Los juegos con blockchain y las criptomonedas no son ajenos a la controversia ecológica, y el auge de los NFT ha puesto el tema en el centro de atención.
A pesar de la rápida adopción y del consiguiente aumento de las transacciones en blockchain, podría decirse que los juegos con blockchain se encuentran en el lado más ecológico del «espectro de emisiones».
Este ensayo fue escrito en colaboración por Naavik con BITKRAFT Ventures y publicado originalmente aquí.
Si sigues, aunque sea de lejos, el mundo de las criptomonedas, quizá hayas visto que en los últimos meses se ha hablado mucho de un tema concreto: el medio ambiente. Aunque las criptomonedas no son ajenas a la controversia ecológica, el auge repentino de los NFT y el intento de varios editores de videojuegos de incorporarlos a sus productos han dado nuevos argumentos a los escépticos de las criptomonedas.
Informe tras informe intenta recordarnos que las criptomonedas siguen un rumbo preocupante para el medio ambiente. Como pionero histórico y moneda con mayor capitalización de mercado en la actualidad, Bitcoin sigue siendo el principal culpable. En 2018, el consumo de la red era «más o menos el mismo que el de Irlanda». En 2021, se estimó en unos 91 teravatios-hora, más que el consumo de Finlandia. En 2022, podría llegar a 138 teravatios-hora, «más que el de un país como Noruega». Ya se entiende: Bitcoin consume mucha energía, y cada vez más. La distribución mundial de la industria complica aún más las cosas, pues la negligencia de unos pocos malos alumnos socava los esfuerzos de una mayoría bienintencionada.
Algunas de estas preocupaciones tienen fundamento. Los críticos suelen citar la métrica estándar de la industria «energía consumida por transacción», que parece situar a Bitcoin en clara desventaja (lo analizaremos más adelante en el artículo), dado el relativamente bajo número de transacciones que puede procesar pese a su consumo energético total.
Aun así, la indignación parece injustificada. El año pasado, New York Digital Investment Group (NYDIG) comparó el consumo energético de Bitcoin con el de otras innovaciones y concluyó que era considerablemente menor. En conjunto, se estima que la minería de Bitcoin representa el 0,1 % de las emisiones mundiales de carbono y que podría llegar a representar solo el 0,9 % de las emisiones en 2030. Como escribe:
«No ha habido ningún debate moral sobre el impacto energético de los refrigeradores domésticos o las secadoras, porque cumplen funciones útiles en nuestras vidas. La diferencia es que las criptomonedas aún no se han convertido en una herramienta aceptada socialmente que cumpla una función esencial [...] La mayoría de quienes escriben o hablan sobre el debate energético de las criptomonedas desde una perspectiva privilegiada de mercado no utilizan esta tecnología y no entienden su propósito inherente».
Solemos estar de acuerdo con esta afirmación. En efecto, tanto Naavik como BITKRAFT han defendido la tecnología blockchain y lo que puede aportar a los videojuegos, desde permitir la interoperabilidad entre distintas IP hasta coordinar comunidades. Por ello, queremos presentar algunas de las respuestas más prometedoras al impacto ambiental exagerado que se atribuye a esta tecnología, entre ellas la prueba de participación, las soluciones de escalado, las fuentes de energía más limpias y las alianzas para compensar emisiones. Creemos que, en conjunto, estas soluciones pueden contribuir mucho a mitigar las preocupaciones actuales.
¿De dónde procede el consumo energético de blockchain?
Antes de entrar en materia, es importante entender exactamente de dónde proceden estas emisiones. Para ello, tenemos que repasar algunos conceptos básicos.
La mayor parte del impacto ambiental de blockchain en la actualidad proviene de su mecanismo de consenso original, llamado prueba de trabajo, o PoW por sus siglas en inglés. Como quizá hayas deducido, una blockchain es, básicamente... una cadena de bloques de datos, cada uno de los cuales almacena cierta cantidad de información registrada de forma permanente y legible públicamente en un libro mayor abierto y descentralizado. Para añadir nuevos bloques a esa cadena, PoW exige que los nodos de la red —los mineros— resuelvan complejos problemas matemáticos utilizando su capacidad de cómputo. El primer minero que resuelve el problema puede confirmar el bloque más reciente de transacciones y difundirlo. Una vez que la red valida colectivamente esos datos, se añade un nuevo bloque a la cadena y el minero recibe una recompensa, que suele pagarse en la moneda nativa de la red; por ejemplo, Bitcoin o Ethereum.
(Aunque es importante tener una comprensión básica del mecanismo, sabemos que sus detalles pueden ser difíciles de entender. Si crees que necesitas una introducción más dinámica a la tecnología, te recomendamos este vídeo.)
Todo esto tiene un coste (computacional). Los cálculos necesarios para generar nuevos bloques requieren mucha potencia, es decir, tanto hardware como electricidad. Además, esa energía no se utiliza solo para la minería en sí: también hace falta para refrigerar continuamente los equipos mientras funcionan.
Por supuesto, la propia fabricación de estos equipos significa que los mineros impactan indirectamente en el medio ambiente mucho antes de que siquiera comience la minería de criptomonedas. Si la minería de Bitcoin es el coste de la «parte inferior del embudo», la producción del hardware necesario para realizar esos cálculos es el coste de la «parte superior del embudo», menos visible. La extracción de recursos y la fabricación de estos equipos generan residuos locales, mientras que su transporte hasta compradores de todo el mundo contribuye a las emisiones de gases.
