La pérdida y el desperdicio de alimentos reducen los ingresos económicos de los agricultores, y también se desperdician el agua, los fertilizantes, la energía y la tierra utilizados en su producción.
Aproximadamente un tercio de los alimentos producidos en el mundo se pierde o se desperdicia, lo que genera pérdidas económicas estimadas en 1 billón de dólares al año. Esto es especialmente frecuente en África.
La circularidad promueve políticas y acciones sostenibles y eficientes en el uso de los recursos, con beneficios socioeconómicos y ambientales a largo plazo.
Aproximadamente un tercio de los alimentos producidos en el mundo se pierde o se desperdicia, lo que genera pérdidas económicas estimadas en 1 billón de dólares al año. En África subsahariana, la estimación es de alrededor del 37 %* o de 120-170 kg/año per cápita.
La pérdida y el desperdicio de alimentos reducen los ingresos económicos de los agricultores, y también se desperdician el agua, los fertilizantes, la energía y la tierra utilizados en la producción. Estas pérdidas y desperdicio impulsan la expansión hacia ecosistemas frágiles, aceleran la deforestación y la extinción de especies, y contribuyen al 8-10 % de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero. Si la pérdida y el desperdicio de alimentos fueran un país, serían el tercer mayor emisor después de China y Estados Unidos.
Aunque se presta mucha atención a la necesidad de aumentar la producción para alimentar a una población estimada de casi 10.000 millones de personas para 2050, se presta menos atención a reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, una medida que ayudaría a alimentar a más personas con la misma superficie de tierras agrícolas y, al mismo tiempo, reduciría el impacto ambiental.
El impacto en la inseguridad alimentaria en África
En toda África, se estima que 100 millones de personas afrontaron niveles catastróficos de inseguridad alimentaria en 2020; los datos más recientes muestran que 40,2 millones de personas en África central y meridional, 32,9 millones en África oriental y 24,8 millones en África occidental y el Sahel afrontaron una crisis alimentaria y hambre. Esto se debe a los conflictos, las sucesivas pérdidas de cosechas (a raíz del cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos), las crisis económicas preexistentes y las relacionadas con la COVID-19, y el fuerte aumento de los precios de los alimentos.
Sin embargo, al mismo tiempo, cada año se pierden grandes volúmenes de alimentos tras la cosecha en África subsahariana: se estima que ascienden a 4.000 millones de dólares solo en cereales. Esto supera el valor de toda la ayuda alimentaria recibida en África subsahariana durante la última década y equivale al valor anual de las importaciones de cereales.
En un continente donde tantas personas pasan hambre y muchas más, en particular niños y mujeres, están desnutridas, es inadmisible perder y desperdiciar alimentos a esta escala. Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos podría ser una de las principales estrategias para que África y el mundo logren un futuro alimentario sostenible.
La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto las debilidades del sistema alimentario. La alteración de las cadenas de suministro mundiales y locales debido a los confinamientos, las restricciones de viaje y las recesiones económicas dejó a productores y agricultores con alimentos pudriéndose en sus campos. Al mismo tiempo, la población urbana afrontó escasez de alimentos. Como resultado, se reconoce cada vez más que es necesario hacer más sostenible el sistema alimentario, lo que incluye abordar la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Hay muchas formas de abordar este enorme problema, pero una de las más eficaces es adoptar los principios de circularidad y cero residuos en todas las partes de la cadena de valor alimentaria. Este enfoque va más allá de la definición convencional de pérdida y desperdicio de alimentos, según la cual los subproductos alimentarios, como los huesos, las cáscaras y las semillas, no se consideran alimentos. En los sistemas alimentarios circulares, estos son componentes clave que deben transformarse en productos útiles.
Pasar de modelos extractivos a modelos regenerativos de producción de alimentos puede reducir la expansión de las tierras agrícolas hacia las fronteras forestales, así como el desperdicio de agua y energía, y crear empleos sostenibles para productores y pequeñas y medianas empresas a lo largo de las cadenas de valor alimentarias. De hecho, en los sistemas alimentarios circulares es necesario replantear el concepto de «residuo»: cualquier componente del sistema alimentario que se desperdicia representa un desperdicio de recursos, materiales y valor.
¿Dónde se producen la pérdida y el desperdicio de alimentos?
La pérdida y el desperdicio de alimentos son problemas distintos que requieren soluciones muy diferentes.
La pérdida se produce cuando no consumimos las partes comestibles de plantas y animales debido a daños durante la producción, en la cadena de suministro o durante el almacenamiento. También puede deberse a derrames, deterioro o una reducción anormal de la calidad.
El desperdicio de alimentos se refiere a los alimentos que no se consumen porque se desechan. Puede ser resultado de una negligencia o de un fallo del sistema, desde una planificación deficiente de las comidas hasta un mal control de las porciones.
