Uno de los muchos puntos de interés de este año en el Informe sobre riesgos regionales para hacer negocios, publicado hoy, es la clara diferencia entre lo que preocupa a los líderes empresariales de las economías avanzadas y lo que preocupa a sus homólogos de los países de mercados emergentes.
Los directivos de las economías avanzadas están especialmente preocupados por las amenazas tecnológicas, según la Encuesta de Opinión Ejecutiva de 2019, que forma parte del informe. La prominencia perenne de los riesgos relacionados con el ciberespacio no sorprende, dados los vectores de ataque en evolución que desarrollan los delincuentes y los actores patrocinados por Estados, en un momento en que las empresas están más expuestas debido a los modelos de negocio digitales, la dependencia de la nube y el amplio acceso de los proveedores a sus sistemas de TI.
Los ciberataques no solo siguieron siendo el riesgo número uno para las empresas de Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y Alemania, sino que también superaron a todos los demás riesgos en Francia e Italia para ocupar por primera vez el primer puesto.
Al mismo tiempo, los líderes empresariales también tuvieron en cuenta una gama más amplia de riesgos tecnológicos. Este cambio es más notable en Estados Unidos, donde el colapso de la infraestructura crítica de información y el uso indebido de la tecnología subieron 15 y 16 puestos, respectivamente, y estas preocupaciones también crecieron significativamente en Alemania e Italia. Cuestiones como la gradual balcanización de internet, la continua proliferación de noticias falsas, los planes emergentes para el despliegue generalizado de criptomonedas y la confusión en la implantación de las redes 5G probablemente explican estos fuertes ascensos.
El optimismo anterior sobre el crecimiento económico mundial sostenido ha sido reemplazado por la ansiedad ante una caída repentina, cuyos efectos pueden verse agravados por el largo periodo de dinero barato y el todavía insatisfactorio estado de los balances del sector público. El fantasma de una caída repentina de los precios de los activos atormenta a los líderes empresariales de Francia y Alemania, mientras que la posibilidad de crisis fiscales es una preocupación destacada para los directivos australianos y japoneses.
La confianza se ha visto mermada por relaciones internacionales más conflictivas, debido a relaciones comerciales más problemáticas entre Estados Unidos y China, a un nuevo deterioro de la situación geopolítica en el Golfo y a una mayor tensión entre las economías del norte de Asia, así como por la posibilidad de un Brexit desordenado.
El último grupo de riesgos para estos directivos se relaciona con los fenómenos meteorológicos extremos y las catástrofes naturales. Estos figuran entre los diez primeros tanto para los directivos de Norteamérica como para los de Asia-Pacífico, especialmente Japón en el caso de estos últimos. La probabilidad de un aumento en la incidencia de eventos costosos y disruptivos ha puesto en primer plano estos riesgos ambientales.
Perspectivas de los mercados emergentes
Los líderes empresariales de los países de mercados emergentes siguen centrados en los desafíos clave que obstaculizan el desarrollo económico nacional y, al mismo tiempo, en los que resultan del bajo desempeño económico.
El desempleo masivo sigue siendo un tema principal para muchos directivos, especialmente en África Subsahariana, donde las economías no han seguido el ritmo del crecimiento de la población; ocupó el primer lugar en 21 de los 33 países de la región. Pero el desafío no es exclusivo de esta parte del mundo; también ocupa un lugar destacado en los países de América Latina, Oriente Medio y el norte de África, y el sur de Asia.
La ausencia o insuficiencia de infraestructura física también representa un desafío clave. Las carencias de inversión en África, por ejemplo, se estiman en 108 000 millones de dólares en 2018, mientras que el Banco Asiático de Desarrollo ha proyectado que la inversión del orden de 1,7 billones de dólares al año será necesaria para el desarrollo de Asia durante la próxima década.
La combinación de estas vulnerabilidades económicas y de instituciones políticas tradicionalmente más débiles ha exacerbado la inestabilidad social, que destaca notablemente. La tensión sociopolítica derivada de una baja confianza en el gobierno, de larga data, ha desembocado en muchos países en protestas masivas. Aunque los factores impulsores y los detonantes pueden diferir entre naciones, las poblaciones frustradas y enfadadas están cada vez más decididas a tomar posición.
¿Son tan distintas las narrativas?
Existe más coincidencia entre los riesgos que enfrentan las empresas de las economías avanzadas y las de los países de mercados emergentes de lo que sugiere quizás la lista de principales preocupaciones, incluso si las crisis fiscales y los shocks en los precios de la energía figuran en ambas listas de los diez primeros.
Por supuesto, los directivos de las naciones más ricas también se ven afectados por deficiencias en la gobernanza nacional, y subestimar las consecuencias del descontento popular es arriesgado. Cómo podría evolucionar esto en caso de una desaceleración económica es una pregunta interesante. Por el contrario, los directivos de los países de mercados emergentes podrían mirar más allá del horizonte y prestar mayor atención a las amenazas tecnológicas en desarrollo y a las catástrofes ambientales, que con el tiempo podrían resultar muy disruptivas para sus ambiciones, si no se anticipan bien.
En definitiva, los resultados de la encuesta de este año muestran que los líderes empresariales lidian con una serie de volatilidades políticas y geoeconómicas, cuyas vertiginosas interacciones y repercusiones pueden deparar sorpresas y shocks de todo tipo. Mientras el mundo avanza a toda prisa hacia 2020, la capacidad de conectar pequeños temblores con el panorama general y sus implicaciones empresariales será una base fundamental para la resiliencia.



