los proveedores. Para hacer realidad la visión de KTDI, varios sistemas (como hoteles, aerolíneas y autoridades de inmigración) deben intercambiar datos, lo que exige que la interoperabilidad sea un principio de diseño. Varias empresas tecnológicas están creando soluciones excelentes para el sistema de viajes, desde grandes actores como Accenture hasta empresas centradas en el sector como SITA y empresas emergentes transformadoras como VisionBox. Todas deberían poder participar en la implementación de un sistema KTDI escalable a nivel mundial.
Personalmente, estaría dispuesto a compartir todo mi historial de viajes, laboral, académico, de residencia y demás con las autoridades de inmigración y fronteras si creyera que así podría atravesar el aeropuerto y llegar antes a mi destino. La IATA dispone de datos que demuestran que no soy el único que piensa así.
Mejor aún, si mis datos pudieran autenticarse mediante tecnología de registro distribuido (por ejemplo, si el departamento de Recursos Humanos del Foro Económico Mundial verificara que soy empleado y la Universidad Carnegie Mellon verificara que soy exalumno, etc.), habríamos dado un gran paso para crear un sistema más confiable. Y un sistema confiable genera confianza en el propio sistema.
La confianza es variable. Por lo general, cuesta ganarla y es fácil perderla.
Perspectivas: un proyecto piloto en Canadá y los Países Bajos
Érase una vez, algunos visionarios de la industria aérea se preguntaron: «¿Podemos imaginar un futuro sin billetes de papel?». Estoy seguro de que hubo expertos con muchos argumentos para explicar por qué no sería posible, pero hoy la industria funciona cada día con una tecnología que habría sido inimaginable hace una generación. Los pasajeros reservan vuelos por internet, facturan mediante la aplicación móvil de la aerolínea de camino al aeropuerto y suben al avión después de escanear un billete electrónico en la puerta de embarque.
Hoy, los líderes visionarios de la industria de viajes están replanteándose de manera similar el sistema de viajes del mañana con el concepto KTDI. Es un concepto audaz y ambicioso. Y es justo lo que necesita el mundo, porque viajar es realmente una fuerza positiva: fomenta el intercambio cultural y la conciencia internacional, y impulsa el desarrollo social y económico.
Nuestro próximo paso es demostrar la viabilidad del concepto. Nos complace mucho colaborar con el Gobierno de Canadá, en particular con el apoyo del ministro de Transporte, Marc Garneau, y del Gobierno de los Países Bajos.
El próximo año promete ser aún más emocionante, mientras nuestras partes interesadas se disponen a probar y diseñar un sistema mundial de viajes más confiable para el futuro.
