Cómo construir países más resilientes tras la pandemia de COVID-19

Image: Landon Arnold/Unsplash
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En 2020, el mundo fue testigo de lo que ocurre cuando un riesgo global se convierte en realidad. Los casos confirmados de COVID-19 ya han superado los 95 millones en todo el mundo, con más de 2 millones de muertes. Millones de personas más se enfrentan a los efectos económicos de la pandemia, y los más vulnerables del mundo sufren las peores consecuencias.

Sin embargo, la pandemia, devastadora en sí misma, también agravó algunos desafíos y desvió la atención de otros. A corto plazo, COVID-19 agudiza algunos peligros claros e inmediatos: crisis de medios de subsistencia, erosión de la cohesión social y disminución de la confianza global. A largo plazo, persisten desafíos existenciales, como la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos, la contención de los conflictos geopolíticos y la gestión tanto de las brechas digitales como de los efectos de la aceleración del avance tecnológico.

A pesar del notable ritmo del desarrollo de vacunas y de su producción, la pandemia de COVID-19 deja claro que las estrategias puramente reactivas frente a riesgos de larga data son insuficientes. Con una mayor preparación nacional y una coordinación internacional, algunos de los peores efectos de la pandemia podrían haberse evitado. Ahora está claro que los riesgos globales pueden desestabilizar a países y comunidades de innumerables maneras. Esto supone a la vez un desafío y una oportunidad. Si bien el panorama de riesgos es más sombrío que hace un año, también existe un mayor impulso para construir una sociedad más inclusiva y sostenible, y más preparada para hacer frente a los riesgos globales.

Abordar la desigualdad de ingresos y las crisis de empleo

Los sectores de la sociedad que ya corrían el riesgo de quedar rezagados antes de la pandemia son ahora los más propensos a quedar excluidos de la recuperación. Según el último Informe de Riesgos Globales 2021 del Foro Económico Mundial, una encuesta realizada a más de 650 expertos, responsables políticos y líderes empresariales, las “enfermedades infecciosas” encabezan la lista de amenazas críticas a corto plazo para el mundo, seguidas de las “crisis de medios de subsistencia”. Mientras las ondas de choque de la pandemia siguen repercutiendo en las plantillas y las empresas, y los mercados se adaptan a una economía cambiante, surgirán nuevas desigualdades. Preocupantemente, se prevé que la recesión mundial sitúe en la pobreza extrema a hasta 150 millones de personas más. Gestionar estos riesgos debe ocupar un lugar prioritario en la agenda de los líderes.

Image: Foro Económico Mundial, Informe de Riesgos Globales 2021

Apoyar a una generación marcada

Si bien todas las generaciones se han visto afectadas por la crisis, los jóvenes enfrentan riesgos excepcionales, con nuevas barreras para la educación y la movilidad social, además de un mayor desgaste de la salud mental. De hecho, 51 % de los jóvenes de 112 países cree que sus avances educativos se han retrasado debido a la pandemia. Las mujeres también se han visto muy afectadas por las repercusiones de la COVID-19, ya que 70 % de las mujeres trabajadoras de nueve de las mayores economías del mundo creen que sus carreras se verán ralentizadas por las disrupciones provocadas por la pandemia. Apoyar a los “pandemiales” y garantizar una recuperación con igualdad de género será fundamental para introducir equidad en la economía posterior a la pandemia. Al mismo tiempo, los sistemas educativos deben adaptarse de inmediato a las necesidades de los estudiantes en un futuro digital.

Desplegar la tecnología en beneficio común

Las desigualdades solo se profundizarán si no se abordan las brechas digitales a corto plazo. Desde el trabajo automatizado y los sesgos algorítmicos hasta la falta de acceso a internet y las campañas de desinformación a gran escala que impulsan la polarización, las brechas digitales adoptan muchas formas. La pandemia de COVID-19 ha acelerado el ritmo de la automatización, con la mitad de todos los empleados que necesitarán recualificación para 2025, a medida que más de 85 millones de empleos sean desplazados. Los gobiernos y las empresas deben trabajar juntos e invertir en programas de recualificación y perfeccionamiento profesional para dotar a estudiantes y trabajadores de las herramientas que necesitan para mercados laborales en rápida transformación. En el lugar de trabajo, las tecnologías emergentes pueden ayudar a reducir los sesgos en los procesos de contratación, diversificar los grupos de talento y evaluar la diversidad y la inclusión en las organizaciones.

Proteger el planeta

Los riesgos medioambientales, como el “clima extremo” y el “fracaso en la acción climática”, encabezaron la lista de riesgos por probabilidad e impacto en los próximos diez años, según el Informe Anual de Riesgos Globales del Foro Económico Mundial. Si bien en 2020 se registró un descenso de las emisiones mundiales debido a los cierres económicos, se requieren esfuerzos colectivos para evitar un repunte hacia niveles anteriores (como ocurrió tras la crisis financiera de 2008-2009, cuando las emisiones también cayeron). No existe una vacuna para un planeta en deterioro; en cambio, los líderes deben centrarse en proteger el medioambiente y crear soluciones basadas en el mercado que ofrezcan resultados más ecológicos y justos.

Sentar las bases de una nueva economía.

Si bien ninguna nación ha salido indemne de la pandemia, los países con economías digitales avanzadas y competencias digitales, redes sólidas de protección social y experiencia previa en la gestión de epidemias han gestionado mejor el impacto de la pandemia en sus economías y ciudadanos. A medida que se perfila la recuperación, se necesita un nuevo conjunto de herramientas de objetivos macroeconómicos que vayan más allá del crecimiento del PIB para orientar el desarrollo económico en una dirección que tenga en cuenta el planeta, las personas y las instituciones. Países como Nueva Zelanda lideran la aplicación de estos objetivos.

Fortalecer la cooperación, la confianza y la preparación

Los desafíos sociales, tecnológicos y medioambientales derivados de la pandemia corren el riesgo de erosionar aún más la cohesión y la confianza. Los gobiernos y las empresas tienen un papel que desempeñar para ayudar a subsanar estas fracturas sociales y recuperar la confianza en las instituciones. Las lecciones aprendidas en la respuesta a la pandemia pueden ayudar a fundamentar soluciones a los mayores desafíos de 2021.

Existen cuatro oportunidades de gobernanza para contribuir a fortalecer la resiliencia de los países, las empresas y la comunidad internacional. La primera consiste en formular marcos analíticos que adopten una visión sistémica de los riesgos y sus impactos. No basta con crear marcos y archivarlos para su uso posterior: deben someterse constantemente a pruebas y cuestionamientos para descubrir posibles efectos en cascada y puntos ciegos. En segundo lugar, los gobiernos deben invertir en “campeones del riesgo” de alto perfil. Estos actores deben fomentar el pensamiento innovador y actuar como enlace entre los expertos y los responsables de la toma de decisiones. La tercera oportunidad está en la comunicación de riesgos y, en concreto, en combatir la desinformación. Se puede hacer más, tanto a nivel comunitario como gubernamental, para comprender y contrarrestar su propagación. Por último, explorar nuevas formas de colaboración público-privada en la preparación ante riesgos puede ayudar a maximizar la eficiencia y acelerar la recuperación.

Las lecciones de 2020 no solo deben ayudar a las sociedades a afrontar la próxima pandemia, sino también mejorar los procesos, las capacidades y la cultura para impulsar los esfuerzos en torno a todos los demás riesgos globales de importancia.

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