Este filete impreso en 3D podría ayudarnos a reducir el consumo de carne

Dishes consisting of 3D printed plant-based meat mimicking real beef and produced by Israeli start-up Redefine Meat are seen during a demonstration for Reuters at their facility in Rehovot, Israel June 29, 2020. Picture taken June 29, 2020. REUTERS/Amir Cohen - RC2NJH9DJLQH
Bon appetit!Image: REUTERS/Amir Cohen
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  • Cada año se crían y sacrifican miles de millones de animales para obtener alimentos.

  • Esto consume enormes cantidades de agua y energía.

  • Algunos expertos creen que las alternativas podrían ser mejores para las personas y el medio ambiente.

Cada año se mata a miles de millones de animales para obtener alimentos. De hecho, el total de animales sacrificados cada dos años supera el número de personas que han vivido alguna vez.

Número de animales sacrificados para obtener carne en el mundo. Image: Our World in Data

Tanto si te gusta mucho la carne como si no, no se puede ignorar que su producción consume una enorme cantidad de recursos naturales: 15.000 litros de agua para producir un solo kilogramo de carne de vacuno.

Muchos estudios también destacan los beneficios para la salud de reducir el consumo de carne. Un informe publicado en JAMA Internal Medicine concluyó que comer dos raciones semanales de carne roja, carne procesada o aves de corral estaba relacionado con un riesgo entre un 3 % y un 7 % mayor de enfermedad cardiovascular.

El auge de las alternativas

No es de extrañar, entonces, que crezca el interés por las alternativas a la carne.

La empresa emergente israelí Redefine Meat utiliza la impresión 3D a escala industrial para producir un «filete alternativo» de origen vegetal que, según afirma, tiene una estructura y una textura similares a las del producto real.

Eshchar Ben-Shitrit, director ejecutivo y cofundador de la empresa, dijo a Reuters: «Podemos reproducir la vaca entera, no solo una parte»

En 2019, su empresa recaudó 6 millones de dólares en financiación, una señal de la seriedad con que se está tomando el mercado de la carne sin carne. Según un informe de Vox, la demanda de alternativas a la carne en EE. UU. se disparó un 264 % durante la pandemia de coronavirus. Redefine Meat afirma que espera que el valor de esta categoría alcance los 140.000 millones de dólares anuales en 2030.

Por tu salud

Desde hace décadas, el consumo excesivo de carne —en particular, de carne roja— se ha relacionado con diversos problemas de salud, entre ellos las enfermedades cardíacas y algunas formas de cáncer. También se ha relacionado con la obesidad. En EE. UU., más del 70 % de la población tiene sobrepeso o padece obesidad.

En China, el consumo de carne ha aumentado a medida que el desarrollo económico ha traído consigo una serie de cambios sociales. La rápida urbanización y la adopción de hábitos de vida llamados occidentales, como comer más comida rápida y más carne en general, son dos de los ejemplos más visibles. Bajo la superficie, hay indicios de que la salud de la población empieza a resentirse.

Un informe de McKinsey de 2019 lo resume así: «Por desgracia, a medida que han aumentado los ingresos, también lo han hecho los perímetros de cintura. En China se han impuesto dietas ricas en proteínas y grasas, lo que ha llevado a una tasa de obesidad del 10 % en las zonas urbanas, que se prevé que aumente al 25 % para 2030 si no se toman medidas. La obesidad ya le cuesta al país más de 93.000 millones de dólares anuales, es decir, el 1,1 % del PIB».

¿Qué es la carne, en realidad?

Desde hace décadas se venden en supermercados de todo el mundo albóndigas, hamburguesas, salchichas y otros productos sin carne. Suelen contener ingredientes como soja, arroz, guisantes y otras verduras.

El reto de estos productos suele ser que, por mucho que se parezcan en sabor, su textura no se asemeja a la de la carne. La tecnología de impresión 3D podría resolverlo, ya que crea capas de fibras entrelazadas que imitan mejor el producto real.

Mientras tanto, en 2013, un científico especializado en alimentación de los Países Bajos ideó otro método. Mark Post, de la Universidad de Maastricht, presentó una hamburguesa cultivada en laboratorio a partir de células madre de ganado y tejido muscular. Desde el punto de vista bioquímico, su hamburguesa está hecha de lo mismo que una hamburguesa convencional: tejido cárnico.

Pero no procedía de un animal. Técnicamente, no es carne ni fibra muscular de ninguna vaca. Si eso significa que es carne o no quizá sea una cuestión para que reflexionen los filósofos.

Un camino a seguir

Además de consumir recursos, la industria cárnica generó cantidades considerables de emisiones de gases de efecto invernadero. Según las Naciones Unidas, en comparación con la producción de una hamburguesa de carne convencional, las alternativas de origen vegetal utilizan hasta un 99 % menos de agua, un 95 % menos de tierra y generan un 90 % menos de emisiones.

Nada de esto elimina el aumento de la demanda mundial de carne. Sin embargo, hay cambios a corto y largo plazo que ayudarán a abordar algunas de estas preocupaciones. La ONU cita un estudio de la Universidad de Michigan realizado en nombre de Beyond Meat, productor de sustitutos de la carne. Según el estudio, los estadounidenses comen, de media, tres hamburguesas a la semana, pero podrían «ahorrar una cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero equivalente a la que producen 12 millones de automóviles, simplemente sustituyendo una de esas comidas semanales por una alternativa de origen vegetal».

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) propone que se realicen una serie de cambios en la actitud y el comportamiento de los consumidores para garantizar un suministro mundial de alimentos más sostenible. Entre ellos, se incluye concienciar a la población general sobre la importancia de combatir el desperdicio de alimentos: en todo el mundo, un tercio de todos los alimentos producidos acaba en la basura.

La FAO también pide reajustar los precios de los alimentos para que reflejen el coste total de su producción y suministro. Esto incluye la pérdida de biodiversidad derivada de la deforestación, las emisiones y la contaminación, así como el consumo de agua. También propone reducir el consumo de carne per cápita en los países ricos.

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