Alquilar ropa podría ser el futuro de la moda

An employee arranges clothes in a shop housing one of the apparel brands of E-Land Group, in Seoul June 24, 2013. Since its humble beginnings near the turn of the 20th century, mainstream Korean brands got their start in the jungle-like bazaar. Privately owned E-Land Group is now leading Korean fashion brands' overseas expansion. Picture taken June 24, 2013. REUTERS/Lee Jae-Won (SOUTH KOREA - Tags: BUSINESS)
Fashion is one of the world's most polluting industries.Image: REUTERS/Lee Jae-Won
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Una cifra asombrosa de 235 millones de prendas no deseadas se preveía que acabarían en los vertederos del Reino Unido en 2017, mientras que se estima que el estadounidense medio tira 81 lb (37 kg) de ropa usada al año. El consumo excesivo y la inevitable eliminación de la ropa no deseada se han convertido en un preocupante problema mundial; en muchos casos, esta ropa se tira innecesariamente. En cambio, podría repararse o reciclarse.

Llenar los vertederos con ropa y textiles cuesta solo al Reino Unido, según las estimaciones, 82 millones de libras cada año. Pero, por otro lado, el consumo de ropa también es de gran importancia para las economías de muchos países. Según una investigación de The British Fashion Council, por ejemplo, la moda aporta directamente 28 000 millones de libras a la economía del Reino Unido y, a escala mundial, es una industria valorada en US$2,4 billones de dólares.

Pese a ello, los valores materialistas y el generalizado deseo de tener cosas nuevas, unido a la premisa de la moda de crear y vender estilos diferentes, ha reducido el valor funcional de la ropa, haciendo que se deseche con facilidad. Una cifra asombrosa de 100 000 millones de prendas se producen anualmente, y el 50 % de las prendas de moda rápida se desechan en el plazo de un año.

De hecho, las cifras recientes muestran que un camión de basura lleno de textiles se tira cada segundo en todo el mundo. No es de extrañar, pues, que la moda haya sido calificada de «increíblemente derrochadora», incluso por quienes trabajan en el sector.

Image: Ellen MacArthur Foundation

El problema de la moda

La moda y la sostenibilidad han mantenido históricamente una relación incómoda. La catástrofe de Rana Plaza en Bangladés (2013), junto con la creciente preocupación por la explotación laboral en talleres, ha llevado a las empresas de moda a replantear sus impactos sociales y ambientales. Los consumidores, por su parte, se preocupan cada vez más por dónde y cómo se fabrican las prendas. Pero, aunque la moda avanza hacia la ética, persisten serias inquietudes por su impacto ambiental y su contribución al cambio climático.

La moda figura entre las industrias más contaminantes del mundo, desde el uso de sustancias químicas tóxicas hasta la contaminación del agua y los residuos. Alrededor del 35 % del total mundial de microfibras en los océanos procede de la ropa y los textiles, lo que convierte a la moda en un importante factor de esta contaminación. Se prevé que, para 2050, la industria de la moda consuma el 25 % del presupuesto mundial de carbono.

Entonces, ¿cuál es la solución? Una economía circular busca superar el modelo lineal de la moda, basado en extraer, fabricar y desechar, para cerrar el ciclo y diseñar para eliminar los residuos y minimizar los impactos ambientales. Aunque las marcas de moda trabajan para limitar sus prácticas contaminantes mediante la creación de colecciones orgánicas y respetuosas con el medio ambiente, sigue siendo necesario reducir el enorme volumen de residuos que genera la moda.

El reciclaje se ha convertido en una iniciativa importante para abordar este problema. H&M, por ejemplo, cuenta con un exitoso programa de recogida de prendas, que reutiliza la ropa no deseada de sus consumidores. Otras marcas, por su parte, utilizan materiales reciclados para fabricar ropa. La marca de ropa de exterior Patagonia ha fabricado forro polar de poliéster a partir de botellas de plástico recicladas.

Aunque el reciclaje podría lograr la circularidad mediante el diseño para eliminar residuos, resulta problemático desde el punto de vista ambiental. El reciclaje requiere mucha energía y puede exigir el uso de materias primas vírgenes adicionales. Además, aunque resuelve algunos de los problemas de sostenibilidad de la moda, no aborda adecuadamente el hecho de que los consumidores compran demasiado y de que el número medio de veces que se usa una prenda se ha reducido un 36 % desde 2000. Debemos reconsiderar cómo se vende la moda, animar a los consumidores a desperdiciar menos y garantizar que las prendas tengan una vida útil más larga.

¿Es el alquiler el futuro?

WRAP, la agencia británica de eficiencia en el uso de recursos, ha identificado el arrendamiento como un modelo de negocio innovador que prolonga la vida útil de la ropa, al tiempo que reduce el uso de materiales y las emisiones de dióxido de carbono. Una encuesta reciente realizada por Westfield Shopping Centre en Londres también planteó que el alquiler de ropa se convertiría en una tendencia clave del futuro.

El posible valor del mercado de alquiler de ropa en el Reino Unido se estima en 923 millones de libras y el modelo ya está bien establecido para determinadas prendas, como esmóquines y trajes de boda para hombre. Pese a ello, actualmente solo unas pocas empresas de moda han adoptado un modelo de arrendamiento. En Mud Jeans, por ejemplo, los consumidores pueden alquilar un par de vaqueros orgánicos y, tras un año, quedárselos, cambiarlos o devolverlos. Girls Meets Dress, por su parte, se fundó en el Reino Unido en 2009, con la filosofía de que, en una economía colaborativa, la propiedad quedará obsoleta.

En Estados Unidos, Rent the Runway se ha convertido en un actor importante en el sector de la moda. Estas empresas se basan en el cambio, pero sin duda se enfrentan a los retos del sistema tradicional de la moda, orientado a las ventas, junto con la reticencia de los consumidores.

Nuestra investigación ha explorado el potencial del alquiler de ropa entre los consumidores. Si bien encontramos oportunidades, sobre todo en el segmento de lujo del mercado, existía una clara resistencia al alquiler de artículos de menor precio, que resultaban demasiado fáciles de comprar.

Para que los consumidores se impliquen, los alquileres deben ser cómodos, económicos y accesibles, y satisfacer el deseo de tener algo nuevo. Los consumidores están abiertos al cambio, y el arrendamiento podría contribuir a lograr una industria de la moda más circular. Sin embargo, hay que tener en cuenta cuestiones que van desde el transporte hasta los impactos del lavado en seco. El alquiler de ropa tiene potencial para reducir los residuos y prolongar la vida útil de las prendas, pero para lograr una industria más sostenible es necesaria una transformación sistémica de las prácticas empresariales y del comportamiento de los consumidores.

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