Nota: los datos incluidos son exactos a fecha de 06/02/23.
Un fuerte terremoto en Turquía, cerca de la frontera con Siria, ha causado una devastación generalizada y el número de víctimas mortales sigue aumentando.
Con una magnitud de 7,8, el terremoto del 6 de febrero es mucho mayor que los que había experimentado antes la zona.
Unas horas después, se produjo un segundo terremoto, de magnitud 7,5, en el centro de Turquía.
Esta región es propensa a los terremotos porque se encuentra en la intersección de tres de las placas tectónicas que conforman la corteza terrestre, explica una sismóloga.
Tras los grandes terremotos se producen fenómenos más pequeños, conocidos como réplicas, a medida que la corteza se reajusta a los cambios de tensión, afirma.
Ambos países esperan la llegada de ayuda internacional para apoyar las labores de rescate en curso.
Se ha producido un terremoto extremadamente fuerte en el sureste de Turquía, cerca de la frontera con Siria. Los datos de los sismómetros, que miden las sacudidas del suelo causadas por las ondas sísmicas, indican que este suceso, ocurrido a primera hora de la mañana del 6 de febrero, tuvo una magnitud de 7,8 sobre 10 en la escala de magnitud de momento. Los sensores de todo el mundo detectaron ondas sísmicas (puedes verlas cómo se propagan por Europa), incluso en lugares tan lejanos como el Reino Unido.
Fue un terremoto realmente fuerte.
Las sacudidas causadas por la energía que se desplaza hacia el exterior desde el origen o epicentro ya han tenido consecuencias terribles para quienes viven cerca. Muchos edificios se han derrumbado; se cree que al menos 2.000 personas han muerto en ambos países, y hay informes de daños en gasoductos que han provocado incendios.
Un segundo terremoto de gran intensidad de magnitud 7,5 también se produjo en el centro de Turquía hacia la hora del almuerzo.
Por qué ocurrió aquí
Esta zona de Turquía es propensa a los terremotos porque se encuentra en la intersección de tres de las placas tectónicas que conforman la corteza terrestre: las placas de Anatolia, Arábiga y Africana. Arabia se desplaza hacia el norte, en dirección a Europa, lo que empuja hacia el oeste a la placa de Anatolia (sobre la que se encuentra Turquía).
El movimiento de las placas tectónicas acumula presión en las zonas de falla situadas en sus límites. La liberación repentina de esa presión es lo que provoca los terremotos y las sacudidas del suelo.
Es probable que este último terremoto se produjera en una de las grandes fallas que marcan los límites entre las placas de Anatolia y Arábiga: la falla de Anatolia Oriental o la falla transformante del mar Muerto. Ambas son «fallas de desgarre», lo que significa que permiten cierto movimiento de las placas al deslizarse una junto a la otra.
«Mucho mayor» que los terremotos anteriores
Aunque esta zona registra muchos terremotos cada año debido al movimiento constante de las placas tectónicas, el de hoy es especialmente intenso y devastador, ya que liberó una gran cantidad de energía. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que desde 1970 solo se han producido tres terremotos de magnitud superior a 6 en un radio de 250 km de este lugar. Con una magnitud de 7,8, el terremoto del 6 de febrero es mucho mayor que los que había experimentado antes la zona y liberó más del doble de energía que el mayor terremoto registrado anteriormente en la región (magnitud 7,4).
Los sismólogos modernos utilizan la escala de magnitud de momento, que representa la cantidad de energía liberada por un terremoto (la escala de Richter está obsoleta, aunque a veces se cita erróneamente en las noticias). Esta escala no es lineal: cada incremento representa 32 veces más energía liberada. Esto significa que un terremoto de magnitud 7,8 libera en realidad alrededor de 16.000 veces más energía que los terremotos más moderados de magnitud 5 que suelen producirse en la región.
Solemos pensar que la energía de un terremoto procede de un solo punto, o epicentro, pero en realidad estos fenómenos se deben al movimiento a lo largo de una zona de falla. Cuanto mayor es el terremoto, mayor es el área de la falla que se ha desplazado. En un terremoto tan intenso como este, de magnitud 7,8, es probable que se produjera un desplazamiento en un área de unos 190 km de largo y 25 km de ancho. Esto significa que las sacudidas se sentirán en una zona muy extensa.
Se estima que 610.000 personas sintieron sacudidas de fuertes a violentas (suficientes para causar daños materiales importantes) en los alrededores, hasta unos 80 km hacia el noreste, a lo largo del límite de la placa tectónica. Se sintieron sacudidas leves en lugares tan lejanos como Estambul, la ciudad más grande de Turquía (a unos 815 km), así como en Bagdad, Irak (800 km), y El Cairo, Egipto (950 km).
¿Y las réplicas?
Tras los grandes terremotos se producen muchos terremotos más pequeños, conocidos como réplicas, a medida que la corteza se reajusta a los cambios de tensión. Pueden continuar durante días o años después del suceso inicial. En las primeras 12 horas tras el temblor inicial en el sureste de Turquía ya se habían producido otros tres terremotos de magnitud superior a 6,0. El primero, de magnitud 6,7, ocurrió apenas 11 minutos después del primer temblor, y se han producido cientos de réplicas de menor magnitud.
El segundo terremoto, de magnitud 7,5, se produjo más al norte, en un sistema de fallas distinto, pero adyacente: la falla de Sürgü. Técnicamente, fue lo bastante potente como para considerarse un terremoto independiente, aunque es probable que lo desencadenara el primero y que genere su propia serie de réplicas.
Aunque las réplicas suelen ser mucho menos intensas que el terremoto principal, pueden tener consecuencias igualmente devastadoras: causar más daños en infraestructuras ya dañadas por el primer terremoto y obstaculizar las labores de rescate.
Mientras las consecuencias de estos grandes terremotos siguen afectando a quienes viven en esta región, solo podemos esperar que la ayuda internacional llegue a Turquía y Siria lo antes posible para apoyar las labores de rescate en curso, en medio de las réplicas que continúan produciéndose.