Estas pérdidas y este desperdicio se producen en todo el mundo y a lo largo de toda la cadena de valor alimentaria. Los principales problemas varían de un país a otro. En África, es probable que la mayor parte de las pérdidas se produzca durante la manipulación y el almacenamiento, aunque también hay pérdidas y desperdicio en todas las demás etapas de la cadena de suministro. La falta de datos actualizados y precisos es un problema que debe abordarse.
Algunos estudios recientes aportan información útil. Por ejemplo, un informe de 2021 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente sobre el desperdicio de alimentos sostiene que el desperdicio de alimentos per cápita en los hogares es, en términos generales, similar en países de ingresos altos y bajos. Otro informe de WWF-UK de 2021 estudió la pérdida y el desperdicio en la etapa de producción agrícola y concluyó que alrededor del 15 % de los alimentos producidos se perdió o desperdició en la explotación agrícola o cerca de ella, y que casi el 60 % de esa cantidad se produjo en países de ingresos altos y medios. La falta de coherencia entre los resultados dificulta que los gobiernos nacionales elaboren políticas adecuadas y que los distintos actores —como el sector privado, los productores y los consumidores— adopten las medidas correctas.
3 formas en que la circularidad puede ayudar a abordar la pérdida y el desperdicio de alimentos
El concepto de economía circular busca superar el patrón lineal de «extraer, producir y desechar» mediante estrategias circulares que «cierren el ciclo». Sobre todo, promueve políticas y acciones sostenibles y eficientes en el uso de los recursos, con beneficios socioeconómicos y ambientales a largo plazo.
Adoptar la circularidad genera múltiples beneficios para las personas y el planeta. En comparación con otros métodos que solo buscan evitar o reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos, la circularidad puede aportar beneficios adicionales, como la creación de empleos verdes, el aumento del valor de los materiales de origen local y la revitalización de las industrias artesanales, al tiempo que protege la biodiversidad.
Estas son tres formas en que la circularidad puede ayudar a abordar la pérdida y el desperdicio de alimentos en África:
1. Producir alimentos de manera que los recursos que suelen desperdiciarse se utilicen y reciclen de forma sostenible
Debemos cambiar la forma en que cultivamos los alimentos y garantizar que los principales recursos de producción, como la tierra, el agua y la energía, se utilicen de manera eficiente y regenerativa.
Tomemos, por ejemplo, los fertilizantes de uso común. Alrededor del 96 % de la producción de fosfato se destina a fabricar fertilizantes para mejorar la agricultura. El uso excesivo de fósforo, cuando la cantidad adicional de fertilizante tiene poco o ningún efecto en el rendimiento, contamina el suelo, el aire y el agua, y puede tener un impacto muy perjudicial en los ecosistemas marinos y otros ecosistemas. Del mismo modo, las actividades humanas convierten más nitrógeno atmosférico en formas reactivas que todos los procesos terrestres de la Tierra juntos. El uso excesivo de estos fertilizantes sintéticos contamina el suelo, el aire y los océanos, y acelera la pérdida de biodiversidad.
La circularidad exige cambios importantes en la producción de alimentos: pasar de depender en gran medida de estos modelos lineales al ciclo de nutrientes.
El ciclo de nutrientes es un proceso natural en el que las plantas absorben nutrientes del suelo y luego los devuelven al descomponerse. Sin embargo, estos ciclos biogeoquímicos naturales suelen verse alterados por los modelos lineales de agricultura, en los que la biomasa vegetal no se devuelve al suelo. Los modelos circulares incorporan el compostaje de biomasa vegetal, incluidos los residuos de cocina, como una forma eficaz de devolver al suelo los nutrientes que las plantas absorben durante su crecimiento. Esta tecnología es barata y fácil de aplicar en muchas pequeñas explotaciones, y además reduciría los costos al eliminar la necesidad de fertilizantes sintéticos.
Además, las aguas residuales vertidas por industrias alimentarias y no alimentarias —como mataderos, cervecerías y curtidurías— pueden tratarse y reutilizarse para el riego u otras actividades generadoras de ingresos. En Namibia, Ujams es una empresa de tratamiento de aguas residuales industriales que puede tratar 5.000 metros cúbicos al día, que se utilizan para regar plantaciones o se vierten de nuevo al río para incorporarse al sistema de recarga de aguas subterráneas.
2. Transformar los subproductos en productos agrícolas útiles
Actualmente, se recicla menos del 2 % de los valiosos nutrientes de los subproductos y residuos alimentarios; la mayoría acaba en vertederos, donde se deja pudrir y producir gases de efecto invernadero, o se incinera. Además, los vertederos producen metano, un gas de efecto invernadero más potente que el dióxido de carbono.