Además, la cantidad de potencia de cómputo necesaria para minar está programada para crecer con el tiempo a medida que la propia red crece. Esto se debe a que, cuando la minería se vuelve más rentable (normalmente, cuando sube el precio de Bitcoin), más mineros empiezan a dedicar potencia de cómputo, o potencia de hash, a validar las transacciones de la red. Para evitar que se creen nuevos bloques y se acuñen nuevas monedas demasiado deprisa, la red aumenta automáticamente la dificultad de minado. Por tanto, la ineficiencia energética en este caso es una característica, no un fallo, ya que contribuye a mantener la seguridad de la red frente a quienes podrían intentar controlarla. Como veremos más adelante en este artículo, esta característica sigue permitiendo una variabilidad considerable a nivel local, según la combinación energética particular de cada país o región y su compromiso con la sostenibilidad.
A medida que disminuye la productividad de un equipo de minería, los mineros pueden sustituirlo por hardware de última generación o ver cómo sus recompensas caen inevitablemente. Esto ha empujado de forma constante a los mineros a utilizar hardware cada vez más eficiente: de CPU a GPU, luego a FPGA y, más recientemente, a ASIC (circuitos integrados de aplicación específica, cuya única finalidad es minar criptomonedas). Esto ha disparado los precios y propiciado un próspero mercado negro.
Uno de los principales actores de la industria, Nvidia, tuvo dificultades notables para satisfacer este aumento de la demanda debido a los cuellos de botella en la cadena de suministro causados por la COVID-19 que, según espera el director ejecutivo de la empresa, persistirán durante años. Esto llevó a Nvidia a reducir deliberadamente las capacidades de sus GPU GeForce en febrero de 2021. La empresa afirmó que era «un paso importante para ayudar a garantizar que [acabaran] en manos de los jugadores», es decir, no en manos de los mineros. También anunció la NVIDIA CMP (procesador para minería de criptomonedas), una nueva línea de productos creada específicamente para la minería profesional.
Como probablemente hayas deducido, esta forma de obsolescencia económica incorporada genera muchos residuos electrónicos: en mayo de 2021, Alex de Vries, de Digiconomist, estimó que la generación media anual de residuos electrónicos de Bitcoin rondaba las 30,7 kilotoneladas métricas, o unos 272 gramos de residuos electrónicos por cada transacción de Bitcoin; un nivel «comparable a los residuos de pequeños equipos informáticos que produce un país como los Países Bajos».
El impacto ambiental de los juegos con blockchain
De todas las industrias que han experimentado con blockchain, ninguna ha escapado a la polémica. Sin embargo, quizá los casos más sonados se hayan dado en el sector de los videojuegos. Desde GSC Gaming World hasta Ubisoft, desarrolladores grandes y pequeños handespertado la ira de los jugadoresal empezar a experimentar con esta tecnología. En cada ocasión, los detractores reaccionaron rápidamente y coordinaron sus esfuerzos en las redes sociales para hacerse oír. Muchos desarrolladores acabaroncediendoa estas exigencias.
Las críticas no han venido solo de los jugadores.Max Nichols, diseñador técnico sénior de Bungie,ha criticado los NFTpor ser «devastadores para el medio ambiente». Apenas un día después de que Wormssu desarrollador, Team17, anunciara que lanzaría una colección de NFT, los estudios asociados Aggro Crab y Playtonic Gamescondenaronpúblicamente la decisión.
Entonces, ¿qué es lo que consume energía en los juegos con blockchain? Para responder a esa pregunta, conviene recordar que un juego con blockchain es una interfaz: una capa frontal llena de diversión para la capa de fondo que constituye la blockchain subyacente. Cualquier acuñación o quema habilitada por blockchain, compra o transferencia, o interacción financiera realizada dentro del juego genera emisiones del mismo modo que lo haría fuera de él. Por tanto, la cantidad exacta de «blockchain» que decidas integrar en tu juego afecta directamente a su consumo energético. Hasta la fecha, esto se ha dado de tres formas:
La mayoría de las iniciativas de juegos relacionadas con blockchain han girado en torno a los NFT. Como los jugadores ya conocen la idea de coleccionar objetos virtuales —las apariencias de tiempo limitado de Fortnite se basan en el concepto de rareza, al igual que el juego en su conjunto de Pokémon—, los editores de Web2 vieron en los NFT la forma más sencilla de experimentar con Web3. La acuñación y el intercambio de estos activos, incluso en mercados propios, son ahora un factor importante de las emisiones.
La jugabilidad en cadena es otra forma. Cuanto más dependan la historia y la experiencia de juego de mecánicas como acuñar, cultivar, minar y fabricar tokens fungibles o no fungibles, más cambios de estado se registrarán en la blockchain y más probable será que el juego consuma mucha energía.
Muy relacionado con esto está la rápida financiarización de los juegos. Con funciones como los intercambios, el staking y los fondos de liquidez, los juegos con blockchain más exitosos gestionan innumerables transacciones financieras que deben registrarse con precisión en la cadena. DeFi Kingdomintegró estas capacidades directamente en su jugabilidad; el puente entre AVAX y DFK se realiza mediante un puente real dentro del juego.
No es fácil determinar el consumo energético y las emisiones exactos de los juegos con blockchain. Pero hay algo seguro: este segmento en particular ha despegado.
Según DappRadar, en la última semana de abril, los videojuegos representaron 112 millones, o el 75 %, del total de 150 millones de transacciones semanales en blockchain (aunque solo representaron el 0,3 % del volumen total de la industria esa misma semana). Además, según DappRadar, en enero de 2022 había 398 juegos activos con blockchain,un 92 % más que un año antes; en abril de 2022, esa cifra había aumentado a 455 juegos activos. Algunos de ellos procesan ahora millones de transacciones al mes, y la cadena lateral Ronin de Sky Mavis gestionó un 560 % más que Ethereum en noviembre del año pasado.
