El Sudeste Asiático afronta un desafío creciente en materia de seguridad alimentaria, a medida que aumenta su población y se intensifica el cambio climático.
La región debe tomar medidas para aumentar la productividad agrícola, reducir las pérdidas poscosecha, mejorar el acceso a los mercados y reforzar la resiliencia al cambio climático.
Estas medidas requerirán un esfuerzo coordinado de los gobiernos, las empresas y los agricultores.
Se prevé que la población del Sudeste Asiático aumente un 12 % para 2035, de 670 millones en 2020 a 750 millones. Este rápido crecimiento demográfico, junto con la variabilidad climática de la región, elevará la demanda de alimentos un 40 % para 2050. A pesar de las crecientes presiones sobre el suministro de alimentos, cerca de un tercio de la cantidad total de alimentos producidos para el consumo humano se desperdicia en todo el mundo. En Asia, más del 40 % de estas pérdidas se produce en las cadenas de suministro de productos básicos, en la etapa poscosecha, entre la cosecha y el consumidor.
Las pérdidas poscosecha pueden ser cuantitativas o cualitativas. Las pérdidas cuantitativas se producen cuando la cantidad de alimentos disminuye con el tiempo, mientras que las cualitativas comprenden las que afectan la composición nutricional, la viabilidad o el atractivo visual y estético, la contaminación de un producto alimenticio determinado o su rotura. La etapa poscosecha abarca las actividades que se llevan a cabo desde la cosecha y a lo largo del resto de la cadena de valor: manipulación, almacenamiento, procesamiento, envasado, transporte, comercialización y venta al por menor.
A escala mundial, reducir las pérdidas poscosecha podría permitir recuperar una superficie de tierra prácticamente equivalente a tres veces la superficie de cultivo de Francia. En el Sudeste Asiático, creemos que esto representa una oportunidad para liberar 4,71 millones de hectáreas (64 veces la superficie de Singapur).
En este artículo analizamos la magnitud de las pérdidas poscosecha en el Sudeste Asiático y el papel que desempeñan en el agravamiento de la inseguridad alimentaria de la región, proponemos medidas que las partes interesadas podrían tomar para reducir el desperdicio y destacamos varios ejemplos clave.
Cuantificar las pérdidas de cultivos
Cada año, se pierde una cantidad devastadora de alimentos en la región desde el agricultor hasta el minorista. Esto se debe a que las pérdidas poscosecha afectan a todos los cultivos principales, como frutas, verduras y legumbres. Sin embargo, las pérdidas de arroz, trigo y otros cereales —que representan el 70 % de todas las calorías consumidas— son especialmente llamativas. En Tailandia, por ejemplo, se estima que se pierde el 19 % de los cereales, y la mayor parte del desperdicio ocurre durante la manipulación y el almacenamiento. La gravedad de las pérdidas varía en las distintas etapas posteriores a la cosecha, por lo que un factor clave para reducir las pérdidas poscosecha es adoptar un enfoque unificado para frenarlas (véase el recuadro «Los cultivos sufren pérdidas poscosecha importantes a lo largo de la cadena de valor»).

Cómo contribuyen las pérdidas poscosecha de cultivos a la inseguridad alimentaria
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las pérdidas poscosecha representan aproximadamente un tercio de la producción mundial de alimentos, lo que las convierte en una de las principales causas de inseguridad alimentaria para millones de familias en todo el mundo. En el Sudeste Asiático, se pierde o desperdicia cerca del 17 % del total de alimentos disponibles. Un país como Indonesia pierde cada año el 20 % de sus cultivos cosechados, mientras que Filipinas pierde hasta el 50 %.
Nuestro análisis exhaustivo de la cadena de suministro de alimentos, desde la explotación agrícola hasta el minorista, revela que la pérdida de alimentos —la «pérdida de alimentos» ocurre durante la cosecha o poco después, mientras que el «desperdicio de alimentos» se produce cuando estos llegan al minorista o al consumidor— es consecuencia de ineficiencias, y que sus costos ocultos suelen igualar o superar las ganancias netas de los minoristas, incluso las de los que obtienen mejores resultados.
La buena noticia es que reducir la pérdida de alimentos es perfectamente viable. Los fabricantes de alimentos y los minoristas, que ocupan una posición central en la cadena de valor alimentaria, podrían reducirla entre un 50 % y un 70 % y, por ello, están en una posición única para liderar los esfuerzos en este ámbito. Dos tercios de los alimentos recuperados podrían destinarse de nuevo al consumo humano, mientras que el tercio restante podría utilizarse en productos alternativos, como materiales de origen biológico o alimento para animales.
Cómo abordar y prevenir las pérdidas poscosecha de cultivos
Reducir las pérdidas poscosecha de cultivos puede tener un impacto enorme. Por ejemplo, reducir estas pérdidas un 40 % en el Sudeste Asiático equivaldría a obtener la producción alimentaria de 1,8 millones de hectáreas, aproximadamente el 22 % de las tierras agrícolas de Malasia. Este aumento potencial de la superficie disponible puede lograrse mediante métodos y tecnologías, tanto tradicionales como más avanzados, que aborden las causas originales de las pérdidas (véase el recuadro «Distintas tecnologías para reducir el desperdicio han dado buenos resultados en distintas etapas de la cadena de valor»).

La adopción de estas tecnologías a largo plazo puede depender de diversos factores externos, sociales, económicos e institucionales, pero estas son cuatro medidas fundamentales que pueden tomar las empresas:
Establecer y validar una línea de base clara: Recopilar datos sobre las pérdidas en las etapas pertinentes de la cadena de valor mediante el pesaje o el recuento, ya que determinar el porcentaje de cultivos perdido en cada etapa permite establecer una línea de base. Esta puede validarse con investigaciones adicionales, como pruebas de campo o grupos focales, para comprender las causas fundamentales y poner a prueba hipótesis.
Identificar patrones en la cadena de valor y determinar cómo y dónde intervenir: Buscar los puntos de la cadena de valor con mayores ineficiencias y señalar posibles soluciones para abordarlas. A continuación, compararlas con las capacidades existentes para detectar sinergias que aumenten las probabilidades de éxito. Por ejemplo, en Vietnam se perdió un 5 % del maíz durante el secado, principalmente por daños causados por aves, ratas y otros animales, así como por técnicas de secado inadecuadas.
Conseguir el respaldo de las partes interesadas de toda la cadena de valor: Muchas soluciones actuales requieren un enfoque ecosistémico para generar mayor valor. Esto implica incorporar a partes interesadas de toda la cadena de valor: desde agricultores hasta procesadores; actores que suministran insumos, como fertilizantes, productos para la protección de cultivos y semillas; y minoristas y facilitadores, como empresas de telecomunicaciones y socios logísticos. Comprender los puntos críticos de las distintas partes interesadas y determinar si las soluciones propuestas pueden funcionar para ellas contribuirá en gran medida a abordar las pérdidas poscosecha de cultivos.
Movilizar recursos para poner en marcha el plan: En el Sudeste Asiático, la industria alimentaria y agrícola necesita renovarse. La adopción de tecnología va rezagada, por lo que invertir en este ámbito podría tener un impacto especialmente importante. Probablemente se necesitaría mucha formación para convencer a los agricultores y a quienes trabajan en el sector de procesamiento de alimentos de que acepten la tecnología, y quizá no haya otra forma de lograrlo que movilizar personal sobre el terreno. Los organismos gubernamentales y los proveedores de tecnología podrían estar en mejores condiciones para hacerlo, aunque requeriría un esfuerzo considerable por su parte. Si se logra, esta industria podría atraer a una fuerza laboral más joven y experta.