Hay innumerables oportunidades para convertir estos «residuos» en productos útiles que impulsen la innovación y creen empleos sostenibles. Tomemos como ejemplo la harina de huesos, un importante fertilizante orgánico para cultivos que también puede utilizarse como alimento para animales. Además, las pieles y los cueros pueden transformarse en productos y accesorios útiles para el hogar.
Del mismo modo, la bioconversión mediante insectos ofrece una solución económicamente rentable para reducir el desperdicio de alimentos y, a la vez, generar empleos. La cría industrial de insectos puede convertir eficazmente varias toneladas de desperdicio de alimentos en productos valiosos, como alimentos para personas, alimento para animales, fertilizantes y compuestos industriales secundarios, como biocombustibles, lubricantes, productos farmacéuticos y tintes.
Para crear estos ciclos de economía circular, los subproductos alimentarios generados durante la producción, el transporte y el almacenamiento, el consumo y el procesamiento de alimentos, así como los residuos humanos, pueden transformarse en productos útiles. Esto generaría resultados económicos y ambientales positivos.
3. Mejorar las instalaciones de transporte y almacenamiento para evitar la pérdida de alimentos
Adoptar modelos circulares puede impulsar la innovación en los sectores del transporte y el almacenamiento y establecer nuevos modelos de negocio. Sin embargo, en toda África, un desafío importante es la falta de instalaciones eficaces de transporte y almacenamiento, debido, entre otros factores, al escaso acceso a la energía necesaria para alimentar los sistemas de refrigeración, a infraestructuras deficientes, como carreteras y redes ferroviarias, y a problemas de acceso y asequibilidad. Si estas condiciones mejoraran, podrían ayudar a prevenir las pérdidas poscosecha.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para contribuir a garantizar la seguridad alimentaria mundial?
Además, muchas innovaciones para gestionar las pérdidas poscosecha —como el uso de bolsas herméticas para almacenar cereales e instalaciones de cámaras frigoríficas para alimentos perecederos, entre otras— tienen tasas de adopción muy bajas en África. Resolver este problema sigue siendo un gran dolor de cabeza para muchos organismos de desarrollo y financiación.
Para aumentar estas bajas tasas de adopción, es importante diseñar conjuntamente estas innovaciones poniendo en el centro a los agricultores y emprendedores locales, e invertir en pequeñas y medianas empresas locales para ayudarlas a crecer. Estas empresas también necesitan apoyo gubernamental, incluidas inversiones públicas, incentivos fiscales y políticas que permitan ampliar sus operaciones. Un buen ejemplo es cómo el apoyo temprano de los gobiernos contribuyó a aumentar la eficiencia energética y reducir el desperdicio en países como Estados Unidos, y está permitiendo que el sector de las energías renovables despegue en todo el mundo en desarrollo.
Sin embargo, en toda África, las empresas alimentarias circulares se enfrentan a numerosos desafíos, entre ellos marcos normativos y regulatorios poco favorables, escaso acceso a financiación y falta de capacidad para elaborar y presentar planes de negocio viables que permitan obtener financiación. Con una población que crece rápidamente y pocas oportunidades de empleo, la circularidad en los sistemas alimentarios ofrece una gran oportunidad para desarrollar nuevos modelos de negocio que aborden el desafío de la pérdida y el desperdicio de alimentos.
Avanzar hacia un futuro alimentario sostenible
El Objetivo de Desarrollo Sostenible 12.3 busca «reducir a la mitad el desperdicio mundial de alimentos per cápita en los niveles minorista y de consumo, y reducir las pérdidas de alimentos a lo largo de las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas poscosecha, para 2030».
Champions 12.3 es una coalición de actores de los sectores público y privado que materializa la visión de este ODS al movilizar a gobiernos y empresas para abordar la pérdida y el desperdicio de alimentos. Mediante el enfoque «Fijar objetivos, medir y actuar"», se anima a países y empresas a fijar «objetivos» acordes con la meta de reducir a la mitad la pérdida y el desperdicio de alimentos para 2030, «medir» para identificar los puntos críticos de pérdida y desperdicio y hacer un seguimiento de los avances a lo largo del tiempo, y «actuar». Una de esas medidas clave es adoptar los principios de circularidad en los sistemas alimentarios.
Sin embargo, al reconocer que el mundo está lejos de alcanzar esta meta, la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios celebrada en septiembre de 2021 hizo un firme llamamiento a aprovechar el trabajo de Champions 12.3 y acelerar la acción. Propuso una serie de intervenciones políticas y programáticas, impulsadas mediante alianzas público-privadas que abarcan las cadenas de valor alimentarias y combinan múltiples medidas adaptadas a los contextos locales.