Aunque es cierto que muchas de esas transacciones ya se realizan fuera de la red principal de Ethereum y, por tanto, tienen un menor impacto ambiental, el sector en su conjunto debería tener en cuenta ahora este enorme aumento del volumen si quiere mantener bajo control las emisiones futuras.
Evaluación de posibles soluciones
Sin duda, a los desarrolladores les resultaría cómodo ignorar las críticas y seguir adelante sin abordar estas preocupaciones. Pero también sería desacertado: el 66 % de los jugadores afirma que tiene más probabilidades de jugar a juegossocial y ambientalmente responsables. En igualdad de condiciones, buscar soluciones más ecológicas no solo es bueno para el planeta, sino también para el negocio.
Si deciden integrar estas cuestiones en su visión —como sugerimos que hagan—, los desarrolladores tendrán a su disposición diversas soluciones posibles. Veamos algunas.
1. Pasarse a la prueba de participación
Como mecanismo de consenso original de blockchain y el que protege las dos principales redes existentes, la prueba de trabajo sigue siendo vital para el ecosistema en general. Pero
ahora todas las miradas están puestas en la prueba de participación (PoS), una alternativa que, según algunos, podría sucederla.
Mientras que los cálculos de PoW, que requieren mucha capacidad de cómputo, exigen hardware de alta gama y un consumo considerable de energía, PoS funciona de otra manera. En vez de que los mineros compitan para resolver problemas matemáticos, PoS permite que los operadores de nodos pongan en staking —es decir, bloqueen— parte de sus tokens nativos como garantía para poder ser validadores. El requisito para contribuir pasa de los recursos computacionales a la propiedad de tokens.
El modelo no es nuevo: se propuso por primera vez para Bitcoin... en 2011, y el libro blanco de Ethereum de 2013 ya lo mencionaba como un probable reemplazo «en el futuro». Esta transición sigue en curso.Propuesto en 2016, y cuya fecha prevista inicialmente era 2019, se aplazó después hasta junio de 2022. Tras sufrir otro retraso en abril, se espera que la transición, ahora conocida como The Merge, tenga lugar en el tercer o cuarto trimestre de este año, en lugar de junio. Pero, pese a estos contratiempos, no se puede exagerar el potencial de The Merge. Por ejemplo, la Fundación Ethereum espera que PoS reduzca el consumo energético de la red en un 99,5%. También mejorará la escalabilidad (¡al fin y al cabo, ese es el objetivo principal!): según la Fundación, «una estimación realista para Ethereum fragmentado con rollups después de The Merge es de entre 25.000 y 100.000 transacciones por segundo», frente a ~15-45 en la actualidad.
Es posible que los críticos consideren estas cifras demasiado optimistas —y con razón, si tenemos en cuenta que el propio cofundador de Ethereum, Vitalik Buterin, forma parte del consejo de la Fundación—. Sin embargo, observar el resto del ecosistema PoS puede darnos una idea del ahorro que podemos esperar tras The Merge.
De hecho, otras cadenas de capa 1 no esperaron a que Ethereum cumpliera sus promesas. Los ecosistemas Cosmos, Tezos y Avalanche se lanzaron con PoS desde el primer día. Esto les permite funcionar con mucho menos hardware y energía; Ubisoft, que optó por Tezos, se aseguró de mencionar estas ventajas para apaciguar a los jugadores. Si quieres hacerte una idea más clara de la diferencia que podría suponer PoS, considera lo siguiente: en febrero, un estudio del Crypto Carbon Ratings Institute (CCRI) determinó que el consumo energético de la red Avalanche era el 0,0028 % del de Ethereum y... el 0,0005 % del de Bitcoin. A medida que surjan nuevas cadenas que adopten PoS como modelo predeterminado, la histórica PoW seguirá perdiendo su predominio, lo que augura una reducción del consumo total del sector.
Sin embargo, no todos los sistemas PoS son iguales. Las diferencias en arquitectura, volumen de transacciones y requisitos de hardware y electricidad dan lugar a disparidades en el rendimiento de estas redes en cuanto a nodos, transacciones, consumo total y emisiones. Por ejemplo, el CCRI estima que el consumo energético por transacción de Avalanche ronda los 4,76 Wh, frente a los 41,45 Wh de Tezos. Sin embargo, al analizar las respectivas huellas de carbono anuales de estas redes, el instituto descubrió que el impacto de Avalanche superaba con creces al de Tezos. Esto debería servir de advertencia: aspirar a soluciones más ecológicas no es un proceso de una sola vez, sino que requiere una reflexión cuidadosa.
Para complicar aún más las cosas, PoS no es la única alternativa a PoW que existe. Solana, por ejemplo, utiliza Proof of History, mientras que Binance Smart Chain (BSC) utiliza Proof of Staked Authority, una combinación de PoS y Proof of Authority (PoA). Podemos esperar que más cadenas experimenten en este ámbito, cada una tomando lo que considera que son los mejores aspectos de varios mecanismos de validación. Aunque los partidarios «maximalistas» de cada cadena querrían hacernos creer que existe una solución universal, es probable que cada opción tenga sus propias contrapartidas. La dependencia de PoA de un número limitado de validadores de bloques expuso la red Ronin de Sky Mavis al que fue el mayor hackeo de criptomonedas de la historia. Estos acontecimientos no hacen más que poner de relieve la importancia de la arquitectura blockchain.
