El capital riesgo puede convertir los descubrimientos científicos en productos para pacientes de países de ingresos bajos y medios.
Ha transformado el mercado de los medicamentos para enfermedades raras, lo que ha reportado enormes beneficios a pacientes de todo el mundo.
La innovación sanitaria en países de ingresos bajos impulsada por un modelo de capital riesgo también podría beneficiar a los países de ingresos altos, que afrontan los mismos desafíos en materia de enfermedades.
Se han logrado avances importantes en la salud mundial en las últimas décadas: la tasa de muertes causadas por la malaria se ha reducido a la mitad, el VIH/sida ya no es una sentencia de muerte, y pronto podría decirse lo mismo del ébola, a juzgar por el éxito de los ensayos clínicos recientes. Se han salvado vidas y esto se ha traducido en prosperidad económica: las personas sanas pueden trabajar y mantener a sus familias.
Pese a estos avances, aún queda mucho por hacer para alcanzar el ODS 3 (salud y bienestar para todos). Uno de los principales desafíos es el enorme déficit de financiación: se estima que podría ascender a 370.000 millones de dólares al año.
Además de las enfermedades infecciosas, las enfermedades no transmisibles (ENT), como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, también suponen una gran carga para los países de ingresos bajos y medios (PIBM). Históricamente asociadas a las poblaciones de edad avanzada de los países de ingresos altos, hoy en día, cuatro de cada cinco pacientes con ENT viven en PIBM. La discrepancia entre las grandes necesidades médicas insatisfechas y el número de tratamientos disponibles es un ejemplo de manual de fallo del mercado. Las empresas innovadoras de los sectores farmacéutico y de dispositivos médicos han construido sus negocios en torno a terapias de precio elevado, dirigidas principalmente a los países de ingresos altos. En la actualidad, apenas 6.000 millones de dólares al año, menos del 5 % del gasto privado total en I+D, se destinan al segmento de la salud mundial. Pero los PIBM están alcanzando a los demás y pronto representarán la mitad de la economía mundial, por lo que hay muchos motivos para cuestionar ese modelo.

En los últimos años he invertido en empresas emergentes de ámbitos como el cáncer y las enfermedades raras, y he visto el poder del capital riesgo y del modelo de participación activa para convertir y transformar descubrimientos científicos prometedores en productos comerciales que mejoran la vida de las personas. Las enfermedades raras también se consideraban un segmento de mercado poco atractivo, pero, gracias a los incentivos regulatorios y a los precios elevados, se ha transformado: 31 de los 59 nuevos medicamentos aprobados por la FDA estadounidense en 2018 eran para enfermedades raras. El capital riesgo ha desempeñado un papel fundamental en esa transformación, al financiar tecnologías de alto riesgo aún no probadas y demostrar sus beneficios clínicos en pacientes.
¿Cómo podría el capital riesgo transformar la salud mundial?
Además de salvar vidas al ofrecer nuevas opciones de tratamiento a los pacientes, también puede contribuir al desarrollo económico de los PIBM. Los productos innovadores pueden ampliarse a distintas poblaciones y regiones, y lograr importantes mejoras en la salud en países con capacidad limitada para financiar la innovación por cuenta propia.
La idea de que los países de ingresos bajos y altos afrontan desafíos distintos en materia de enfermedades está cada vez más obsoleta; por eso, las innovaciones para los PIBM, como los medicamentos contra la diabetes de bajo coste, también podrían tener un impacto significativo en los países de ingresos altos. La inversión de impacto está ganando mucho terreno y la salud mundial es un gran ejemplo de cómo pueden coexistir los rendimientos financieros y sociales. Por último, el capital riesgo puede ayudar a atraer la atención de las grandes empresas hacia este segmento de mercado, en gran medida desatendido y aún por explorar.
Los críticos podrían sostener que el modelo de capital riesgo se basa en precios elevados y que los riesgos del desarrollo de productos no pueden compensarse en un entorno de bajo coste. Yo diría que sí es posible con algunos ajustes importantes a las herramientas tradicionales del capital riesgo. Se pueden emplear modelos de precios escalonados, incentivos regulatorios y enfoques innovadores para las ventas y el marketing. Ejemplos recientes del sector tecnológico han demostrado que las empresas respaldadas por Silicon Valley pueden alcanzar valoraciones de unicornio con productos que se utilizan principalmente en países de ingresos bajos.
El modelo de capital riesgo dista mucho de ser perfecto y no se propone como una solución única para todo el desafío de la salud mundial, pero la última década en las ciencias de la vida y la tecnología de consumo nos ha demostrado cómo puede contribuir a transformar industrias enteras. Hasta ahora, el concepto de capital riesgo para la salud mundial está en sus inicios y la Fundación Bill y Melinda Gates lleva la iniciativa. Para aprovechar todo el potencial del modelo de participación minoritaria del capital riesgo, deben incorporarse más fondos. A medida que aumenta rápidamente el capital destinado a la inversión de impacto, este podría ser un buen momento para transformar la salud mundial.

