Los políticos alemanes no hablan del virus como otras naciones. Esto es lo que significa

German Chancellor Angela Merkel arrives for a news conference following a meeting with international economic and financial organisations at the Chancellery in Berlin, Germany May 20, 2020, on the effects of the novel coronavirus COVID-19 pandemic. Odd Andersen/Pool via REUTERS - RC2GSG9JP84O
Merkle and other German politicians, hace avoided using military and war-like language to talk about COVID-19.Image: REUTERS
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  • A lo largo de la pandemia, los gobiernos de todo el mundo han utilizado comparaciones y metáforas militares para describir sus esfuerzos por contener el brote de coronavirus.

  • Alemania, a diferencia de la mayoría de otros países, ha evitado cualquier lenguaje de este tipo.

  • Dagmar Paulus, de University College London, explora por qué puede ser así y qué impacto está teniendo en el brote de coronavirus en Alemania.

Muchos líderes políticos de todo el mundo han recurrido a la imaginería del conflicto para describir la pandemia de coronavirus. En Francia, el presidente Emmanuel Macron dijo que su nación estaba en guerra con un enemigo invisible. En Estados Unidos, el presidente Donald Trump disfruta abiertamente con la idea de ser un “presidente en tiempos de guerra”. En el Reino Unido, el primer ministro Johnson ha hablado del virus como un “enemigo” e incluso ha dicho que “debemos actuar como cualquier gobierno en tiempos de guerra” para proteger la economía.

Pero en Alemania este tipo de lenguaje no circula. El virus no es un “enemigo” y el proceso de contenerlo no es una guerra. Quizá exista una tendencia entre los políticos alemanes a evitar las metáforas bélicas por razones históricas. Puede que haya la sensación de que no sienta bien, ni a nivel nacional ni internacional, que los líderes políticos alemanes hablen de guerra, aunque sea de forma metafórica.

Esto es especialmente así porque el partido de extrema derecha AfD ha tratado de ampliar los límites de lo aceptable en Alemania. Uno de sus líderes lamentó recientemente la pérdida de territorio de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, una postura que ha sido condenada por muchos, incluido el Consejo Central de Judíos de Alemania.

Así pues, la canciller alemana Angela Merkel no utiliza imaginería bélica al hablar del coronavirus. De hecho, casi no usa metáforas. Su primera gran intervención pública durante la crisis fue un discurso televisado el 18 de marzo. Las palabras de Merkel para describir la crisis fueron sencillas y directas. Habló de “esta situación”, “una tarea histórica” y un “gran desafío” por delante.

Cuando Merkel aludió al pasado, fue para expresar el deseo de no volver a él. Hizo referencia a su propia experiencia en la RDA durante su infancia al subrayar que la decisión de restringir las libertades democráticas no se había tomado a la ligera.

En un discurso ante el Parlamento alemán el 23 de abril, Merkel volvió a usar pocas metáforas. Calificó la situación actual de “prueba real”, “tiempos serios”, “crisis dramática” y “desafío gigantesco”. Las únicas expresiones figuradas que empleó fueron “terreno de hielo fino” y “carrera de larga distancia”. Estas metáforas evocan desafío, pero no combate.

Es cierto que las palabras drásticas y las declaraciones apasionadas nunca fueron el estilo de Merkel, pero otros políticos alemanes han adoptado un enfoque similar. Entre los 16 líderes regionales, dos han destacado especialmente en el debate sobre el coronavirus: el líder bávaro Markus Söder y Armin Laschet, de Renania del Norte-Westfalia.

Como la canciller, Söder utiliza sobre todo un vocabulario directo para describir el virus: es “un desarrollo exponencial”, una “crisis” y una “tarea”.

Markus Soeder en público con mascarilla. Image: EPA

Laschet también se ha pronunciado con firmeza en los debates sobre el coronavirus, posiblemente porque aspira a suceder a Merkel como canciller y quizá sienta la necesidad de dejar su huella. Usó un lenguaje bastante más dramático, pero aun así no llega a declarar la guerra. Habla de un “adversario” (pero no de un “enemigo”) y ha advertido de que la gente tiene que hacer sacrificios. A finales de abril, también había recurrido de nuevo a expresiones más neutrales: la “situación” y el “acontecimiento”.

Aunque los discursos de los políticos alemanes han sido en su mayoría fáciles de seguir e inequívocos, también ha habido cierta confusión. Al inicio del confinamiento, los distintos estados de la estructura federal del país adoptaron normas diferentes. Por ejemplo, cuando Baja Sajonia cerró las tiendas de bricolaje en marzo, se produjo un éxodo de personas hacia los estados vecinos donde seguían abiertas, lo que obligó a Baja Sajonia a dar marcha atrás.

Baja tasa de mortalidad

En general, parece que Alemania lo ha hecho comparativamente bien hasta ahora. El Gobierno alemán impuso medidas de contención el 17 de marzo, en una fase bastante temprana de la pandemia. En el momento de redactar este artículo, Alemania registraba 179.000 casos y 8.300 muertes, cifra muy inferior a la de muchos otros países europeos.

La respuesta de la opinión pública alemana ha sido mayoritariamente positiva. Los índices de aprobación de Merkel y de su partido, la CDU, de centro-derecha, han subido en las últimas semanas.

Sin embargo, una pequeña pero ruidosa minoría de manifestantes exige el fin de las medidas. Paradójicamente, están ganando fuerza en este momento, ahora que el confinamiento se ha relajado, aunque las medidas en Alemania fueron bastante leves en comparación con España, Italia o Francia.

Los manifestantes forman una alianza bastante extraña: algunos están preocupados por sus derechos democráticos o por la economía, pero otros son miembros de la extrema derecha, teóricos de la conspiración, antivacunas y antisemitas. La crisis financiera de 2008 muy probablemente contribuyó al auge de AfD. Ahora, con otra enorme recesión económica en el horizonte, es probable que aumente la amenaza del extremismo de derecha.

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