La inteligencia artificial es el futuro de los medios interactivos

Gary Shapiro, president and CEO of the Consumer Technology Association, speaks on artificial intelligence during a keynote address at the 2019 Consumer Electronics Show (CES) in Las Vegas, Nevada, U.S. January 8, 2019. REUTERS/Steve Marcus - RC1CDD6C75F0
Interactivity is changing the way we experience entertainment.Image: REUTERS/Steve Marcus
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La quinta temporada de Black Mirror, compuesta por un único episodio llamado «Bandersnatch», representa la más reciente propuesta de narración interactiva dirigida al gran público. Estrenado por Netflix en diciembre de 2018 en formato de «elige tu propia aventura», Bandersnatch permite a los espectadores tomar decisiones en distintos momentos; esas elecciones determinan el rumbo que sigue la historia del episodio.

El resultado es lo que se ha descrito como una red de «cinco finales y un billón de combinaciones narrativas», que incluye, al parecer, algunas escenas que nadie puede encontrar. The Independent describió este formato narrativo como «revolucionario», mientras que The Guardian proclamó que «la televisión del mañana ya está aquí». En Twitter, los fans se deshicieron en elogios hacia su «asombrosa» trama y afirmaron que #Bandersnatch es «una obra de arte que define un género».

Pero el formato no es en realidad una idea particularmente nueva: la historia reciente (y no tan reciente, como veremos) está plagada de precedentes. La propia Netflix presentó episodios interactivos similares en sus programas infantiles de 2017 Puss in Books y Buddy Thunderstruck: The Maybe Pile. Aunque fueron bien recibidos, siguen perteneciendo al ámbito de los programas infantiles, donde el formato se presenta como una forma de convertir la televisión en un juego, supuestamente «para hacer aún más adictivos los programas de televisión para niños».

Pero este formato interactivo apareció incluso antes. En 1967, el pabellón de Checoslovaquia en la Expo de Montreal presentó una película llamada Kinoautomat. Creada por Radúz Činčera, la película se proyectaba en una sala de cine construida especialmente, con un botón verde y otro rojo instalados en cada asiento. En distintos momentos de la película, la proyección se detenía y un moderador aparecía en el escenario para pedir al público que eligiera entre dos escenas. Los votos del público se reflejaban entonces en luces verdes o rojas alrededor de la pantalla, y se proyectaba la escena más votada.

Independientemente de las elecciones que se hicieran, la película siempre tenía el mismo final (un edificio en llamas). Surgido en la Checoslovaquia comunista de los años sesenta, Kinoautomat no solo planteaba una reflexión sobre la validez de las estructuras narrativas ramificadas, sino también una profunda reflexión sobre la validez de la elección política y la naturaleza de la democracia.

Más recientemente, la serie web interactiva Try Life, creada en 2012, presenta episodios similares sobre la vida adolescente. Al abordar problemas como el abuso, el consumo de drogas y la violencia, una elección podía desembocar rápidamente en el caos o la redención. Como Kinoautomat, el formato subraya que las elecciones no son un entretenimiento trivial. Un error puede tener consecuencias terribles: la vida no se puede «probar».

Barra de tiempo en Bandersnatch: elige antes de que lo haga el algoritmo por ti.Image: Netflix

La barra de tiempo de Bandersnatch —un bloque rectangular que aparece junto a cada opción y se acorta para indicar cuánto tiempo le queda al espectador para elegir (antes de que el algoritmo de Netflix elija por él)— también se había visto antes. En 2016, CtrlMovie AG lanzó una aplicación para teléfonos inteligentes con la que los espectadores pueden ver una película interactiva llamada Late Shift. La aplicación presenta exactamente la misma función.

Barra de tiempo en Late Shift: tú decides qué escena elegir.Image: CtrlMovie AG

Todo sobre los algoritmos

Entonces, ¿qué tiene de diferente Bandersnatch? Su formato de narración interactiva ya se había utilizado antes, y mejor. En cambio, es el menos glamuroso aspecto de la programación interna de Netflix lo que convierte a Bandersnatch en una experiencia narrativa excepcional. Lo que Bandersnatch realmente muestra es cómo los algoritmos de Netflix pueden ofrecer una experiencia sin precedentes, fluida y continua, al procesar y presentar historias ramificadas para experiencias de visionado individuales en una plataforma que transmite contenidos a más de 100 millones de suscriptores en todo el mundo.

Al recordar Kinoautomat en aquella sala de cine diseñada a medida —donde, en cada pausa, un proyeccionista en la cabina tenía que preparar deprisa el rollo elegido para proyectar la opción correspondiente—, queda claro cuánto hemos avanzado.

Y aquí es donde la narración interactiva dará su mayor salto adelante en la próxima década: no mediante interfaces que presenten opciones a los espectadores, sino gracias a que los algoritmos computacionales alcanzarán tal grado de sofisticación y automatización que podrán procesar y producir medios audiovisuales para contar nuestras historias, de todas las maneras en que los seres humanos las usamos para reír, llorar, pensar y dar sentido a nuestras vidas.

Ya hay pruebas del potencial de la capacidad narrativa de los algoritmos. En 2016, IBM produjo el primer tráiler cinematográfico creado íntegramente por inteligencia artificial. Para crear el tráiler de Morgan, el thriller de 20th Century Fox, se introdujo en el ordenador IBM Watson una base de datos de tráilers de suspense. Mediante la detección de patrones y otras funciones, el algoritmo seleccionó música y escenas de la película para montar un tráiler convincente.

Gracias a la precisión de los generadores computacionales de lenguaje actuales, es difícil determinar si un texto ha sido creado por seres humanos o por ordenadores.

Como consumidores y ciudadanos, debemos entender cómo la automatización computacional puede procesar el lenguaje, las emociones, la moralidad, la personalidad y otros rasgos humanos fundamentales. Debemos hacerlo pronto, porque cada vez más serán estos algoritmos los que cuenten nuestras historias en el futuro, mientras nosotros nos convertimos en interlocutores cada vez más pasivos. Y debemos averiguar si eso es lo que queremos.

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