Cuál de ellas adoptar a partir de ahora depende enteramente de ti. Si hoy lanzas un juego blockchain, tienes la suerte de poder elegir entre diversas opciones, cada una con sus propias ventajas técnicas y sus incentivos —también económicos—. En cualquier caso, y teniendo en cuenta las repetidas reacciones negativas de los jugadores frente a los NFT y la blockchain en general, los desarrolladores harían bien en elegir cuidadosamente la red.
2. Adopción de soluciones de escalado
La congestión de la red principal de Ethereum y los costes de gas asociados han llevado a los desarrolladores a explorar nuevas opciones.
Como se explicó en la sección anterior, algunas de estas opciones son cadenas L1 competidoras, cada una con sus propios requisitos de hardware, volumen de transacciones, arquitectura de seguridad y mecanismo de captura de valor. Sin embargo, pese a sus afirmaciones de mayor escalabilidad, varias de estas cadenas han tenido importantes inconvenientes, como señaló el director ejecutivo de Polygon Studios, Ryan Wyatt en una conversación reciente. Al 2 de mayo, Solana se había detenido nada menos que 7 veces en 2022; la red sufrió más de 29 horas de inactividad entre el 21 y el 22 de enero. Avalanche tuvo un problema similar en febrero, cuando un volumen inusualmente alto de transacciones paralizó la C-Chain de la red. Los acontecimientos recientes parecen indicar que un mayor volumen de transacciones puede poner a prueba la red.
Mientras tanto, en el ámbito de Ethereum, un número cada vez mayor de soluciones de escalado de capa 2 (L2, por sus siglas en inglés) promete ahora aportar a la red la escalabilidad que tanto necesita.
Según la definición de Gemini, las L2 son «protocolos que se integran en blockchains como Bitcoin y Ethereum en forma de capas secundarias separadas, creadas para aumentar el volumen de transacciones y reducir sus costes». Al «abstraer las transacciones y el procesamiento de datos» de la cadena principal, pueden aliviar los cuellos de botella de las transacciones. Aunque Bitcoin también tiene sus propias L2 (por ejemplo, Lightning), al abordar los videojuegos, tiene sentido centrarnos por ahora en las orientadas a Ethereum.
Polygon, antes conocida como Matic Network, está a la vanguardia. Con su PoS Commit Chain y More Viable Plasma, la red puede «agrupar lotes de transacciones y confirmarlos en conjunto antes de devolver los datos a la cadena principal», aprovechando las capacidades inherentes de descentralización y seguridad de Ethereum. El potencial de ahorro de tiempo y costes ha convencido a numerosos juegos a adoptarla, entre ellos Skyweaver,
Zed Run, Cometh, y Aavegotchi, así como empresas centradas en los videojuegos como 100 Thieves.
Entonces, ¿hasta qué punto es eficaz para reducir las emisiones? Como siempre, depende de a quién se le pregunte. En diciembre de 2021, Polygon afirmó que una transacción en su red generaba «solo 0,0003 kg de emisiones de CO2», es decir, «un 99,95 % menos de consumo eléctrico que una equivalente basada en Proof of Work».
Unos meses después, Alex de Vries, de Digiconomist, sugirió que esas cifras no abarcaban las emisiones totales de la red y escribió: «Dado que los contratos [conectados a Ethereum] son necesarios para que Polygon funcione, su huella de carbono debería incluirse al calcular la huella de carbono total de Polygon». Según él, al hacerlo, la huella de carbono de una transacción de Polygon ascendía a «cerca de 430 gramos de CO2». Sin embargo, en marzo, un análisis de Offsetra y KlimaDAO sostenía lo siguiente:
«Esta actividad en la capa 1 no es esencial para el funcionamiento de Polygon. Más bien, este token existe de forma independiente para los usuarios de Ethereum y, por tanto, las emisiones derivadas de su uso en Ethereum deberían atribuirse a los usuarios de esos tokens o a la propia red Ethereum. Dicho de otro modo, el enfoque de Digiconomist equivale a atribuir todas las emisiones de wETH en Polygon a la red Ethereum».
Como recordó el propio Ryan Wyatt, de Polygon, hoy el 99 % de las emisiones de la red proviene de funciones clave de Ethereum, como los puentes y los puntos de control. Por otro lado, las operaciones habituales de Polygon siguen siendo muy eficientes.
Este intercambio de argumentos pone de manifiesto la actual falta de métodos de evaluación coherentes en el sector. Aunque evaluar el impacto de una cadena concreta exige comprender a fondo su arquitectura, esto es especialmente cierto en el caso de las L2, cuya dependencia de Ethereum suele complicar las cosas a quienes no conocen el tema. Con el tiempo y el debate, la comunidad cripto va perfeccionando sus métodos.
Sin embargo, Polygon no es la única solución disponible. Zero-Knowledge Rollups (zk-Rollups), una tecnología pionera de StarkWare que agrupa transacciones y devuelve solo una «prueba» a la red principal para su verificación, está ganando mucha popularidad. Por ejemplo, Immutable X aprovecha esta tecnología para permitir la acuñación y el intercambio de NFT basados en Ethereum con transacciones instantáneas y sin comisiones de gas. (Descargo de responsabilidad: Immutable es una empresa de la cartera de BITKRAFT.) Esto es lo que dijo Robbie Ferguson, cofundador y presidente de Immutable, Robbie Ferguson sobre cómo mejorar el desempeño ambiental de los videojuegos blockchain:
«Una plataforma de NFT neutra en carbono no es un lujo, sino un requisito indispensable para que los jugadores convencionales y los gigantes de los videojuegos adopten los juegos Web3. Immutable ofrece una plataforma de capa 2 completamente neutra en carbono para el escalado. Creemos que no basta con compensar una cantidad considerable de carbono: Immutable puede reducir la huella de cada transacción a menos de una 600.000.ª parte de la original. Cualquier impacto restante se compensa de forma certificada con nuestros socios de autenticación Trace y Cool Effect».
