La quema de cultivos es la quema deliberada del campo de un agricultor para dejar paso a un nuevo cultivo.
Algunos agricultores creen que la quema es la forma más eficaz y rentable de despejar terrenos y fertilizar el suelo.
La quema de cultivos es una fuente de carbono negro, que contribuye a la contaminación del aire y causa la muerte de unos 7 millones de personas al año.
Personas de todo el mundo se preparan para lo que se ha dado en llamar la temporada del smog.
Con la llegada del otoño, muchos países entran en la temporada de quema agrícola, durante la cual los agricultores queman sus campos para dejar paso a un nuevo cultivo, lo que genera columnas de humo tóxico.
Estas extensas superficies agrícolas que arden cada año contribuyen a la contaminación del aire que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), mata a 7 millones de personas al año incluidos 650.000 niños.
“Mejorar la calidad del aire que respiramos es absolutamente necesario para nuestra salud y bienestar —afirma Helena Molin Valdés, directora de la Secretaría de la Coalición para el Clima y el Aire Limpio, alojada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)—. Es también fundamental para la seguridad alimentaria, la acción por el clima, la producción y el consumo responsables, y para la igualdad. De hecho, no podemos hablar de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible a menos que nos tomemos en serio la calidad del aire.”
Carbono negro
Muchos agricultores consideran que la quema agrícola es la forma más eficaz y rentable de despejar terrenos, fertilizar el suelo y prepararlo para nuevas plantaciones. Sin embargo, estos incendios y los incendios forestales que se propagan desde ellos son la mayor fuente mundial de carbono negro, una amenaza tanto para la salud humana como para la ambiental.
Mejorar la calidad del aire que respiramos es absolutamente necesario para nuestra salud y bienestar.
Helena Molin Valdés, Secretaría de la Coalición para el Clima y el Aire Limpio
El carbono negro es un componente del PM2,5, un contaminante microscópico que penetra profundamente en los pulmones y el torrente sanguíneo. El PM2,5 aumenta el riesgo de morir por enfermedades cardíacas y pulmonares, accidentes cerebrovasculares y algunos cánceres, y provoca que millones de personas mueran prematuramente cada año. En los niños, el PM2,5 también puede causar problemas psicológicos y de conducta. En las personas mayores, se asocia con el Alzheimer, la enfermedad de Parkinson y demencia. Y como la contaminación del aire compromete la salud respiratoria, también puede aumentar la vulnerabilidad a la COVID-19.
El carbono negro también es un contaminante climático de vida corta, lo que significa que, aunque solo existe durante unos pocos días o semanas, su impacto en el calentamiento global es entre 460 y 1.500 veces mayor que el del dióxido de carbono.
Una mejor manera
Irónicamente, lejos de estimular el crecimiento, la quema agrícola en realidad reduce la retención de agua y la fertilidad del suelo entre un 25 y un 30 por ciento, por lo que los agricultores deben invertir en fertilizantes y sistemas de riego costosos para compensarlo. El carbono negro también puede modificar los patrones de lluvia, especialmente el monzón asiático, alterando los fenómenos meteorológicos necesarios para sostener la agricultura.
“Las tierras quemadas tienen en realidad menor fertilidad y mayores tasas de erosión, lo que obliga a los agricultores a sobrecompensar con fertilizante”, afirma Pam Pearson, directora de la International Cryosphere Climate Initiative, que ha trabajado con agricultores de todo el mundo para introducir cultivos sin fuego.
“Las alternativas sin quema, como incorporar el rastrojo de nuevo a los campos o incluso sembrar directamente sobre el rastrojo, casi siempre ahorran dinero al agricultor.”
Pearson señala que cambiar el hábito, ya arraigado, de quemar los residuos agrícolas requerirá educación, sensibilización y fortalecimiento de capacidades entre los agricultores. Es una tarea ambiciosa, pero sus efectos serían considerables y de gran alcance. Reducir la contaminación del aire procedente de las explotaciones agrícolas del norte de la India, por ejemplo, podría evitar el aumento de las inundaciones y sequías causadas por el carbono negro, que acelera el deshielo de los hielos y glaciares del Himalaya, un resultado que cambiaría la vida de miles de millones de personas que dependen de los ríos alimentados por esas montañas.
Esfuerzo mundial
La Coalición para el Clima y el Aire Limpio trabaja con países y redes regionales para promover alternativas a la quema en los campos. En la India, por ejemplo, proporciona a los agricultores información y asistencia para acceder a alternativas a los incendios agrícolas, utiliza satélites para vigilar los incendios y seguir su impacto, apoya intervenciones políticas, subvenciona a los agricultores y, en última instancia, convierte los residuos agrícolas en un recurso.
En Punjab, la coalición y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estudian formas de convertir en una fuente de combustible renovable. Crear una economía circular para estos residuos proporciona a los agricultores más ingresos y reduce la contaminación del aire.
Los países de todo el mundo trabajan para reducir la contaminación del aire. Ese impulso ocupará un lugar destacado el 7 de septiembre, el Día Internacional del Aire Limpio para cielos azules, que pretende impulsar la acción mundial contra las partículas peligrosas.
Con la mirada puesta en el calentamiento global y la seguridad alimentaria, un proyecto denominado Trabajo Conjunto de Koronivia sobre Agricultura integra la agricultura en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. La próxima ronda se celebrará en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), este año.

