Los panelistas de dos sesiones de la Reunión Anual de este año debatieron el equilibrio que debe alcanzarse para abordar la desinformación en línea.
Las complejidades —frenar la desinformación y preservar la libertad de expresión— dificultan alcanzar un consenso.
Surgieron cinco prioridades sobre cómo avanzar de forma proactiva.
Los días en que las teorías conspirativas, la desinformación y las noticias falsas estaban confinadas a los márgenes de internet han quedado atrás. Ahora forman parte del debate global general, influyen en las elecciones, alteran los mercados y ponen a prueba los límites de la libertad de expresión. Como reveló el Informe sobre Riesgos Globales 2025 del Foro Económico Mundial, la desinformación sigue siendo el principal riesgo a corto plazo por segundo año consecutivo. Tiene el poder de erosionar la confianza, profundizar las divisiones y debilitar la gobernanza y la cooperación mundial. Dado que la regulación sigue rezagada frente al rápido ritmo del cambio tecnológico, el riesgo no solo persiste, sino que crece.
En la Reunión Anual del Foro Económico Mundial de este año, dos sesiones clave —Verdad frente a mito en las elecciones y ¿Moderar o no moderar?— analizaron los crecientes desafíos de la desinformación, los dilemas de la moderación de contenidos y el frágil equilibrio entre la integridad democrática, los derechos humanos y la innovación tecnológica. Aunque los panelistas coincidieron en que la trayectoria actual es insostenible, queda por saber si se puede forjar un consenso en medio de las complejidades a las que se enfrentan las plataformas digitales: equilibrar su responsabilidad de frenar los contenidos nocivos sin socavar la libertad de expresión ni polarizar aún más a las sociedades.
Desinformación: una amenaza para la democracia
En 2024, el 50% de la población mundial acudió a las urnas, mientras los relatos falsos y la información engañosa moldeaban los panoramas políticos de todo el mundo y profundizaban la fragmentación geopolítica.
El caso de Moldavia es ilustrativo. Su primer ministro, Dorin Recean, describió cómo redes extranjeras de desinformación interfirieron en las elecciones de su país al difundir ultrafalsificaciones generadas por IA que mostraban a niños con uniformes militares junto a banderas de la UE y afirmaban falsamente que la integración en la UE conduciría a la guerra. La desinformación no se limita a las mentiras. Tiene que ver con el miedo, las emociones y la división. «Intentan asociar la UE con la guerra y dicen: “Miren lo que pasa en Ucrania. Si quieren la UE, les ocurrirá lo mismo en Moldavia”», advirtió Recean, y añadió que se invirtió el 2,5% del PIB de Moldavia en ataques de desinformación.

Gobernanza y moderación: normas fuera de línea, realidades en línea
A medida que los gobiernos empiezan a comprender las implicaciones del impacto de la desinformación, la Ley de Servicios Digitales (DSA) de la Comisión Europea se perfila como el referente en los debates sobre rendición de cuentas. «Lo que es ilegal fuera de línea debe ser ilegal en línea», declaró Jean-Noël Barrot, ministro para Europa de Francia. «La transparencia de los algoritmos no es negociable», sostuvo. «En Francia, los comentarios racistas u homófobos son ilegales y pueden ser juzgados por un tribunal, por lo que las plataformas deben seguir las mismas normas en línea. En lo que respecta a la información errónea, la DSA exige que las plataformas tomen medidas para reducir los riesgos sistémicos asociados a la desinformación. Esto es cada vez más esencial, especialmente teniendo en cuenta cómo interactúan las generaciones más jóvenes con la información».
Sin embargo, Sasha Havlicek, del Institute for Strategic Dialogue, advirtió contra las simplificaciones y señaló que los actores malintencionados explotan la apertura de las plataformas digitales y recurren a tácticas engañosas, como las redes de bots y las cuentas falsas, para distorsionar el discurso público de maneras invisibles para el usuario promedio. «La infraestructura algorítmica amplifica aquello que tiene más probabilidades de captar tu atención. El modelo de negocio de la economía de la atención amplifica de forma desproporcionada lo más sensacionalista y extremo, en lugar de lo moderado», afirmó.
Moderar a miles de millones de usuarios no es tarea fácil. La moderación de contenidos sigue siendo técnicamente compleja y políticamente controvertida. Tan solo en 2024, las principales plataformas moderaron 1.600 millones de piezas de contenido, según Michael McGrath, comisario europeo de Democracia, Justicia y Estado de Derecho. «Hay que proteger la libertad de expresión, y eso no admite discusión. No es negociable. Pero existen salvaguardias para encontrar el equilibrio adecuado», añadió.
La moderación a gran escala conlleva dificultades. Tirana Hassan, exdirectora ejecutiva de Human Rights Watch, destacó que las políticas de moderación deben basarse en los principios de derechos humanos para evitar que se haga un uso indebido de ellas. «La moderación debe proteger, no silenciar. Una regulación excesiva puede propiciar el control autoritario», afirmó. «Invertir en una buena moderación de contenidos, tanto digital como humana, puede permitir cumplir las obligaciones legales. No hay contradicción», señaló. Tirana también subrayó la necesidad de proteger a los grupos vulnerables en línea y observó que, en algunos casos, se los había incitado y expuesto en plataformas, con riesgo de sufrir daños físicos e incluso desplazamiento.
