Es hora de una revolución de eficiencia humanitaria. Así se puede lograr

A Sudanese refugee girl from al-Fashir rests next to a burnt tree in the middle of the Tine transit camp, amid the conflict between the paramilitary Rapid Support Forces (RSF) and the Sudanese army, highlighting the humanitarian crisis in eastern Chad, November 23, 2025. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh TPX IMAGES OF THE DAY If you want, I can also make a slightly shorter, punchier version suitable for social media.
Satellite imagery, climate models and AI-driven risk mapping can help facilitate early humanitarian action.Image: REUTERS/Amr Abdallah Dalsh
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  • La Lista de Emergencias 2026 del Comité Internacional de Rescate advierte que el mundo está entrando en un «nuevo desorden mundial».

  • Casi 240 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria en 2026, pero la financiación mundial ha caído más de la mitad. ¿Cómo podemos brindar más protección con menos recursos, en lugares más difíciles y con mayores riesgos?

  • Es hora de que el sector humanitario trabaje de manera más inteligente con ayuda de nuevas herramientas, nuevas formas de financiar su labor y el apoyo del sector privado.

Vivimos en un mundo donde el progreso tecnológico se acelera, mientras que las salvaguardias políticas y humanitarias se deterioran aún más rápido. La Lista de Emergencias 2026 del Comité Internacional de Rescate advierte que el mundo está entrando en lo que llamamos un «nuevo desorden mundial», definido por mayores riesgos y una capacidad mundial cada vez menor para gestionarlos.

Los cambios de alianzas y los acuerdos transaccionales han dado lugar a un mundo con muchos líderes, pero sin liderazgo. El economista estadounidense Charles Kindleberger destacó lo que ocurre cuando un sistema carece de liderazgo: cuando ningún actor sostiene el sistema mundial, todos sufren y los más vulnerables son, inevitablemente, quienes más sufren.

Las cifras hablan por sí solas: casi 240 millones de personas necesitarán ayuda humanitaria en 2026, pero la financiación mundial ha caído más de la mitad. Los conflictos son más numerosos que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial. Seis países se enfrentan a niveles catastróficos de hambre y más de 117 millones de personas han sido desplazadas por la fuerza. Sudán, que encabeza la Lista de Emergencias por tercer año consecutivo, atraviesa ahora la mayor crisis humanitaria jamás registrada: no es una excepción, sino un reflejo del desorden que se extiende por distintas regiones.

A pesar de esta realidad, los donantes están retirando su apoyo a un ritmo asombroso. Solo en 2025, USAID canceló el 83 % de sus programas humanitarios. También han reducido su apoyo importantes donantes bilaterales, como Alemania, Francia y el Reino Unido. No se trata solo de un déficit: es una divergencia peligrosa. Además, esto plantea una pregunta decisiva: ¿cómo podemos brindar más protección con menos recursos, en lugares más difíciles y con mayores riesgos? La respuesta debe ser nada menos que una revolución de la eficiencia humanitaria.

Seis países se enfrentan a niveles catastróficos de hambre y más de 117 millones de personas han sido desplazadas por la fuerza.Image: Statista

Sabemos qué funciona: la asistencia en efectivo, los tratamientos simplificados contra la malnutrición, la inmunización y la acción climática anticipatoria son sistemáticamente rentables y transformadoras. El reto consiste en concentrar los recursos en estas soluciones que sabemos que son eficaces.

Así se puede lograr:

1. Trabajar de manera más inteligente: tecnología, IA y el poder de la previsión

En la labor del IRC y de nuestros socios, empezamos a ver que el sector humanitario trabaja de manera más inteligente y aprovecha nuevas herramientas para lograrlo.

  • Análisis predictivo: ya no podemos permitirnos un modelo que espere a que estallen las crisis. En Somalia y Nigeria, los equipos del IRC utilizan imágenes satelitales, modelos climáticos y mapas de riesgos basados en IA para prever inundaciones y sequías, y posicionar con antelación suministros, personal y alertas comunitarias. Está demostrado que este tipo de acción temprana ofrece un retorno de la inversión de hasta 7:1 en comparación con las respuestas reactivas tradicionales.