«La revolución de los videojuegos Web3 está llegando, y nos enorgullece impulsar este crecimiento de manera ambientalmente sostenible».
Mientras tanto, los rollups optimistas como Arbitrum y Optimism, que al agrupar transacciones solo publican «la cantidad mínima imprescindible de información en la cadena principal», también son prometedores y están atrayendo a ecosistemas de videojuegos enteros como Treasure.
Esperamos que estas soluciones tengan cada vez más éxito en los próximos meses y años. El propio Vitalik Buterin escribió el año pasado que «los rollups son un potente paradigma nuevo de escalado de capa 2 y se espera que sean un pilar fundamental del escalado de Ethereum en el futuro próximo y a medio plazo (y posiblemente también a largo plazo)». Es probable que esto anime a los desarrolladores de Ethereum a experimentar con esta tecnología cuanto antes. Para quienes aún desconfían de renunciar a la liquidez al alejarse de la red principal, la nueva tecnología de Immutable, cross-rollup podría ser una solución interesante. Por último, varias L2, entre ellas Polygon, Immutable, StarkWare y Optimism, cuentan ahora con abundante capital, lo que les permite atraer a desarrolladores para que creen en sus plataformas con fondos específicos. Cuando se implementen las propias mejoras de Ethereum, como PoS, estas trasladarán grandes ahorros energéticos a las L2 que se construyen sobre ellas.
Aunque nos hemos centrado en los esfuerzos de los actores de infraestructura, los desarrolladores individuales también pueden contribuir a mejorar la escalabilidad y lograr la neutralidad de carbono. Un ejemplo notable es el estándar de múltiples tokens ERC-1155, estándar de múltiples tokens, del que fue coautor Horizon Blockchain Games, su director de producto, Philippe Castonguay. (Descargo de responsabilidad: Horizon es una empresa de la cartera de BITKRAFT.) Como los tokens ERC-1155 pueden representar NFT, tokens semifungibles y tokens fungibles, son ideales para coleccionables y objetos del juego. Según Horizon, los ERC-1155 reducen considerablemente tanto los costes de gas como el espacio de almacenamiento necesarios para las transacciones, lo que podría contribuir a limitar el impacto del ecosistema Web3 en su conjunto.
La billetera inteligente y la plataforma para desarrolladores de Horizon, Sequence podrían desempeñar un papel similar. Su objetivo general es facilitar el uso de redes más respetuosas con el medio ambiente (es decir, L2, cadenas laterales y, con el tiempo, también superredes y subredes) tanto a los usuarios finales como a los desarrolladores.
Una de sus características es que permite a los usuarios estar conectados a varias redes a la vez, a diferencia de los menús de «una u otra» que ofrecen la mayoría de las billeteras. Esto, junto con los puentes integrados y la capacidad de agrupar transacciones y enviar varios tipos de tokens simultáneamente, ahorra tiempo, comisiones y energía a los usuarios. Sequence también permite a los desarrolladores agrupar y paralelizar grandes cantidades de transacciones, lo que reduce la carga de la blockchain y, por tanto, la huella de carbono asociada. Este tipo de enfoque de infraestructura para mejorar la escalabilidad puede aportar un gran valor al eliminar los obstáculos que hoy impiden a la mayoría de los usuarios aprovechar las opciones más ecológicas de la blockchain.
Entonces, ¿qué pueden sacar los desarrolladores de todo esto? Si algo está claro, ahora parece imprescindible que la mayoría de los juegos se pasen a una L2. La dependencia de las frecuentes distribuciones de NFT para mantener la participación, el enorme volumen de transacciones blockchain que gestionan los juegos de éxito y la necesidad de atraer a públicos diversos de jugadores —muchos de los cuales podrían temer las tarifas habituales de Ethereum— indican que la escalabilidad debería ser una prioridad en los próximos meses y años. Pese a los desafíos técnicos, se trata sin duda de una tendencia prometedora para los videojuegos blockchain en su conjunto.
3. Lanzar tu propia red
Hace poco surgió otra forma de ampliar la capacidad de las transacciones: las soluciones basadas en redes.
En abril, Polygon presentó Supernets, redes blockchain construidas sobre su pila de blockchain personalizable, Polygon Edge. Supernets permite a los desarrolladores lanzar blockchains específicas para aplicaciones —«desde cadenas EVM (Ethereum Virtual Machine) soberanas y empresariales hasta soluciones de capa 2 completas»— sin tener que poner en marcha sus propias redes de validadores. Aunque por ahora Supernets solo admite cadenas soberanas y cadenas con MATIC en staking, Polygon planea admitir todas las arquitecturas de escalado, incluidos los rollups. Al ser una infraestructura de escalado independiente de las aplicaciones, Supernets podría facilitar enormemente la adopción de redes de alto rendimiento y mayor eficiencia energética.
