El África subsahariana se enfrenta a una de las mayores crisis agrícolas de la memoria viva. La COVID-19 está asestando un golpe a los agricultores, que ya luchaban contra las inundaciones, la sequía, las plagas y las enfermedades.
La ayuda de emergencia debe garantizar semillas de alta calidad para las cosechas futuras, y no solo alimentos para consumir de inmediato.
Suministrar semillas certificadas de cultivos nutritivos, muy apreciados en las dietas tradicionales africanas, es una de las formas más económicas y eficaces de lograr la seguridad alimentaria futura.
El África subsahariana se enfrenta a una de las mayores crisis agrícolas de la memoria viva. Las inundaciones, la sequía, enfermedades devastadoras como la necrosis letal del maíz, y plagas como el gusano cogollero y la langosta del desierto debilitaron su suministro de alimentos incluso antes de la pandemia de COVID-19 y de las medidas de confinamiento. Un problema aún mayor se cierne en el horizonte. Todos estos factores desastrosos no solo perjudican la cosecha actual, sino que también interrumpen el suministro de semillas de calidad para las cosechas futuras. Como resultado, se prevé que la demanda de semillas supere la oferta en casi el doble en las próximas temporadas, según las opiniones de expertos de siete países africanos recopiladas por el proyecto de investigación AVISA.
El reto para las organizaciones de ayuda y los gobiernos será garantizar la disponibilidad y el acceso a semillas de alta calidad para los cultivos más nutritivos, de modo que los agricultores puedan alimentarse a sí mismos y a sus naciones. De no hacerlo, podría producirse un círculo vicioso de cosechas escasas, malnutrición y pobreza.
Estas son las medidas que las organizaciones de ayuda, los gobiernos y los institutos de investigación pueden adoptar para contener la crisis que se avecina y construir un futuro sostenible para los agricultores africanos.
El desafío de las semillas
Suministrar semillas certificadas y de alta calidad es una de las formas más económicas y eficaces de lograr la seguridad alimentaria futura. Estas semillas de calidad han sido seleccionadas, mejoradas y tratadas para resistir la sequía y las enfermedades, obtener altos rendimientos y tener un período de crecimiento corto desde la siembra hasta la cosecha. Pueden duplicar el rendimiento de las leguminosas y los cereales, manteniendo constantes todos los demás factores.
En una crisis como la que estamos viviendo ahora, los programas de asistencia en materia de semillas se enfrentan de repente a un fuerte aumento de la demanda. Sin embargo, una vez agotadas las existencias, se necesita al menos una temporada para producir y suministrar las semillas necesarias, es decir, entre 3 y 9 meses, según el cultivo. Mientras tanto, es probable que los agricultores recurran a sembrar grano común, originalmente destinado a la alimentación y no a la siembra. A simple vista, el grano para consumo y las semillas de alta calidad para la cosecha del próximo año tienen el mismo aspecto. Un agricultor solo sabrá la diferencia días o semanas después de la siembra, y a veces no hasta el momento de la cosecha.
Muchos agricultores africanos ya tenían dificultades para obtener semillas de calidad antes de la pandemia. Hubo casos en los que los lotes de semillas de arroz en Malí, de sorgo en Burkina Faso y de maíz en Uganda presentaban una capacidad de germinación, vigor y pureza genética inferiores a los esperados en semillas de calidad. Una estimación sugiere que más del 95 % de las semillas de leguminosas y cereales de zonas secas de África proceden de fuentes de calidad desconocida. Estas semillas de baja calidad pueden provocar una inseguridad alimentaria persistente, ya que cosecha tras cosecha los resultados son decepcionantes. Es probable que la crisis del coronavirus agrave este problema. La producción agrícola en la próxima temporada de cultivo probablemente será baja en toda África debido a los confinamientos y a las inundaciones en África Oriental.
Las organizaciones de ayuda y los gobiernos han reconocido que deben intervenir para evitar una crisis agrícola que podría derivar en hambrunas, y se están preparando para cubrir una enorme escasez de semillas. Actualmente son los mayores compradores de semillas en África, según afirman los socios que trabajan con el proyecto de investigación AVISA. Se ha pedido a las organizaciones productoras de semillas y a los institutos de investigación agrícola de toda África que reserven sus semillas para los pedidos de ayuda tras la pandemia. En Nigeria, el gobierno y el ICRISAT (Instituto Internacional de Investigación de Cultivos para los Trópicos Semiáridos) están distribuyendo semillas a 10 000 agricultores para protegerlos del impacto de la COVID-19 y de las medidas de confinamiento.
