Por qué los seguros deben evolucionar de la transferencia del riesgo a su prevención

Engineers and members of the media stand next to a specially constructed five-storey building during an earthquake test in San Diego, California April 17, 2012: Investment in urban resilience and disaster preparedness is improving insurance premiums
Investment in urban resilience and disaster preparedness is improving insurance premiums.Image: REUTERS/ Mike Blake
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  • Debido a la creciente brecha de protección tras los desastres naturales, las primas de seguros están aumentando mientras que la cobertura disminuye, lo que obliga a muchas personas a abandonar las ciudades, que a su vez sufren económicamente.

  • Las ciudades colaboran con el sector privado para invertir en proyectos que aumenten la resiliencia urbana. A la par, las aseguradoras están reforzando sus capacidades para cuantificar el valor de prevenir desastres.

  • La Red de Ciudades Resilientes tiene un enfoque de seis componentes para hacer posible una respuesta a los desastres basada en carteras de proyectos de prevención en centros urbanos y ayudar a atraer financiación.

A medida que el impacto de un clima cambiante aumenta la presión sobre los costes de los siniestros, el modelo tradicional de seguros no logra satisfacer las necesidades de los consumidores ni de la sociedad.

Como millones de tejanos, mi casa familiar sufrió daños cuando, en febrero de 2021, la tormenta invernal Uri azotó el estado. La rotura de tuberías por las heladas provocó inundaciones generalizadas y viví en primera persona lo que afrontan nuestros clientes. No solo la pérdida inmediata, sino también las perturbaciones y la vulnerabilidad que vienen después.

Cuando suficientes empresas concluyen que trasladarse es preferible a asumir el aumento de los costes de los seguros, las ciudades se enfrentan al colapso.

Aunque los seguros existen para pagar indemnizaciones, a nadie le gusta tener que presentar una reclamación. Son situaciones estresantes y perturbadoras que, incluso cuando se resuelven rápidamente, nos llevan a preguntarnos: «¿Se podría haber evitado todo esto?»

Tradicionalmente, el sector de los seguros ha evolucionado según un modelo reactivo: cobrar primas, pagar reclamaciones y ajustar tarifas. Sin embargo, dado que el cambio climático aumenta la volatilidad y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, ahora tenemos la responsabilidad de examinar si este modelo sigue siendo sostenible.

Si no lo es, debemos preguntarnos cómo podemos mejorar nuestra respuesta ante los desastres con medidas eficaces de prevención.

La brecha cada vez mayor

Por quinto año consecutivo, las pérdidas aseguradas mundiales por catástrofes naturales superaron los 100.000 millones de dólares en 2024. Sin embargo, los seguros cubren apenas el 30 % de las pérdidas económicas totales causadas por desastres naturales.

El 70 % restante, conocido como la «brecha de protección», recae sobre gobiernos, empresas y personas que no están preparadas para asumir estos costes.

Durante la última década, el 60 % de las pérdidas por catástrofes se debió a los «peligros secundarios»: tormentas severas, incendios forestales e inundaciones que los modelos tradicionales han tenido dificultades para predecir. Los datos recientes revelan una dinámica preocupante: a medida que aumentan las primas, disminuye la cobertura.

Entre 2013 y 2022, se demostró que un aumento del 1 % en la prima reducía la cobertura del seguro en un 0,107 %. Los hogares de menores ingresos son los más afectados y se ven obligados a reducir sus niveles de cobertura.

Cuando suficientes empresas concluyen que trasladarse es preferible a asumir el aumento de los costes de los seguros, las ciudades se enfrentan al colapso. El valor de las garantías bancarias se desploma. Las bases tributarias se erosionan. Si el nivel de cobertura del seguro no basta para pagar la recuperación, algunos seguros resultan tan eficaces como no tener ninguno.

Informe sobre riesgos globales 2024: 3 de los riesgos de más rápido crecimiento a los que se enfrenta el mundo.
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Sin embargo, existe una alternativa. En el condado de Broward, Florida, las inundaciones recurrentes y un aumento del 400 % en los costes de los seguros llevaron a funcionarios y líderes empresariales a elaborar una estrategia de resiliencia.

Esta alianza de actores públicos y privados evaluó los riesgos y desarrolló soluciones, entre ellas la mejora de los sistemas de drenaje, zonas de almacenamiento y diques.

Después, consultores independientes calcularon el rendimiento de la inversión. En varios escenarios, las cifras demostraron que invertir en prevención era un buen negocio; en uno de ellos, el rendimiento de la inversión superó el 9 %.

Este proceso basado en datos llevó a grupos empresariales locales a debatir la aplicación de nuevos impuestos para financiar los proyectos, lo que demuestra cómo una planificación y un análisis exhaustivos pueden generar apoyo entre múltiples partes interesadas.

La gestión de carteras en la práctica

Ciudad del Cabo lo demuestra a gran escala. Desde 2016, en colaboración con la Red de Ciudades Resilientes, la ciudad ha elaborado una estrategia integral de resiliencia, que incluye una dirección que coordina la gestión de carteras, la gestión de riesgos, la ingeniería y la ciencia de datos.