  • Uso de IA, mensajes de texto e internet para coordinar la respuesta a las crisis: en zonas de conflicto donde las autoridades están fragmentadas o son inaccesibles, las herramientas digitales se están convirtiendo en la columna vertebral de la coordinación humanitaria. Estas herramientas pueden ayudar al personal de primera línea a comprender los desplazamientos de población, las deficiencias de la cadena de suministro y los desafíos inmediatos que afrontan las comunidades. La recopilación de datos mediante dispositivos móviles acelera la prestación de servicios en zonas remotas o de acceso restringido.

Estas herramientas ya existen, pero su adopción es desigual, su financiación insuficiente y su potencial sigue en gran medida desaprovechado.

2. Financiación innovadora: liberar capital para contextos frágiles

Una revolución de la eficiencia humanitaria debe ir acompañada de una revolución financiera y de nuevas formas de financiar nuestra labor. Seguiremos señalando a los gobiernos lo desacertado de sus recortes a la ayuda, pero también debemos adoptar nuevas formas de obtener financiación.

Los seguros paramétricos ofrecen pagos rápidos y acordados de antemano cuando se cumplen condiciones desencadenantes, como ciertos umbrales de precipitaciones o fenómenos sísmicos. En los Estados frágiles, donde los retrasos burocráticos pueden costar vidas, este modelo ofrece rapidez, transparencia y una buena relación calidad-precio. Sin embargo, las primas siguen siendo prohibitivamente altas si no cuentan con el respaldo de los donantes.

Otra opción son los canjes de deuda por acción climática y salud. Muchos Estados afectados por crisis están abrumados por cargas de deuda que eliminan el margen fiscal para la adaptación climática o la inversión en salud pública. Los canjes de deuda permiten redirigir los pagos hacia infraestructuras de resiliencia, una herramienta fundamental para los países excluidos de la financiación climática tradicional.

3. Un llamado a la acción: el sector privado como socio para la innovación

La pregunta no es solo cuánto dinero hay disponible, sino cómo se gasta. Solo una cuarta parte de la ayuda mundial llega a los Estados frágiles y afectados por conflictos, aunque en ellos se concentra más del 80 % de las necesidades humanitarias. Esto se puede resolver.

El IRC pide que el 60 % de la Asistencia Oficial para el Desarrollo se destine a Estados frágiles y que el 30 % se dirija específicamente a los países incluidos en la Lista de Emergencias 2026. Pedimos financiación directa para la sociedad civil y los equipos de respuesta locales, que suelen estar en mejores condiciones para actuar en contextos de conflicto, y solicitamos financiación flexible y plurianual que permita adaptarse a medida que evolucionan las crisis.

Por último, pedimos al sector privado que sea nuestro socio para la innovación. El sector humanitario necesita más que dinero: necesita capacidades. El sector privado cuenta con herramientas que pueden acelerar el impacto a gran escala, desde modelos de IA, plataformas de datos y sistemas de pago hasta análisis de riesgos climáticos e infraestructura satelital y de conectividad.

Las alianzas deben ir más allá de la filantropía y avanzar hacia proyectos codiseñados, mecanismos de reparto de riesgos y colaboraciones a largo plazo que fortalezcan los sistemas de respuesta a las crisis.

Evaluación del Comité Internacional de Rescate (IRC) de los 20 países con mayor riesgo de sufrir emergencias humanitarias nuevas o agravadas cada añoImage: Comité Internacional de Rescate/Lista de Emergencias 2026

Del colapso a la transformación

El nuevo desorden mundial ya no es una previsión: ha llegado. Pero, aunque los sistemas flaqueen, no estamos indefensos. Podemos construir un modelo humanitario más inteligente, rápido y eficiente, que aproveche la innovación para brindar protección allí donde más se necesita.

El reto ahora es colectivo: los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado deben formar una nueva coalición con un propósito común, basada no en los supuestos del orden de posguerra, sino en las realidades actuales. No por caridad, sino por interés propio bien entendido, porque el desorden es contagioso y la estabilidad es un bien común.

Lo que decidamos hacer ahora determinará si afrontamos este momento con visión o nos replegamos.

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