Los datos disponibles para los responsables de políticas y los programadores sobre desplazamiento han aumentado en los últimos años.
El Acuerdo Marco para el Intercambio de Datos aumentará la capacidad de respuesta de los programas para las personas desplazadas por la fuerza.
Los datos sobre los desplazados internos son un ámbito que aún presenta carencias.
En el libro de Isabel Allende Un largo pétalo de mar, el protagonista principal es rescatado, junto con otros 2.000 refugiados, de la guerra civil española en un barco con destino a Chile. A pesar de “una prueba tras otra”, se convierte en un médico muy cualificado en su país de acogida. El Informe sobre el Desarrollo Mundial de este año, que se centra en los migrantes y los refugiados, comienza con una leyenda parsi en la que los sacerdotes convencen a un gobernante local para que acepte a los refugiados porque “se disolverían en la vida como el azúcar se disuelve en la leche, endulzando la sociedad sin alterarla”.
Aunque ambas historias son ficticias, la vida también está llena de ejemplos reales. La película reciente Las nadadoras retrata a dos hermanas sirias que nadaron parte del trayecto a través del Mediterráneo, remolcando consigo un bote lleno de personas desesperadas. Pero, aunque las historias inspiradoras son un buen punto de partida, los responsables de políticas necesitan datos y pruebas en los que basar sus decisiones, sobre todo en un tema con un impacto tan generalizado como el desplazamiento forzado.
Cuando se me pidió que estableciera el Centro Conjunto de Datos sobre Desplazamiento Forzado (JDC, por sus siglas en inglés) del Banco Mundial y ACNUR en 2019, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) informó de que 64 millones de personas habían sido desplazadas por la fuerza. Para ayudar a los responsables de políticas y a los programadores a responder a este problema, nuestro objetivo era mejorar la recopilación, el análisis, la difusión y el uso de datos socioeconómicos.
Cuatro años después, el desplazamiento forzado no ha hecho más que aumentar, y el número de personas obligadas a huir supera los 110 millones. Mientras surgen nuevos desplazamientos en lugares como Ucrania y Sudán, otros importantes, en África Occidental y América del Sur, continúan. La mayoría de nosotros nos sentimos impotentes ante estas catástrofes, pero podemos influir en la respuesta. El JDC se centra en mejorar los datos de los que disponen los responsables de políticas para que su respuesta al desplazamiento forzado se base en hechos, no en ficciones.
Desde 2019, se han puesto a disposición muchos más datos sobre las personas obligadas a huir. Quizás el cambio más significativo que el JDC ha introducido en el panorama de los datos sobre desplazamiento sea haber mediado para alcanzar el Acuerdo Marco para el Intercambio de Datos. Este acuerdo, firmado por el Banco Mundial y ACNUR en junio de este año, permitirá que los datos de ambas organizaciones se compartan entre ellas, de forma más rápida y segura.
Aunque esto ya se había producido en algunos países, como Jordania y Afganistán, llegar a esos acuerdos solía ser largo y engorroso. El nuevo marco mejorará la capacidad de respuesta de los programas para las personas desplazadas por la fuerza y reducirá el tiempo necesario para generar las pruebas que requieren las reformas de políticas.
Pero, ¿qué ocurre con quienes están fuera de estas dos organizaciones? También existe una gran cantidad de datos sobre desplazamiento forzado que se han puesto y se siguen poniendo a disposición de la comunidad más amplia de responsables de políticas, profesionales e investigadores.
La biblioteca de microdatos de ACNUR, que fue creada y mantenida con el apoyo del JDC, alberga ahora más de 600 conjuntos de datos. Las oficinas nacionales de estadística de Chad, la República Centroafricana, Uganda, Etiopía, Honduras, Yibuti, Perú y Kenia están ampliando sus censos y encuestas nacionales para incluir a refugiados o desplazados internos, y proporcionan los datos resultantes a los responsables de políticas de esos países.
Esta abundancia de datos ha impulsado un aumento exponencial de la cantidad de investigaciones sobre desplazamiento forzado. En los últimos dos años, se han publicado casi 500 artículos sobre desplazamiento forzado en el ámbito de la economía, un marcado contraste con el período comprendido entre 1940 y 2009, cuando solo se publicaron 189 artículos. Gran parte de estas investigaciones respalda la idea de que los refugiados suponen más un beneficio económico que una carga. Y, cada vez más, vemos pruebas de que los responsables de políticas están utilizando los datos y las pruebas que se han generado.

A medida que han proliferado los datos y las pruebas sobre desplazamiento forzado, el JDC ha procurado garantizar que la calidad de esta información se preserve, en el mejor de los casos, y, si es posible, se mejore. Esto se ha concretado en nuestro apoyo al Grupo de Expertos en Estadísticas sobre Refugiados, Desplazados Internos (personas desplazadas internamente) y Apátridas (EGRISS).
Integrado por miembros de 56 autoridades nacionales de estadística de regiones y países afectados por el desplazamiento forzado y la apatridia, y de 36 organizaciones regionales e internacionales, EGRISS elabora recomendaciones sobre normas para las estadísticas internacionales. Respaldadas por la Comisión de Estadística de las Naciones Unidas, estas normas ayudan a garantizar que las estadísticas sobre las personas desplazadas por la fuerza y apátridas sean comparables a lo largo del tiempo, entre distintas poblaciones y zonas.
Todo este trabajo revela que, en lo que respecta a los datos y las pruebas sobre desplazamiento forzado, persisten lagunas. Por ello, en mayo pasado, el JDC reunió a un grupo de expertos para determinar exactamente dónde están los vacíos y cómo cubrirlos.
El grupo concluyó que los datos sobre los desplazados internos presentan lagunas evidentes y que, en países afectados por la fragilidad, los conflictos y la violencia, como la República Democrática del Congo, Etiopía, Níger, Sudán, Siria y Yemen, también se necesitan muchos más datos. Esto era algo que habíamos previsto cuando, seis meses antes, reunimos a varios científicos de datos expertos para analizar cómo pueden aplicarse herramientas de datos innovadoras en estos contextos.


