Las personas con sobrepeso u obesidad superan ya casi en dos veces y media a quienes padecen desnutrición, según ha constatado un documento de debate del McKinsey Global Institute, el brazo de investigación económica y empresarial de la firma global de consultoría de gestión McKinsey and Company.
El informe señala que más de 2.100 millones de personas, casi el 30 % de la población mundial, tienen sobrepeso u obesidad.
También constató que, si el porcentaje de personas con sobrepeso y obesidad continúa aumentando al ritmo actual, para 2030 casi la mitad de la población adulta mundial tendrá sobrepeso u obesidad.
Pero Sudáfrica ya supera la mitad: según un estudio de 2014 publicado en la revista Lancet, siete de cada 10 mujeres y cuatro de cada 10 hombres tienen sobrepeso u obesidad.
Estos resultados coinciden con una encuesta sanitaria de 2011 realizada por la farmacéutica GlaxoSmithKline, que calificó a Sudáfrica como “la tercera nación más obesa del mundo” y con un estudio del Medical Research Council, según el cual el 61% de la población sudafricana tiene sobrepeso u obesidad.
En un comunicado de prensa de esta semana —es la semana nacional de concienciación sobre la obesidad—, la Heart and Stroke Foundation South Africa afirmó que “una de las tendencias más preocupantes es el aumento de niños con sobrepeso u obesidad”. La Encuesta Nacional Sudafricana de Salud y Nutrición de 2013 (SANHANES-1) reveló que el porcentaje de niños sudafricanos de entre dos y cinco años que tienen una cantidad de grasa corporal significativamente superior a la considerada saludable aumentó del 10,6 % al 18,2 % en la última década.
Grasa corporal
En el caso de los adultos, los rangos de sobrepeso y obesidad se determinan utilizando el peso y la altura para calcular el índice de masa corporal (IMC) de una persona, que en la mayoría de los casos se correlaciona con la cantidad de grasa corporal. Según el departamento de nutrición de la Universidad de Stellenbosch, “un adulto con un IMC entre 25 y 29,9 se considera con sobrepeso, y cuando el IMC es de 30 o más, se considera que la persona tiene obesidad”.
Lisanne du Plessis, profesora de nutrición humana en la Universidad de Stellenbosch, afirmó que calcular las tasas de grasa corporal infantil es más complejo, ya que la edad influye en sus puntuaciones. “Su IMC se calcula según su talla, peso y edad, y luego el IMC se interpreta a partir de una tabla de IMC con percentiles precalculados”, explicó. “El Departamento de Salud utiliza una herramienta, el folleto Road to Health, que contiene curvas de crecimiento que se emplean para interpretar la relación entre el peso y la talla de los niños.”
La Heart and Stroke Foundation señaló que las niñas y las mujeres adultas se ven afectadas de manera sistemática en mayor medida por la obesidad. “Sudáfrica soporta además una doble carga de malnutrición, con no solo tasas crecientes de obesidad infantil, sino también una prevalencia todavía alta de desnutrición infantil. La desnutrición sitúa al niño en un riesgo especialmente alto de desarrollar obesidad, lo que alimenta el círculo vicioso con el que lidiamos en el entorno socioeconómico actual.”
Riesgo de enfermedad
Las investigaciones han demostrado de forma reiterada que tener sobrepeso u obesidad aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, hipertensión arterial, diabetes y ciertos tipos de cáncer. Según la fundación, “los niños con sobrepeso u obesidad tienen un mayor riesgo de desarrollar estas enfermedades a una edad más temprana y es más probable que sigan siendo obesos durante toda su vida adulta … La obesidad no solo tiene amplios efectos en la salud de un niño, sino que también conlleva enormes implicaciones sociales y económicas. Estas pueden incluir acoso escolar, burlas y baja autoestima, así como un aumento de los costos sanitarios y la pérdida de ingresos en la vida adulta.”
El director ejecutivo de la Heart and Stroke Foundation, Vash Mungal-Singh, afirmó que la pobreza, las dietas poco saludables y la inactividad física son, en gran medida, los responsables del aumento de la obesidad.
“Nuestros niños crecen en un entorno obesogénico, donde los alimentos poco saludables se comercializan de forma agresiva entre ellos, aumenta el tiempo frente a computadoras y televisores, y los espacios adecuados para que los niños se activen con seguridad son escasos. Con la urbanización, también hemos observado un aumento en el consumo de bebidas azucaradas, de alimentos ricos en energía y pobres en nutrientes, y un menor consumo de frutas y verduras”, afirmó.
Las prácticas de alimentación deficientes en los primeros años de vida de un niño influyen en la obesidad. Los estudios han demostrado que existe una relación entre el bajo peso al nacer y el sobrepeso en etapas posteriores de la vida, debido a la sobrealimentación durante la primera infancia. La introducción de “alimentos complementarios” demasiado pronto, antes de los seis meses de edad, favorece la obesidad en etapas posteriores de la vida.
“La pobreza tiene un impacto determinante en este contexto. Los grupos de ingresos bajos tienden a presentar tasas de obesidad más elevadas, ya que optan por los alimentos más baratos y saciantes, que a menudo son ricos en energía, grasas, azúcar y sal, y tienen muy poco valor nutricional. La madre embarazada y el niño pequeño son los más afectados”, señaló la fundación.
Este artículo se publica en colaboración con Mail & Gardian. La publicación no implica el respaldo del Foro Económico Mundial a las opiniones expresadas.
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Autora: Mia Malan es editora de salud y dirige el centro de periodismo de salud de Bhekisisa.
Imagen: Una mujer con sobrepeso se sienta en una silla. REUTERS/Lucas Jackson.



