
Criptografía, cifrados, códigos secretos. Palabras que evocan imágenes de un mundo de mensajes encubiertos, reuniones clandestinas y espionaje internacional. Esas asociaciones se reforzaron recientemente cuando la reina Isabel II del Reino Unido inauguró una placa conmemorativa para celebrar el centenario del GCHQ, la sede de comunicaciones del Gobierno en Cheltenham, Inglaterra.
La placa inaugurada por Su Majestad la reina Isabeltambién contenía un código secreto propio, formado por una serie de puntos y rayas bajo letras y números en la dedicatoria de la placa. En conjunto, los caracteres destacados deletrean el mensaje «cien años»: no es el tipo de material clasificado que haría sudar a los maestros espías, ni un nivel de cifrado que requiriese una computadora cuántica para descifrarlo. Pero es un detalle apropiado para este monumento en particular.
El GCHQ se creó tras la Primera Guerra Mundial. Allí, las unidades de señales e inteligencia del ejército británico desarrollaron su pericia para descifrar mensajes alemanes codificados, uno de los cuales fue el llamadotelegrama Zimmermann de 1917. Zimmermann, entonces ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, había ideado un plan para mantener a Estados Unidos fuera de la guerra provocando disturbios en la frontera mexicana. Se esperaba que esto desviara la atención del hundimiento de buques mercantes estadounidenses en el Atlántico por parte de submarinos alemanes.
Pero, al interceptar y descifrar el telegrama Zimmermann, la inteligencia británica hizo público el plan alemán, lo que contribuyó a que la opinión pública de Estados Unidos se inclinara por sumarse a la lucha.
La sabiduría de los antiguos
Pese a la ilustre historia centenaria del GCHQ, la práctica de la criptografía se remonta en realidad a miles de años atrás. Uno de los primeros ejemplos data de alrededor del año 200 a. e. c. y fue ideado por el historiador griego Polibio. En un cuadrado de Polibio, las letras ocupan una cuadrícula de 25 casillas y cada letra se identifica por sus coordenadas en el cuadrado. Así se pueden usar secuencias de números como mensajes codificados que solo tendrán sentido para quien tenga una copia del mismo cuadrado de Polibio.
En el ejemplo siguiente, un mensaje que dice «44 23 15 13 11 44 43 11 44 34 33 44 23 15 32 11 44» se traduciría como «el gato se sentó en la estera». Sin embargo, no está claro si Polibio tenía gatos o esteras.

Según Nicholas McDonald, del Departamento de Ingeniería Eléctrica e Informática de la Universidad de Utah: «Eltexto más antiguo conocido que contiene elementos de criptografíase encuentra en la ciudad egipcia de Menet Khufu, en la tumba del noble Khnumhotep II, de hace casi 4.000 años».
También se sabe que los espartanos desarrollaron una forma de criptografía basada en enrollar pergamino alrededor de un cilindro poligonal, y que Julio César usó un cifrado básico para codificar sus mensajes: avanzaba en el alfabeto un número de letras acordado de antemano. Pero el cifrado es mucho más que dificultar la lectura de tus mensajes y, pese a sus interesantes raíces históricas, es uno de los fundamentos de la vida empresarial y personal en el siglo XXI.
La criptografía es fundamental para todas las comunicaciones digitales seguras: los correos electrónicos que envías, los sitios web que visitas (bueno, una proporción cada vez mayor de ellos) y las aplicaciones que usas. Permite codificar los datos para que resulten ilegibles para todos, excepto para el destinatario previsto. Su uso abarca desde el envío de los datos de tu tarjeta bancaria a un comercio a través de su tienda en línea hasta aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Telegram. También es de enorme importancia para el internet de las cosas (IoT), donde los datos se transmiten sin interrupciones entre sensores inteligentes y redes corporativas.
Alguien llama a la puerta (trasera)
Hace apenas unos años se supo que grupos terroristas internacionales y bandas criminales organizadas se comunicaban mediante mensajes cifrados. Esto llevó a políticos de Europa, Estados Unidos y otros lugares a pedir que los servicios de inteligencia gubernamentales recibieran herramientas para interceptar y leer esos mensajes. El tema pasó al centro del debate durante uno de los tiroteos masivos más graves de los últimos años en Estados Unidos.
La mañana del 2 de diciembre de 2015, Syed Rizwan Farook y su esposa Tashfeen Malikdispararon y mataron a 14 personas en la ciudad californiana de San Bernardino. Cerca de 20 personas más resultaron heridas. Los atacantes fueron localizados ese mismo día y ambos murieron en el tiroteo que siguió. Decidido a encontrar respuestas sobre los motivos de los asesinos, el FBI pronto pidió ayuda a Apple para desbloquear un iPhone que pertenecía a Farook. Sin embargo, Apple se negó a hacerlo.
Unadisputa legal estallóen torno a las obligaciones, los derechos y los dilemas de las empresas tecnológicas que proporcionan una puerta trasera a organismos gubernamentales para que puedan eludir el cifrado. El Departamento de Justicia describió la situación como desafortunada y declaró: «Apple sigue negándose a ayudar al Departamento a obtener acceso al teléfono de uno de los terroristas implicados en un importante atentado terrorista en suelo estadounidense».
Esta opinión recibió mucho apoyo entre la ciudadanía, pero el director ejecutivo de Apple, Tim Cook, la calificó de vulneración de la privacidad potencialmente alarmante: «Irónicamente, se ordenaría a los mismos ingenieros que incorporaron un cifrado sólido al iPhone para proteger a nuestros usuarios que debilitaran esas protecciones y los dejaran menos seguros». El problema, tal como lo ven Apple y muchas otras empresas del sector tecnológico, es que proporcionar cualquier tipo de acceso por puerta trasera para uso oficial debilitaría la seguridad.
El fin del mundo (cifrado) tal como lo conocemos
La siguiente etapa en el desarrollo del cifrado podría implicar el uso de computadoras cuánticas, que añadirían capas de complejidad actualmente imposibles. Pero, hasta que la criptografía cuántica se vuelva habitual, existe el temor de que esta nueva tecnología revolucionariapueda volver prácticamente inútil el cifrado actual. Los intentos de piratear servicios cifrados se frustran mediante el uso de números primos largos y complejos, que solo pueden determinarse con claves criptográficas.
En la práctica, el cifrado te muestra la respuesta a un acertijo o una pregunta y solo te deja acceder si sabes cuál es la pregunta correcta. Así, si la respuesta es 18, la pregunta podría ser 3 × 6 o 2 × 9. Pero cuando la respuesta es un número primo muy grande y los cálculos consisten en una secuencia compleja de multiplicaciones, divisiones y restas, una simple conjetura nunca descifrará el código. Una computadora podría tardar cientos de años en probar una serie de posibilidades. En teoría, una computadora cuántica podría recorrer simultáneamente todas las permutaciones posibles de tus claves de cifrado.