La ciudad invirtió considerablemente en sistemas de gestión y desarrolló capacidades para hacer seguimiento de más de 2.000 proyectos a la vez. Esta infraestructura permitió alcanzar una tasa de recaudación de ingresos del 97 %, una de las más altas del mundo. La sólida recaudación de ingresos tranquilizó a los prestamistas, al demostrar que la ciudad podía atender sus deudas de forma fiable.

Una residente cruza una calle inundada tras el mal tiempo causado por un frente frío en Masiphumelele, Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el 11 de julio de 2024Image: REUTERS/Nic Bothma

En mayo de 2025, Moody’s mejoró la calificación crediticia de Ciudad del Cabo pese al aumento de los préstamos para infraestructura. Esto, a su vez, atrajo financiación de una amplia variedad de fuentes, incluidas organizaciones de desarrollo y bancos privados.

Estos ejemplos ilustran lo que la Red de Ciudades Resilientes denomina el «enfoque de cartera para la resiliencia urbana»: tratar la resiliencia urbana como un conjunto de inversiones interconectadas que refuerzan la capacidad de una ciudad para gestionar los riesgos y atraer capital.

Tras elaborar más de 90 estrategias de resiliencia en todo el mundo, la red ha pasado de la planificación a la implementación y ahora se centra en la financiación y la ejecución.

Los seguros como solución para la resiliencia

Para las aseguradoras, esta evolución exige nuevas capacidades. En colaboración con la Red de Ciudades Resilientes, ayudamos a las ciudades a crear marcos que permitan ampliar la financiación de la resiliencia.

Al combinar el conocimiento de los patrones de pérdidas con la experiencia en ingeniería, las aseguradoras pueden ampliar su oferta en una dirección totalmente nueva.

Cuando las empresas sufren daños por inundaciones, las aseguradoras no se limitan a pagar la restauración, sino que aprovechan sus capacidades de ingeniería para financiar tanto la restauración como las medidas de prevención. Todos salen ganando cuando se evitan pérdidas.

La tecnología avanzada potencia esta capacidad. Las imágenes satelitales, los sensores del internet de las cosas (IoT) y el análisis mediante IA permiten vigilar los riesgos y responder en tiempo real.

La creación de modelos de gemelos digitales de las ciudades permite a los expertos perfeccionar con mayor precisión sus estrategias de adaptación. Sobre todo, estas tecnologías cuantifican el valor de invertir en resiliencia y hacen que el argumento comercial resulte financieramente convincente.

Con las alianzas adecuadas entre ciudades, aseguradoras y la comunidad de resiliencia en general, podemos cerrar la brecha de protección, movilizar capital y construir centros urbanos verdaderamente resilientes para el futuro.

6 prácticas para la transformación

La Red de Ciudades Resilientes ha identificado seis prácticas fundamentales que permiten una resiliencia basada en carteras de proyectos:

  • Planificación integral para comprender los desafíos que afectan a sistemas interconectados.

  • Coordinación de las partes interesadas para involucrar desde las primeras etapas a quienes se ven afectados.

  • Estrategia de asignación de capital con capacidad de planificación a largo plazo.

  • Estrategia sólida de datos para calcular los rendimientos.

  • Gestión eficaz de proyectos para hacer seguimiento de las iniciativas.

  • Transparencia mediante informes periódicos y rendición de cuentas.

Las ciudades que aplican estas prácticas atraen financiación de forma constante.

No será fácil abordar los riesgos que los fenómenos meteorológicos cada vez más extremos plantean a las comunidades y las empresas. Las ciudades están en el centro de este desafío, pero con demasiada frecuencia carecen de la infraestructura y las políticas necesarias para aplicar soluciones a largo plazo.

Las aseguradoras deben pasar a primera línea y desarrollar soluciones de resiliencia que faciliten la recuperación y prevengan las pérdidas. Al aprovechar su experiencia técnica, solidez financiera y redes globales, pueden convertirse en verdaderas aliadas para integrar la resiliencia en el tejido de la sociedad.

Esto va más allá de proteger las ciudades después de un desastre. Se trata de definir su competitividad a largo plazo y su capacidad para crecer y prosperar.

Seguir retirándose es una alternativa insostenible. Sin embargo, una aseguradora que no puede pagar las reclamaciones no ayuda a nadie. La rentabilidad sostenible exige una gestión sostenible de los riesgos. El capital fluye hacia donde recibe un buen trato.

Con las alianzas adecuadas entre ciudades, aseguradoras y la comunidad de resiliencia en general, podemos cerrar la brecha de protección, movilizar capital y construir centros urbanos verdaderamente resilientes para el futuro. El mundo necesita los seguros, y lo que haga ahora el sector importa más que nunca.

También necesita un sector de los seguros que evolucione y pase de pagar los costes de los desastres a prevenirlos.

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