Volker Türk, alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, advirtió que «muchos de estos productos terminan en situaciones de crisis o conflicto, donde existe una responsabilidad mayor de garantizar que no se utilicen para deshumanizar ni alimentar más violencia».
IA: ¿amplificador o solución?
Mientras tanto, las empresas tecnológicas se enfrentan a una paradoja. La IA generativa ha amplificado la propagación de contenidos falsos y engañosos, pero también promete ayudar a identificarlos y filtrarlos. Algunos de estos desafíos se derivan de la estructura de las plataformas y de unos algoritmos que a menudo amplifican contenidos de maneras con consecuencias sociales imprevistas.
Según Havlicek, los algoritmos que priorizan la interacción promueven la polémica por encima del contenido. «Debido a la economía de la atención, no estamos en un entorno de libertad de expresión. Es un entorno seleccionado, en el que los gigantes tecnológicos deciden en última instancia lo que ves, basándose en los datos que recopilan y el dinero que van a ganar», afirmó.
Y la culpa no es solo de las instituciones. Según el Barómetro de confianza Edelman 2025, a nivel mundial, el 40% afirma aprobar el activismo hostil, que incluye atacar a personas en línea o difundir desinformación deliberadamente como herramienta legítima para impulsar el cambio. Esta actitud predomina especialmente entre los encuestados de 18 a 34 años: el 53% afirma que aprobaría difundir desinformación deliberadamente por una causa que apoya. Esta tendencia alarmante refleja una crisis de confianza cada vez más profunda. Ahora, las personas adoptan tácticas que antes se consideraban poco éticas.
Cinco prioridades para lo que viene
Estas dos sesiones en Davos no solo analizaron el impacto de la desinformación y cómo moderar los contenidos en las redes sociales, sino que también ofrecieron orientación. Estas son algunas prioridades clave que surgieron para abordar los desafíos de la desinformación:
La transparencia como herramienta: Las plataformas deben permitir que se examine cómo se promocionan los contenidos. «Cuando los regímenes autoritarios responden con censura, debemos responder con una transparencia rigurosa. Eso significa facilitar el acceso a los datos para la investigación independiente, de modo que podamos evaluar el impacto de estos sistemas en el discurso público», afirmó Havlicek.
Alfabetización mediática: La educación y el pensamiento crítico son las mejores defensas contra la desinformación. «Enseñar a los jóvenes a distinguir lo fiable de lo que no lo es resulta útil y necesario. Pero debe hacerse sin sesgos. Se trata de enseñar a las personas a pensar por sí mismas», afirmó Almar Latour, director ejecutivo de The Wall Street Journal.
Gobernanza multipartita: Los gobiernos, el sector tecnológico y la sociedad civil deben crear conjuntamente normas que protejan tanto la libertad de expresión como la seguridad. La moderación debe proteger, no suprimir. Pero sin transparencia, corremos el riesgo de cambiar la desinformación por otro tipo de distorsión: una en la que solo unos pocos decidan qué es visible. «Necesitamos espacios públicos abiertos donde podamos debatir basándonos en hechos, pruebas y ciencia, para encontrar las soluciones políticas que el mundo necesita con tanta urgencia», añadió Türk.
Diseño ético de la tecnología: Las plataformas deben dar prioridad a la seguridad, ya que casi el 50% de los niños se encuentran accidentalmente con contenidos nocivos. «Estamos creando un espacio positivo de internet, privado y exclusivo para usuarios menores de 16 años. Para nosotros era muy importante garantizar la seguridad de nuestros usuarios más vulnerables», afirmó Wanji Walcott, responsable de Asuntos Jurídicos y Empresariales de Pinterest. Iain Drennan, de WeProtect Global Alliance, se hizo eco de la urgencia de proteger a los menores y pidió «seguridad desde el diseño para que la regulación esté bien diseñada».
Moderación equilibrada de contenidos: Una moderación eficaz requiere un enfoque matizado que fomente la libertad de expresión y, al mismo tiempo, prevenga daños. «La libertad de expresión no es absoluta. Se necesitan ciertas restricciones para proteger a las personas más vulnerables. La moderación y la responsabilidad de las plataformas digitales también son importantes para garantizar que el modelo de negocio, las políticas y la tecnología se ajusten a los derechos humanos internacionales», afirmó Hassan.
La verdad no se moderará por sí sola
Los periodistas y las organizaciones de la sociedad civil deben desempeñar un papel crucial en la lucha contra la desinformación mediante el periodismo de investigación, la verificación de datos y las iniciativas de educación pública. Latour destacó la importancia de preservar la independencia editorial y la transparencia para recuperar la confianza pública en los medios. «Decir que la desinformación no tuvo un papel importante el año pasado [en relación con las elecciones] es grotesco. Eso es información errónea», añadió.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para mejorar la seguridad en línea?
En una era dominada por la amplificación algorítmica y los contenidos sintéticos, combatir la desinformación exige algo más que soluciones tecnológicas o marcos regulatorios. Requiere una responsabilidad compartida, basada en el pensamiento crítico, la transparencia y la resiliencia.
El debate abierto es vital para la democracia. Recuperar la confianza no consiste en alcanzar un consenso. La lucha por la verdad no consiste en «ganar». Consiste en propiciar entornos donde puedan coexistir perspectivas diversas sin hostilidad.


