Un caso de peste bubónica en China se debió al consumo de carne de conejo silvestre.
Más de 3.200 personas contrajeron la enfermedad en todo el mundo entre 2010 y 2015, lo que provocó 584 muertes, según la OMS.
Las personas suelen contraer la peste tras la picadura de una pulga infectada o al manipular un animal infectado.
Puede que hayas leído sobre la peste en los libros de historia, pero tres casos recientes en China son un claro recordatorio de que la enfermedad no pertenece solo al pasado.
Un hombre de 55 años de la Región Autónoma de Mongolia Interior, en el norte de China, ha sido diagnosticado de peste bubónica tras comer carne de conejo silvestre. Su caso se suma a la confirmación de que otras dos personas de la misma región tienen la forma neumónica de la enfermedad.
Los dos pacientes con peste neumónica —un matrimonio— están en cuarentena en Pekín. Se cree que sus casos no están relacionados con el del hombre de 55 años.
¿Qué es la peste?
La peste está causada por Yersinia pestis, una bacteria que se encuentra en pequeños mamíferos y en las pulgas que se alimentan de ellos. Las personas suelen contraer la peste tras la picadura de una pulga infectada o al manipular un animal infectado.
El diagnóstico precoz y el tratamiento con antibióticos son esenciales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que sitúa la tasa de letalidad entre el 30 % y el 100 % si no se trata.
La peste bubónica —que provoca la inflamación de los ganglios linfáticos, o bubones— es el tipo más común. La transmisión entre personas es poco frecuente en esta fase, pero la enfermedad puede avanzar y propagarse a los pulmones (peste neumónica).
La peste neumónica es la forma más letal y virulenta. Es muy contagiosa porque se transmite cuando una persona infectada tose. Un tercer tipo más raro, la peste septicémica, afecta al torrente sanguíneo.
Las peores pandemias de peste
En el siglo VI, entre 30 y 50 millones de personas —aproximadamente la mitad de la población mundial de la época— murieron durante la Peste de Justiniano, que, según se cree, se propagó a través de barcos mercantes infestados de roedores.
Unos 800 años después, la peste devastó Europa y mató a unos 50 millones de personas, es decir, al 60 % de la población del continente.
La enfermedad se conoció como la Peste Negra porque puede causar el ennegrecimiento de los tejidos corporales, normalmente en los dedos de las manos y los pies y en la nariz de las víctimas.
Durante los 500 años siguientes siguieron produciéndose epidemias de peste de menor escala, incluida una importante en Inglaterra en 1665, en la que murió una quinta parte de la población de Londres.
La tercera pandemia de peste se originó en la provincia de Yunnan, al suroeste de China, en la década de 1850, y avanzó por las rutas comerciales del opio. En 1894 había llegado a Guangzhou y Hong Kong. Desde estas ciudades portuarias se propagó por todo el mundo y causó más de 10 millones de muertes.
Un problema mundial
Aunque los brotes son cada vez menos frecuentes, la peste sigue presente hoy en día.
Entre 2010 y 2015, 3248 personas contrajeron la enfermedad en todo el mundo y 584 murieron, según la OMS.
Es más común en Madagascar, la República Democrática del Congo y Perú, pero también se producen contagios en países desde China hasta Estados Unidos.
Es un problema mundial: los posibles focos naturales de la peste —los factores epidemiológicos necesarios para su transmisión— están distribuidos por todo el mundo.
Los expertos han advertido que aumenta el riesgo de grandes pandemias que podrían matar a decenas de millones de personas y provocar caos económico y social, y que los gobiernos no están debidamente preparados.
Según un nuevo informe de la Junta de Vigilancia Mundial de la Preparación, las enfermedades propensas a causar epidemias, como la gripe, el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS), el ébola, el zika, la peste, la fiebre amarilla y otras, son «presagios de una nueva era de brotes de gran impacto, potencialmente de rápida propagación, que se detectan con mayor frecuencia y son cada vez más difíciles de gestionar».





