Los viajes de negocios fueron una de las mayores víctimas de la pandemia, y el trabajo remoto e híbrido está poniendo en cuestión su futuro.
Viajar sigue siendo una forma importante de conectar a las personas, pero la aviación representa entre el 2 y el 3 % de las emisiones globales.
Viajar en clase económica genera la mitad de la huella de CO2 que en clase ejecutiva, porque los pasajeros ocupan la mitad del espacio.
El combustible de aviación sostenible elaborado con materias primas procedentes de residuos y restos 100 % renovables, como el aceite de cocina usado, es otra opción para reducir las emisiones de la aviación.
Entre las muchas víctimas de la pandemia, los viajes de negocios fueron una de las mayores. En 2020, el gasto total en viajes de negocios cayó un 52 %, según McKinsey. Hoy, mientras aprendemos a convivir con el coronavirus y parece que la normalidad se está restableciendo en gran medida, el dilema sobre lo que esto significa para los viajes y las reuniones presenciales es real.
Está claro que las antiguas formas de trabajar ya no existen, y eso incluye los viajes de negocios. El trabajo remoto e híbrido es ahora la nueva normalidad, lo que deja a los viajes de negocios en una situación interesante. «Los viajes de negocios se han reducido mucho», afirma Katharina Riederer, cofundadora de eco.mio, una consultora que ayuda a las empresas a elegir soluciones de viaje sostenibles. «Y tenemos estas nuevas oportunidades: nos reunimos por Zoom».
Es un cambio significativo que quizá se haya producido por conveniencia, más que por el deseo de proteger el medio ambiente. Pero ¿puede la agenda de sostenibilidad hacer que perdure la necesidad y la voluntad de pensárselo dos veces antes de viajar? De la necesidad provocada por los confinamientos han surgido alternativas mucho mejores y ampliamente adoptadas que nos permiten hacer negocios a distancia en vez de emprender el viaje.
Sin embargo, parece que esas nuevas oportunidades no siempre se aprovechan o, al menos, no pueden sustituir por completo los viajes de negocios. «En la nueva normalidad, viajar sigue siendo una forma importante de conectar, pero la aviación representa entre el dos y el tres por ciento de las emisiones globales, y se espera que el número de vuelos crezca significativamente», afirma Susanne Bouma, directora de Alianzas y Programas de Aviación Renovable en Neste, el principal productor mundial de combustible de aviación sostenible (SAF) elaborado con materias primas procedentes de residuos y restos 100 % renovables, como el aceite de cocina usado.
Reunirse o no reunirse
Riederer reconoce que la decisión de viajar o no está impulsada por las necesidades del negocio. «A menudo, no se puede controlar realmente cuánto se viaja en la empresa», afirma. «Pensemos en la consultoría: algunos clientes realmente quieren que estés allí».
También suele ser una cuestión cultural. «Hace dos años, se pensaba que la gente nunca tendría que volver a reunirse», afirma Clive Wratten, director ejecutivo de la Asociación Británica de Viajes. «Pero, a la inversa, ocurrió lo contrario desde el punto de vista cultural: en Asia se consideró muy importante volver a salir y reunirse en persona, para entender todos los matices que implica hacer negocios en una cultura totalmente distinta».
Sin embargo, si puedes optar por no viajar, ¿qué deberías tener en cuenta al decidir si reservar un vuelo, tomar un tren o alquilar un coche para asistir a tu próxima reunión?
«Las grandes consultoras y las empresas financieras están volviendo claramente a salir y a ver a sus clientes, asegurándose de estar frente a ellos», afirma Wratten. «Y eso es realmente importante. Pero ¿de verdad necesitamos ir a Nueva York para celebrar una reunión interna con nuestros colegas?»
Para reuniones importantes en las que se intenta cerrar un acuerdo comercial clave y es importante mirar a la otra persona a los ojos, ese vuelo puede ser necesario. Pero cuando ya se tiene una relación consolidada con los socios, las reuniones bien pueden celebrarse por videollamada.
¿Cuál es la forma más sostenible de viajar?
Además de preguntarse cuál es el propósito de un viaje, también conviene considerar qué medios de transporte tienes a tu disposición.
Riederer señala el caso de Alemania, donde muchas personas optan por viajar en tren en lugar de volar gracias a la excelente conectividad. Japón es otro país con buenas conexiones terrestres internas: su sistema ferroviario de alta velocidad hace que el tiempo de viaje a menudo sea igual o inferior al de un vuelo equivalente.
«En Estados Unidos no se puede hacer eso», dice Riederer, reconociendo que no será una opción para todo el mundo. Por suerte, sitios como Chronotrainsindican a los viajeros potenciales hasta dónde pueden llegar desde cada estación de tren de Europa en cinco horas, aproximadamente el tiempo que incluso el viajero de negocios más experimentado tardaría en pasar las colas de facturación y los controles de seguridad, y en desplazarse desde y hacia los aeropuertos, incluso para los vuelos de corta distancia más breves.
Pero aunque no puedas cambiar de medio de transporte, puedes tomar medidas para reducir tu huella de carbono si tienes que volar. «La clase económica genera la mitad de la huella de CO2 que la clase ejecutiva, porque ocupas la mitad del espacio», señala Riederer.
Las empresas también pueden tomar medidas para asegurarse de contribuir al bienestar del planeta, en vez de perjudicarlo. Cada vez que Bouma o alguno de sus colegas de Neste tiene que viajar en avión, compensan íntegramente la huella de carbono equivalente de sus vuelos con una cantidad equivalente de combustible de aviación sostenible. «Predicamos con el ejemplo y mostramos cómo se hace», afirma. «Eso nos da una gran plataforma para impulsar y propiciar el cambio».
Actuar ahora e innovar para el futuro
Aunque el futuro de los viajes de negocios y de los viajes en general quizá sea ahora más impredecible que en mucho tiempo, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), se prevé que el número de pasajeros aéreos supere en 2024 los niveles anteriores a la COVID-19. Esto significa que es urgente disponer de alternativas a los combustibles fósiles en la aviación, y el combustible de aviación sostenible, o SAF, estáampliamente reconocidocomo una solución clave en este ámbito. El SAF ya está disponible comercialmente como sustituto directo del combustible de aviación de origen fósil y reduce hasta un 80 % las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con el combustible tradicional utilizado en los aviones*.
Por ahora, el SAF es la única opción viable y directa para reducir las emisiones de la aviación, pero hay más innovaciones en desarrollo para el largo plazo, afirma Bouma. «El combustible de aviación sostenible por sí solo no será la solución milagrosa. El hidrógeno y la aviación eléctrica también formarán parte de la ecuación, pero no estarán disponibles a escala comercial a corto plazo».
Hasta que esas innovaciones lleguen y se implementen, todos debemos contribuir a mantener el nuevo orden de los viajes de negocios. Por supuesto, viajar de forma más sostenible no es sencillo. Es más fácil decirlo que hacerlo, reconocen los expertos.
«No hay atajos al cielo», afirma Bouma. «Es importante reconocerlo, pero al mismo tiempo debemos elegir las opciones de viaje más sostenibles siempre que podamos».
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