Cualquier esfuerzo a corto plazo para impulsar el suministro de semillas debe garantizar la calidad, si no queremos causar problemas a largo plazo. Pero ¿cómo podemos lograrlo frente a una demanda disparada y una pandemia mundial?
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para contribuir a garantizar la seguridad alimentaria mundial?
Legumbres y frutos secos para la nutrición
Una solución es una mejor cooperación entre las agencias de desarrollo, las instituciones de semillas (privadas, públicas y comunitarias) y las organizaciones de investigación agrícola a nivel nacional e internacional. Estos vínculos existen, aunque de forma limitada, y son anteriores a la COVID-19. Los gobiernos y las agencias de ayuda podrían intervenir para fortalecer estos vínculos y facilitar una cooperación fluida.
La cooperación con las organizaciones de investigación y las instituciones de semillas puede ayudar a las agencias de ayuda a acceder a fuentes de semillas de alta calidad. También puede abordar otro desafío: ayudar a los agricultores a plantar los cultivos más adecuados para la seguridad alimentaria a largo plazo.
En la crisis actual, los cultivos más adecuados son los cereales y las leguminosas ricos en nutrientes. Cereales africanos como el sorgo, el mijo de dedo y el mijo perla, y leguminosas como el cacahuete, el garbanzo, la judía común, el caupí y el guandú, pueden ayudar a afrontar de una sola vez cualquier amenaza a la seguridad alimentaria y nutricional. Los garbanzos, por ejemplo, son ricos en hierro, zinc y magnesio, y una porción de solo 100-200 g puede cubrir las necesidades diarias de un adulto en esos nutrientes. También son ricos en proteínas y fibra. Existen variedades que pueden sembrarse y cosecharse en 90 días desde la siembra. Estos cultivos nutritivos son muy apreciados en muchas dietas africanas y forman parte de sistemas alimentarios que han sustentado al continente generación tras generación.
El garbanzo, por ejemplo, se consume habitualmente en Etiopía en forma de shiro, un guiso que se acompaña de pan plano de masa madre. La sopa de cacahuete en Uganda es el acompañamiento principal de los alimentos básicos matoke (plátano y plátano macho). El garbanzo, el guandú, la judía común, el caupí y el cacahuete se mezclan en diversas proporciones con maíz para preparar githeri, un manjar en muchos hogares rurales.
Cultivar estas leguminosas junto a los cereales o intercaladas con ellos ofrece a los agricultores una amplia gama de beneficios. Las leguminosas ayudan en la rotación de cultivos, fijan el nitrógeno en el suelo, cubren y protegen la tierra, y rompen el ciclo de plagas, enfermedades y malas hierbas que afecta a los monocultivos. Cultivadas principalmente por mujeres, las leguminosas se consumen normalmente en el hogar, equilibrando los cereales con proteínas, vitaminas y micronutrientes. El excedente se vende a precios elevados.
Sembrar resiliencia
Producir y suministrar semillas para cultivar cosechas nutritivas, adecuadas y vigorosas requiere investigación y desarrollo agrícolas. Las instituciones de investigación agrícola pueden ayudar a las agencias de ayuda a promover el cultivo y la variedad adecuados en el lugar adecuado, y también a respaldar las mejores prácticas de gestión poscosecha, como el acondicionamiento, la limpieza, el secado, el almacenamiento y el procesamiento de los cultivos.
CGIAR, una asociación mundial de investigación para un futuro con seguridad alimentaria, ha trabajado con gobiernos africanos a través de sus centros, como el Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas (ICARDA) y el ICRISAT, para apoyar los sistemas de semillas afectados por crisis. En Etiopía, una colaboración con el Instituto Etíope de Investigación Agrícola garantizó el acceso a semillas de garbanzo de calidad tras una sequía. En el norte de Uganda, las labores de ayuda posbélica se centraron en la distribución de semillas de cacahuete de calidad.
Si perdura más allá de la COVID-19, la cooperación regional descrita aquí podría asumir capacidades de alerta temprana para anticipar picos de demanda de semillas de alta calidad en determinadas zonas. También establecería vínculos con los mercados, necesarios para crear cadenas de suministro resilientes tras la ayuda de emergencia.
Un sistema cooperativo y conectado estaría bien preparado para estimular la demanda de alimentos nutritivos y promover dietas saludables basadas en las preferencias tradicionales de la población. En última instancia, un sistema de semillas sólido y bien concebido no solo podría ayudarnos a responder a esta pandemia. También podría ayudar a África a alcanzar sus Objetivos de Desarrollo Sostenible, y avanzar hacia un futuro próspero.

