Esto es de lo que tenemos que hablar en Davos

DAVOS/SWITZERLAND, 23JAN13 - View of Davos on a picture perfect winter day during the Annual Meeting 2013 of the World Economic Forum in Davos, Switzerland, January 23, 2013.Copyright by World Economic Forumswiss-image.ch/Photo Andy Mettler
Leaders at Davos must learn from past mistakesImage: swiss-image.ch
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«El liderazgo receptivo significa reconocer la creciente frustración y el descontento de quienes no experimentan desarrollo económico ni progreso social. … El liderazgo receptivo requiere un compromiso más profundo con el desarrollo inclusivo y el crecimiento equitativo, tanto a escala nacional como mundial».

— Profesor Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial

Ha llegado de nuevo esa época del año. Los líderes empresariales, políticos y académicos del mundo se encuentran en las montañas de Davos para asistir a la Reunión Anual del Foro Económico Mundial, donde debatirán el estado actual del mundo y cómo mejorarlo.

Y hay mucho de qué hablar, especialmente si tenemos en cuenta los acontecimientos recientes en las economías avanzadas.

La amarga división de la campaña presidencial de Estados Unidos, el resultado electoral y las protestas posteriores a las elecciones ponen de relieve la importancia de prestar atención tanto a los mensajes políticos como a la división cultural. Al principio, muchos parecían pensar que la votación era un referéndum sobre los valores culturales. Pero, en cambio, los votantes estadounidenses transmitieron un mensaje claro sobre una economía que los había excluido. La clase trabajadora estadounidense quería que alguien prestara atención al hecho de que la tecnología y la globalización habían desplazado sus empleos. Quieren trabajar. Quieren la dignidad que ese trabajo les aporta. Pero el trabajo ha desaparecido. Quieren que alguien lo solucione. Necesitan que los líderes los escuchen. Y votaron en consecuencia.

Aunque la empresa no figuraba en las papeletas, al hablar del resultado electoral me vi reflejado, como representante de una organización multinacional. Las organizaciones multinacionales y las empresas han prosperado gracias a la globalización y a los extraordinarios avances tecnológicos. Aunque estas tendencias han traído numerosas innovaciones y mejoras, también han dado lugar a la percepción de que se externalizaron empleos y se trasladó la producción manufacturera a lugares del mundo donde podía realizarse a menor costo. La conclusión a la que ha llegado la opinión pública es que necesitamos que las decisiones se rijan por consideraciones económicas a largo plazo, dado que tienen amplias consecuencias sociales.

Esta inquietud tampoco se limita a Estados Unidos: aumenta la preocupación por el futuro de Europa al comenzar las negociaciones del Brexit. Es probable que las votaciones nacionales en Italia, Francia, los Países Bajos y Alemania pongan a prueba los principios de apertura e integración. Además, cualquier reanudación de grandes flujos de refugiados podría representar una amenaza existencial para la unidad europea.

El mensaje sobre la desigualdad económica ha sido claro. Y, tras 2016, vemos sociedades que se fragmentan y a las que les cuesta resistirse a las tendencias nacionalistas y al rechazo de quienes son diferentes. Tenemos que escuchar. Tenemos que actuar. Tenemos que practicar un liderazgo receptivo.

Lo primero: reconocer el problema

El primer paso para ejercer un liderazgo receptivo es definir el problema, y las economías avanzadas empiezan a identificar tres tendencias que hacen sonar las alarmas en el panorama político y económico:

1. Menores oportunidades económicas para las clases medias y trabajadoras. A menudo se considera que la inmigración y la globalización son las culpables, pero el bajo crecimiento crónico y la innovación impulsada por la tecnología están en el centro del reto de la inclusión económica.

2. La sensación de que las élites urbanas —del gobierno, los medios de comunicación y las empresas— están distantes y son incapaces de resolver los problemas. Los problemas que afrontan hoy muchas economías avanzadas parecen existenciales:

  • Bajo crecimiento crónico y desigualdad económica

  • Sistemas bancarios frágiles

  • Envejecimiento e inseguridad social

  • Terrorismo

  • Fronteras porosas

  • Cambios rápidos en las identidades comunitarias

Y estos problemas repercuten en la vida cotidiana de las personas.