Un concepto similar se encuentra en las subredes de Avalanche. Según la documentación de Avalanche, las subredes son «un conjunto dinámico de validadores que trabajan juntos para alcanzar un consenso sobre el estado de un conjunto de blockchains». Las subredes, que constituyen el enfoque de Avalanche para el escalado horizontal, permiten a los desarrolladores crear blockchains personalizadas y específicas para sus aplicaciones, elegir el token que impulsa la actividad interna y exigir propiedades concretas a los validadores. Por ejemplo, los validadores de DeFi Kingdom, que recientemente aprovecharon estas capacidades para lanzar la DFK Chain, deben hacer staking de JEWEL, el token propio del juego.
Esta arquitectura tiene varias ventajas. Como las subredes son independientes, «no comparten hilo de ejecución, almacenamiento ni redes con otras subredes o con la red primaria [Avalanche], lo que permite que la red escale con facilidad y, a la vez, tenga menor latencia, más transacciones por segundo (TPS) y menores costes por transacción». Esto garantiza el aislamiento del rendimiento, es decir, que la actividad de tu cadena y la experiencia de tus usuarios en ella «no se ven afectadas por una actividad intensa y ajena en la red», por ejemplo, la acuñación de un NFT muy esperado. (A la inversa, ese mismo aislamiento también protege al resto del ecosistema de cualquier aumento repentino de actividad en tu red). Además, como vimos al hablar de las soluciones de escalabilidad, una mayor escalabilidad implica menos emisiones.
Cabe esperar que las soluciones basadas en subredes despierten un interés considerable en los próximos meses, aunque solo sea por los incentivos: Polygon se comprometió a destinar 100 millones de dólares a acelerar su adopción entre los desarrolladores, mientras que Avalanche está asignando parte de su fondo de 290 millones de dólares para el metaverso a estas iniciativas. Aunque depender de un número limitado de validadores quizá no sea adecuado si consideras que la descentralización es primordial, sin duda vale la pena explorar una subred si crees que tu juego necesita su propio entorno.
4. Aprovechar energías más limpias
Si cada transacción de blockchain consume tanta energía, pero no estamos preparados o dispuestos a reducir la cantidad de transacciones que procesamos, una forma de mitigar los daños previsibles es, al menos, considerar con más cuidado cómo usamos esa energía.
Según la Universidad de Cambridge, el tercer estudio global de referencia sobre criptoactivos, alrededor del 39 % de la minería de PoW funciona con energías renovables; otras estimaciones sitúan esa cifra en casi el 75 %. La energía hidroeléctrica figura como la principal fuente: el 62 % de los mineros encuestados afirma utilizarla, seguida del carbón y el gas (el 38 % y el 36 %, respectivamente). Aunque el 76 % de los mineros afirma que las energías renovables forman parte de su combinación energética, solo el 30 % mencionó los requisitos energéticos como criterio para elegir qué moneda minar.
La razón por la que las energías renovables no están más extendidas es sencilla: históricamente, la producción de Bitcoin se «ubicaba principalmente en zonas que utilizaban la fuente menos respetuosa con el medio ambiente, el carbón». Como la minería requiere enormes cantidades de electricidad, los mineros preferían las opciones más baratas y, a veces, incluso se trasladaban para aprovechar fuentes de energía baratas según la estación en una especie de arbitraje geográfico. Mientras tanto, países como Irán aprovechaban sus recursos nacionales de petróleo crudo, con el coste medioambiental correspondiente. Por tanto, los costes económicos y medioambientales de la minería varían mucho de un lugar a otro. Sin embargo, el consumo global de la red se ha ido volviendo más ecológico, ya que las recientes prohibiciones de las criptomonedas en China y Kazajistán han empujado a los mineros a lugares como Texas, cuyas fuentes de energía habituales tienen un perfil más ecológico.
La industria asume cada vez más responsabilidad. Parte de la solución podría consistir en una mejor gestión de la carga. Por ejemplo, Digital Power Optimization ayuda a los propietarios y desarrolladores de activos de generación eléctrica a aprovechar el excedente de energía en periodos de baja demanda, utilizando equipos de minería como «sumideros de carga altamente rentables». Layer1 hace prácticamente lo contrario: sus centros de datos de minería listos para usar funcionan como «baterías de Bitcoin» que pueden responder a la demanda en tiempo real y aportar a la red más electricidad almacenada propia.
La innovación también llega en forma de fuentes de energía novedosas. Menos de un día después de que El Salvador declarara Bitcoin moneda de curso legal, su presidente favorable a las criptomonedas, Nayib Bukele, anunció que el país utilizaría sus recursos volcánicos para minarlo con «energía muy barata, 100 % limpia, 100 % renovable y con 0 emisiones». Otras iniciativas aprovechan ahora recursos que de otro modo quedarían sin usar, como el gas aislado.
Es cierto que estos asuntos pueden parecer algo ajenos a los desarrolladores de juegos, cuyas actividades e impacto se sitúan más abajo en la «cadena de valor medioambiental». Sin embargo, como grupo, esos mismos desarrolladores son los primeros en presenciar y, a veces, sufrir las expectativas de los jugadores. Por eso están bien posicionados para transmitir esas exigencias a otras partes interesadas de la industria y asegurarse de que se tomen en serio.
5. Forjar alianzas
Una última opción es asociarse con organizaciones especializadas en compensar el impacto medioambiental de la industria.
En los últimos meses hemos visto cada vez más ejemplos de este tipo. Vulcan Forged se asoció con Coorest, una plataforma descentralizada de intercambio de créditos de carbono, para compensar por adelantado el CO2 que emitirá su próxima cadena de bloques Elysium mediante la plantación de «árboles tokenizados» en casi 70 000 acres de terreno. Planet Mojo y su desarrollador, Mystic Moose, aunaron fuerzas con One Tree Planted para compensar los costes energéticos de los NFT de su próximo juego.
