¿Cuál es el futuro de la relación entre Estados Unidos y América Latina?

¿Cuál es el futuro de la relación entre Estados Unidos y América Latina?
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El difunto diplomático y estratega estadounidense George Kennan es recordado como el creador de la doctrina de la «contención», que constituyó la pieza central de la política de Estados Unidos para librar la Guerra Fría. Pero Kennan también fue uno de los arquitectos clave de otra gran estrategia estadounidense: el enfoque de «dominación y disciplina» hacia América Latina. Aunque se habla menos de ella, esta última estrategia ha perdurado mucho más que la Guerra Fría. Afortunadamente, esto podría estar cambiando por fin, gracias al presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

En 1950, cuatro años después de enviar un cable de 8.000 palabras al secretario de Estado de Estados Unidos, George Marshall, en el que detallaba sus opiniones sobre la Unión Soviética y la política estadounidense hacia ella, Kennan envió otro memorando al secretario de Estado Dean Acheson. Esta vez, sostuvo que Estados Unidos debía adoptar una postura más firme en las regiones con vínculos y simpatías comunistas. El informe, que Kennan elaboró tras una gira por América Latina, incluía una serie de afirmaciones notables sobre la región.

Para empezar, Kennan afirmaba que la particular combinación de «naturaleza y comportamiento humano» en América Latina había producido un «trasfondo singularmente infeliz y desesperanzado para el desarrollo de la vida humana». Los obstáculos al progreso en la región, observó Kennan, estaban «escritos con sangre humana y en los trazos de la geografía», y las soluciones propuestas eran «débiles y poco prometedoras». Según él, esto había generado un «reconocimiento subconsciente del fracaso de los esfuerzos colectivos», que se manifestaba «en un egocentrismo y un egoísmo exagerados».

A juicio de Kennan, era fundamental que América Latina resistiera las «presiones comunistas» procedentes de la Unión Soviética, un resultado que Estados Unidos debía contribuir a lograr. Eso significaba, ante todo, crear incentivos para que los gobiernos latinoamericanos aplicaran políticas favorables a Estados Unidos.

Pero los incentivos que Kennan imaginaba no eran todos positivos. Al contrario, sostenía que «cuando los conceptos y las tradiciones de gobierno popular son demasiado débiles para absorber con éxito la intensidad del ataque comunista», Estados Unidos debía admitir que las «medidas gubernamentales severas» para reprimir el sentimiento comunista eran la «única respuesta». Aunque tales medidas «no superarían la prueba de los conceptos estadounidenses de procedimiento democrático», estaba convencido de que eran necesarias.

Del mismo modo, Kennan consideraba necesario aumentar la inversión estadounidense en América Latina, y que los líderes empresariales desplegaran con prudencia su «poder financiero». Pero también observó que el soborno quizá había «sustituido a las intervenciones diplomáticas como principal protección del capital privado». En ese sentido, las perspectivas de la inversión privada en América Latina se basaban, en muchos casos, «en la corruptibilidad, y no en la ilustración, de los regímenes locales».

Las recomendaciones de política de Kennan se centraban en la dominación. Creía que Estados Unidos debía hacer hincapié en su condición de gran potencia, una potencia que necesitaba mucho menos a América Latina de lo que América Latina necesitaba a Estados Unidos. Si los gobiernos latinoamericanos no cooperaban con Estados Unidos, serían disciplinados directa o indirectamente. Como dijo: «el peligro de no agotar las posibilidades de nuestra relación mutua es siempre mayor para ellos que para nosotros». Esa premisa ha moldeado desde entonces la política estadounidense hacia la región.

Pero ahora Obama parece decidido a llevar, por fin, la política estadounidense al siglo XXI. En la reciente Cumbre de las Américas en Panamá, Obama destacó que «la Guerra Fría terminó hace mucho tiempo». En lugar de seguir atrapado en batallas que empezaron antes de que él naciera, continuó Obama, buscaría cooperar con los líderes latinoamericanos para resolver los problemas de hoy.

Además, Obama reiteró su deseo de un «nuevo comienzo» en la relación entre Estados Unidos y Cuba. Y, a diferencia de la primera declaración de este tipo, hecha en la Cumbre de las Américas de 2009, esta fue seguida de medidas concretas: Obama retiró a Cuba de la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo.

Sin embargo, pese a estos pasos positivos, Estados Unidos no ha logrado escapar por completo del legado de la democracia coercitiva de la Guerra Fría. Esto es más evidente que en ninguna otra parte en la reciente orden ejecutiva de Obama que impone sanciones a siete funcionarios venezolanos de nivel medio de las fuerzas del orden y del ejército, acusados de violar los derechos de los manifestantes durante las protestas antigubernamentales del año pasado. La medida pone de relieve la persistente influencia de la creencia de Kennan de que Estados Unidos tiene derecho —y, de hecho, la responsabilidad— de intervenir en los asuntos internos de los países latinoamericanos cuyas políticas gubernamentales no son de su agrado.

Si Estados Unidos se toma en serio el establecimiento de una verdadera asociación con sus vecinos latinoamericanos, debe cambiar no solo sus políticas, sino también las actitudes —arraigadas en una presunción de superioridad cultural de larga data— que las sustentan. La pregunta ahora es cuánto tiempo coexistirá el nuevo mensaje de Obama, de diálogo sincero e intereses compartidos con América Latina, con la estrategia hegemónica de Kennan antes de que prevalezca uno u otra.

En este sentido, las elecciones presidenciales estadounidenses del próximo año podrían marcar un punto de inflexión. ¿Significarán el triunfo de lo mejor de Obama o el regreso a lo peor de Kennan?

Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: Juan Gabriel Tokatlian es director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, en Buenos Aires.

Imagen: El famoso monumento del «Cristo Redentor» de Río de Janeiro se refleja en la fachada acristalada de un edificio. REUTERS/Ricardo Moraes.

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