3. Las redes sociales y la hiperconectividad dividen tanto como unen. Ser provocador es esencial para ganar visibilidad en el saturado panorama mediático actual, y esta necesidad promueve posturas extremas, polarización y realidades alternativas. Esto presiona a los responsables de formular políticas para que reaccionen, aunque los gobiernos de las democracias representativas están concebidos para deliberar y alcanzar consensos.

Aprendamos de los errores del pasado

Me preocupa que el atractivo de una menor regulación y de la reforma fiscal haya dado impulso a los mercados estadounidenses. Oigo a líderes empresariales expresar su esperanza de que haya crecimiento económico. Y, aunque todo eso está bien, tengo que preguntarme si ese crecimiento económico simplemente repetirá los errores de la última década, cuando vivimos un crecimiento económico que no fue inclusivo.

Una respuesta eficaz a las perturbaciones políticas actuales exige abordar todas las formas de desigualdad. Hay que cambiar los incentivos y las prioridades. Debemos hacer de la ciudadanía corporativa responsable un elemento central de la gestión de nuestras empresas.

Es hora de replantearse la gobernanza corporativa: el ecosistema de valores fundamentales, normas, tensiones y presiones que impulsan el comportamiento de las empresas. Los directivos, los consejos de administración y los inversores —todas las partes interesadas, incluidos los gobiernos— pueden contribuir a una respuesta consciente y a largo plazo ante las presiones populistas sobre las empresas si prestan más atención a las consecuencias sociales y políticas de sus acciones.

Personas caminan a la sombra de rascacielos de oficinas en un distrito comercial de Tokio, el 20 de agosto de 2015. Image: REUTERS/Thomas Peter

Las organizaciones multinacionales deben considerar seriamente cómo se percibirán las decisiones de externalizar operaciones, trasladar beneficios y buscar ventajas fiscales en el extranjero. ¿Acabará la empresa en los titulares si recorta el empleo y los programas de formación laboral? Si la tecnología genera grandes eficiencias que se traducen en la eliminación de puestos de trabajo, ¿qué hará que la empresa se plantee cómo ayudar a esos trabajadores desplazados? ¿Qué los motivará a hacerlo? ¿Qué permitirá y animará a los trabajadores a mantener las competencias necesarias para seguir participando en el mercado laboral?

En un entorno mediático volátil y «posfactual», es poco probable que culpar al gobierno e intensificar las actividades de presión y de divulgación —insistiendo, por ejemplo, en que la globalización es positiva— resulte muy eficaz. Es más probable que sea contraproducente.

De lo que tenemos que hablar en Davos

Las organizaciones multinacionales contribuyeron a crear el problema, y debemos desempeñar un papel en su solución colaborando con los gobiernos y escuchando a la ciudadanía. Ha llegado el momento de que todos demos un paso al frente y:

  • Asumamos nuestra responsabilidad por los problemas que ayudamos a crear y colaboremos activamente con otros para buscar reformas políticas innovadoras que aporten soluciones.

  • Reconozcamos nuestros lugares de trabajo como espacios seguros para el diálogo y la diversidad, basados en la convicción de que la diversidad aporta valor cada día.

  • Replanteémonos el contrato social vigente entre las empresas y la sociedad, e imaginemos después una nueva forma de gobernanza corporativa que pueda respaldar ese contrato social y ejercer las presiones necesarias para que evolucione y propicie una inclusión más equitativa, tanto en el plano económico como en el cultural.

Las organizaciones multinacionales necesitan un liderazgo receptivo para abordar los problemas que enfrentamos: un liderazgo que no sea un síntoma de los problemas, sino una solución a esos desafíos. Es hora de que las organizaciones multinacionales encuentren puntos en común con los gobiernos y conciban un nuevo camino a seguir. Si lo hacemos, podremos contribuir a construir un mundo laboral mejor y más inclusivo, en el que todos podamos prosperar.

Siempre mantengo la esperanza.

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente las opiniones de la organización global EY ni de sus firmas miembro.

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