Cada año, despilfarramos 2 billones de dólares en corrupción. Si parece mucho dinero, es porque lo es; y no es más que la punta del iceberg.
De hecho, esta cifra ya gigantesca solo tiene en cuenta el dinero destinado a sobornos y no incluye las consecuencias económicas de la corrupción, más difíciles de cuantificar, como la pérdida de inversiones y la reducción de la base tributaria.
Por supuesto, cuando empezamos a hablar de miles de millones y billones, las cifras se vuelven un tanto abstractas. Para poner en contexto la magnitud del problema, aquí presentamos cuatro desafíos globales que podríamos abordar con ese dinero y aún nos sobraría algo.

116.000 millones de dólares: acabar con el hambre
Desde Yemen hasta Madagascar, los conflictos y los desastres naturales han provocado hambrunas devastadoras, y cerca de 800 millones de personas en todo el mundo no tienen suficiente para comer.
Pero no tiene por qué ser así. En 2015, la ONU estimó que, invirtiendo 116.000 millones de dólares al año —una gota en el océano en comparación con los billones que se pierden por la corrupción—, podríamos acabar con el hambre en poco más de una década.
8.500 millones de dólares: erradicar la malaria
En 2015, 212 millones de personas contrajeron malaria y 429.000 murieron a causa de la enfermedad. Ese mismo año, 34 países se comprometieron a erradicarla en los 15 años siguientes. Para lograrlo, los investigadores estimaron que se necesitarían 8.500 millones de dólares de financiación, empezando por unos 600 millones de dólares al año hasta 2022 y reduciendo la cifra a partir de entonces.
Esta cifra se ha descrito como «muy conservadora», ya que no tiene en cuenta cuestiones como la resistencia a los medicamentos. «El objetivo cambia constantemente, así que quizá tengamos que volver a calcular el coste de la eliminación de la malaria dentro de unos años», advirtió uno de los investigadores.
Aun así, 600 millones de dólares al año parecen calderilla en comparación con la cantidad que se despilfarra en corrupción.
1 billón de dólares: cerrar la brecha mundial de infraestructura
La infraestructura —nuestras carreteras, puentes y redes eléctricas— quizá no parezca especialmente atractiva, pero es literalmente lo que mantiene en marcha nuestras ciudades, países y regiones.
A pesar de su importancia, no estamos invirtiendo el dinero necesario: deberíamos gastar 3,7 billones de dólares al año, pero nos faltan 1 billón de dólares.
El deterioro de esta infraestructura supone una enorme carga para nuestras economías: en Estados Unidos, podría costar 2,5 millones de empleos y 4 billones de dólares en PIB perdido entre ahora y 2025, según los investigadores.
26.000 millones de dólares: ofrecer educación básica a todos los niños
Puede que la educación sea el «gran igualador», pero para muchos niños de todo el mundo —100 millones, según la ONU—, es algo a lo que no pueden acceder.
Pero, según una investigación de 2014, si invirtiéramos tan solo 26.000 millones de dólares al año en este problema, podríamos ofrecer educación básica a todos los niños de 46 países de ingresos bajos y medios.
No solo es una fracción de lo que gastamos en corrupción, sino que además es una inversión sumamente inteligente, según una investigación de UNICEF: «Las pruebas demuestran que, en promedio, cada año adicional de educación aumenta los ingresos de una persona en un 10 % y eleva el PIB de un país en un 18 %».