Aunque estas iniciativas son encomiables, su impacto sigue siendo limitado, pues solo compensan las emisiones de desarrolladores individuales; para lograr resultados importantes, se necesita una escala mayor.
Un ejemplo prometedor en ese sentido es el compromiso de Polygon de destinar 20 millones de dólares a compensar la huella de carbono de su red en 2022 mediante una alianza con KlimaDAO. Los fondosse utilizarán para «iniciativas comunitarias como animar a los socios del ecosistema de Polygon a asumir también el compromiso, proporcionar recursos a los socios del ecosistema que quieran compensar su huella de carbono y facilitar las donaciones a las ONG que luchan contra el cambio climático». A más largo plazo, Polygon aspira a ser no solo neutra en carbono, sino también negativa en carbono, y espera que el resto de la industria siga su ejemplo.
Otro ejemplo que abarca varios sectores son los planes de BITKRAFT de ofrecer «un marco para que [sus] socios comanditarios, fundadores y empresas de cartera participen» a través de su fundación, anunciada recientemente. Creemos que este tipo de iniciativa puede tener un efecto normativo que se extienda por toda la industria.
Este tipo de alianzas puede aportar una valiosa capacidad de medición y, en última instancia, rendición de cuentas para los desarrolladores que se toman más en serio la reducción de su impacto. Dentro de unos años, comprender con detalle las propias emisiones a lo largo del tiempo, o incluso por NFT, podría ser un requisito básico en todo el sector.
Conclusiones clave
1. ¿Cuál es el impacto medioambiental de la blockchain?
Según Digiconomist, el impacto acumulado de las dos mayores redes de blockchain, Bitcoin y Ethereum, asciende ahora a una huella de carbono anualizada de más de 173 Mt de CO2, superior a la que actualmente genera un país como los Países Bajos. Además, la minería de Bitcoin por sí sola produce más de 37 kt de residuos electrónicos al año, una cantidad «comparable a los residuos de pequeños equipos informáticos de los Países Bajos». Tanto las emisiones de la industria como sus residuos electrónicos han crecido de manera constante desde sus inicios y no muestran señales de desacelerarse si no se hace nada para mitigarlos.
Aquí conviene reiterar que estas cifras deben ponerse en perspectiva. Aunque es cierto que el impacto de Bitcoin supera al de algunos países, una categoría más adecuada para compararlo serían los sistemas monetarios mundiales. En ese sentido, una investigación de la división de minería de Galaxy Digital de mayo de 2021 (en un informe titulado acertadamente «Un enfoque cuantitativo para una pregunta subjetiva») mostró que, en ese momento, el consumo energético de Bitcoin seguía muy por debajo del del sistema bancario y el oro.
Aun así, la honestidad intelectual nos obliga a mencionar una comparación quizá más «entre iguales». Si la norma del sector es medir la energía consumida por transacción, quizá no baste con considerar únicamente el consumo energético total de Bitcoin. En efecto, pese a su consumo energético actual, la red Bitcoin sigue procesando un número limitado de transacciones: aproximadamente 250 000 al año a junio de 2022. Compárese esa cifra con las 232 500 millones de transacciones declaradas por VISA en sus redes el año pasado. En otras palabras, el consumo anual de la red aparentemente respalda un servicio cuyo alcance es mucho menor que el de la infraestructura de pagos tradicional. Esto ha llevado a los críticos a señalar que el coste medioambiental de una sola transacción de Bitcoin supera con creces el de no solo una, sino 100 000 transacciones de VISA.
Sin embargo —¡como probablemente ya esperabas!—, incluso esa comparación puede cuestionarse y, de hecho, se ha cuestionado. La mayoría de las estimaciones llamadas «por transacción» del consumo energético de Bitcoin en realidad consideran el impacto de la minería, no el de realizar transacciones en la red. Y, como hemos demostrado antes, la minería por sí sola representa la gran mayoría del impacto total de la red. Además, una «transacción» no significa exactamente lo mismo cuando hablamos de Bitcoin que cuando hablamos de redes tradicionales. Como señala el Cambridge Centre for Alternative Finance,
«una sola transacción de Bitcoin puede contener significados ocultos que quizá no sean inmediatamente visibles ni inteligibles para quienes la observan. Por ejemplo, una transacción puede incluir cientos de pagos a direcciones individuales, liquidar pagos de redes de segunda capa (p. ej., abrir y cerrar canales en la red Lightning) o representar potencialmente miles de millones de puntos de datos con marca de tiempo mediante protocolos abiertos como OpenTimestamps».
Esto hace que comparar «transacciones» y, por tanto, el coste de una transacción individual en dos redes distintas, resulte mucho menos pertinente y, según algunos, engañoso.
Como señala:
«Es innegable que Bitcoin no solo consume mucha energía, sino que también produce externalidades en forma de emisiones de CO2. Esto no está en debate. Lo que suelen preguntarle a quienes apoyan Bitcoin es si Bitcoin tiene un derecho legítimo a utilizar los recursos de la sociedad. Esta pregunta se basa en una especie de lógica utilitarista sobre qué industrias deberían tener derecho a consumir energía».
Según esa «lógica utilitarista», se le está pidiendo esencialmente a la blockchain que demuestre que «merece» generar sus externalidades. Aunque tendemos a pensar que ya lo merece, es importante recordar que a quienes no pertenecen al mundo de las criptomonedas ese merecimiento aún puede parecerles demasiado costoso. Por consiguiente, es probable que las preocupaciones medioambientales se hagan oír cada vez más en los próximos años.
