Uno de cada cuatro médicos del Reino Unido está enfermo o en autoaislamiento.
La situación es similar en países de todo el mundo.
Los profesionales sanitarios expresan su preocupación por la falta de equipos de protección que reciben.
La pandemia de COVID-19 está sometiendo a los sistemas sanitarios de todo el mundo a una presión enorme.
Los confinamientos que ahora afectan a un tercio de la población mundial pretenden «aplanar la curva» de contagios para evitar que los hospitales se vean desbordados. Pero el virus también está atacando a los sistemas sanitarios desde otro frente: el personal sanitario.
En el Reino Unido, según el presidente del Royal College of Physicians, uno de cada cuatro médicos del Servicio Nacional de Salud (NHS) está de baja en este momento, ya sea por enfermedad o por estar en autoaislamiento. El 24 de marzo, un médico de atención primaria de Southend, una localidad del este de Inglaterra, se convirtió en el primer médico del Reino Unido en morir a causa de la enfermedad.
Por supuesto, no solo los médicos se ven afectados; una de cada cinco enfermeras del Reino Unido se ha tomado una baja para aislarse, según el Royal College of Nursing.
La situación es igual de preocupante en otros países. En Italia, casi uno de cada diez casos de COVID-19 corresponde a personal sanitario. En España, la cifra es aún mayor: 5.400 de los 40.000 casos confirmados del país (a 24 de marzo) correspondían a personal sanitario de primera línea. En China, durante la primera semana de marzo, la Comisión Nacional de Salud del país informó de que 3.300 trabajadores sanitarios se habían infectado.
Mientras tanto, en Estados Unidos, los datos equivalentes suelen ser incompletos o no se han hecho públicos, pero, según BuzzFeed News, profesionales sanitarios de todo el país informan de que muchos de sus colegas están enfermando.
La escasez mundial de equipos de protección individual (EPI), como mascarillas, pantallas faciales y guantes, aumenta la presión y la preocupación. El personal sanitario británico ha descrito el nivel de protección que tiene a su disposición como «inadecuado para su propósito» y ha advertido de que la falta de EPI pone sus vidas en riesgo; algunos médicos del Reino Unido han amenazado con dimitir debido a la escasez.
Mientras tanto, en Francia, un grupo de más de 600 médicos está demandando a una exministra de Sanidad y al actual primer ministro, a quienes acusa de no haber almacenado artículos como EPI y kits de pruebas cuando ya era evidente la magnitud de la crisis inminente.
Sin embargo, ya hay cambios en marcha. Fabricantes de todo el mundo están trabajando para producir mascarillas, guantes y otros suministros.
Además, varias iniciativas prometedoras podrían aliviar la presión tanto sobre los pacientes como sobre los sistemas sanitarios. Por ejemplo, una nueva prueba podría detectar si alguien ha desarrollado anticuerpos contra el coronavirus, lo que significaría que se ha infectado y ahora es inmune.
Alemania planea empezar a distribuir 100.000 de estas nuevas pruebas tan pronto como el mes próximo, y expedir «certificados de inmunidad» a quienes den positivo. Mientras tanto, el Reino Unido ha encargado millones de pruebas, que podrían estar «listas en cuestión de días».
Sin embargo, estas herramientas solo pueden aliviar la presión sobre los profesionales sanitarios, no eliminarla por completo. Hasta que se desarrolle una cura, los demás debemos reducir la presión todo lo posible y dar el único paso a nuestro alcance: quedarnos en casa y reducir nuevos contagios.