En última instancia, el aumento del consumo energético no es necesariamente malo. Al fin y al cabo, ha sido la tendencia que ha definido toda la historia de la humanidad, un requisito para prácticamente todas las innovaciones empresariales o tecnológicas importantes desde la revolución industrial hasta el nacimiento de la electrónica, y un factor que impulsa directamente el crecimiento económico.
En el caso de Bitcoin y, más en general, de PoW, como se apuntó al principio de este artículo, el consumo de energía cumple un propósito crucial: demostrar al resto del mundo que los mineros han gastado cierta cantidad de energía en cálculos para respaldar la seguridad de la red, como lo describe el defensor de Bitcoin Andreas Antonopoulos: «es, en esencia, una promesa que hace cada minero». Comprometer de forma verificable un activo externo al sistema (la energía), en lugar de uno intrínseco a él (los tokens nativos, como ocurre con el modelo PoS), garantiza una mayor seguridad de la red, algo de gran valor en el contexto de la resistencia a la censura. Antonopoulos añade: «Necesitamos un sistema de prueba de trabajo a escala planetaria para lograr una inmutabilidad auténtica que dependa de la energía».
Lo que importa, entonces, no es el consumo de energía en sí, sino el tipo de energía que se utiliza, así como los esfuerzos responsables que hacemos como constructores del sector para reconocer el impacto que tenemos hoy; al fin y al cabo, un problema bien definido es un problema medio resuelto. Aunque es poco probable que ni siquiera las mejores iniciativas convenzan a los escépticos más acérrimos de las criptomonedas, llevarlas a cabo facilitará el desarrollo futuro de la industria.
2. ¿Cuánto falta para lograr la neutralidad de carbono en la blockchain?
El camino de la blockchain hacia la neutralidad de carbono, o incluso hacia un futuro con emisiones negativas de carbono, promete ser sinuoso.
En el caso de Bitcoin, el rechazo casi abrumador de la comunidad a PoS hace recaer necesariamente la responsabilidad de la conciencia medioambiental en otras opciones, como las compensaciones de carbono o las energías renovables. Esto convierte la adopción de soluciones más ecológicas en una decisión de cada minero, lo que limita su escala e impacto. Dicho esto, la industria demuestra cada vez más disposición a explorar estas fuentes de energía como vía para alcanzar legitimidad cultural.
La situación pinta mejor en el caso de Ethereum, donde el paso a PoS mediante la próxima fusión impondrá un mecanismo intrínsecamente más ecológico en el nivel del protocolo. Aunque este cambio ya se ha retrasado varias veces, debería producirse en el tercer o cuarto trimestre de este año. Dado el optimismo de la comunidad respecto al aumento de escalabilidad y la reducción de emisiones que se esperan, sin duda hay mucho en juego en la implementación de Ethereum.
Por último, el auge de cadenas como Avalanche probablemente aporte información valiosa sobre las mejoras que cabe esperar del modelo PoS en general. Si estas cadenas quieren atraer a editoriales de Web2 con conciencia medioambiental, como Ubisoft, demostrar que son ecológicas podría cobrar cada vez más importancia.
3. ¿Qué pueden hacer hoy los desarrolladores de juegos blockchain para mitigar su huella de carbono?
Pese a la rápida adopción y al consiguiente aumento de las transacciones en blockchain, podría decirse que los juegos blockchain se sitúan en el lado más ecológico del «espectro de emisiones». Como la congestión en la red principal de Ethereum ha hecho poco práctico ejecutar juegos allí, los desarrolladores se han visto obligados a considerar alternativas. La creación de Ronin por parte de Sky Mavis, el traslado de Treasure a Arbitrum, la adopción de Polygon por parte de Skyweaver' y la adopción de Polygon por parte de Zed Run’s y Defi Kingdom’s expansión a Avalanche son señales claras de que las L2 y las «L1 alternativas» se han convertido en opciones atractivas para que los desarrolladores construyan. Si su visión tiene éxito, es probable que estos juegos inspiren a otros a seguir sus pasos. Los desarrolladores también pueden contribuir a impulsar las normas y la infraestructura, como está haciendo ahora Horizon con Sequence.
El cambio también vendrá del propio juego. Como se ha mencionado, la cantidad de blockchain que decidas implementar influye enormemente en las emisiones totales de tu juego. Puesto que cada transacción adicional se suma al total, limitar cuántas procesas reduce lógicamente ese impacto. Comprender esto debería llevar a las editoriales con conciencia medioambiental a considerar cuidadosamente qué partes de sus juegos necesitan en la cadena —en otras palabras, donde la cadena de bloques realmente aporta valor a los jugadores, en lugar de ser simplemente otra transacción financiera.
Como Jens Hilgers, socio general fundador de BITKRAFT Ventures, afirma:
«Con la tecnología de cadena de bloques y las criptomonedas en busca de una adopción amplia, es inevitable que se resuelvan los problemas relacionados con la huella energética de las criptomonedas. No solo ya hemos visto entrar en funcionamiento soluciones eficaces, lo cual es muy alentador, sino que también hemos visto que los productos y servicios que no tengan en cuenta la eficiencia energética no lograrán la adopción empresarial ni la adopción por parte de las comunidades y los clientes».
Sin duda, aún quedan más innovaciones por desarrollar, más margen para ampliar las soluciones ecológicas y más escépticos a quienes convencer, pero somos optimistas y creemos que el progreso en materia de energía no puede detenerse.















