Hoy más de 100 millones de personas huyen de conflictos y desastres, y se prevé que 340 millones necesiten asistencia humanitaria en 2023.
Cada año, el Comité Internacional de Rescate recopila datos sobre los conflictos más preocupantes del mundo: la Lista de Vigilancia de Emergencias.
La Lista de Vigilancia de Emergencias es más que una advertencia: es una guía sobre cómo evitar o minimizar esas crisis humanitarias.
Además de ser una advertencia, la Lista de Vigilancia 2023 pretende servir de hoja de ruta sobre cómo podemos optar por reforzar las salvaguardas destinadas a limitar el impacto de estas crisis.
David Miliband, presidente y director ejecutivo, Comité Internacional de Rescate
Cada año, durante la última década, los equipos de respuesta a crisis del Comité Internacional de Rescate (IRC) analizan grandes volúmenes de datos cuantitativos y cualitativos para identificar los países con mayor riesgo de conflagración humanitaria en 2023.
Esta es la Lista de Vigilancia de Emergencias y, en 2023, el panorama que dibuja es desolador.
Crisis humanitarias en 2023
Hoy más de 100 millones de personas huyen de conflictos y desastres. Se prevé que 340 millones necesiten asistencia humanitaria en 2023, una cifra que se ha multiplicado por cuatro en la última década.
Encabezados este año por Somalia, Etiopía y Afganistán, los 20 países que integran la Lista de Vigilancia 2023 son representativos de los desafíos que enfrentan las comunidades frágiles y afectadas por crisis en todo el mundo.
El conflicto armado, la crisis climática y la turbulencia económica están empujando a una minoría creciente de la población mundial a crisis cada vez más profundas. Estos países albergan solo el 13 % de la población mundial y representan únicamente el 1,6 % del PIB mundial, pero concentran el 81 % de las personas desplazadas por la fuerza, el 80 % de las personas que enfrentan niveles de crisis o catastróficos de inseguridad alimentaria y el 90 % de las necesidades humanitarias globales.
El cambio climático está acelerando rápidamente las emergencias humanitarias al agravar las sequías, las inundaciones y otros desastres naturales. Los países de la Lista de Vigilancia del IRC contribuyen solo con el 1,9 % de las emisiones mundiales de CO2, pero sufren algunos de los peores efectos de los desastres relacionados con el clima.
La turbulencia económica derivada de la invasión rusa de Ucrania y los efectos a largo plazo de la pandemia de COVID-19 han alterado las cadenas de suministro, el comercio internacional y los precios de los alimentos y los combustibles, lo que a su vez impulsa la inseguridad alimentaria a escala mundial, y en particular en los países de la Lista de Vigilancia.
Los países de la Lista de Vigilancia han sufrido conflictos armados durante un promedio de 12 años. Los conflictos devastan la infraestructura, los medios de vida y los servicios de los que dependen las comunidades para resistir las crisis. La crisis climática y la sequía récord son las principales razones por las que Somalia y Etiopía figuran en la Lista de Vigilancia de este año, pero los años de conflicto debilitaron gravemente la capacidad de ambos países para resistir las crisis, lo que los ha situado en lo más alto de la lista.
Comprender las crisis y actuar en consecuencia
Pero la Lista de Vigilancia no es solo una historia de tragedias individuales. Los 20 países, en conjunto, pueden ayudarnos a comprender por qué una crisis humanitaria se ha descontrolado de formas tan letales. Hemos observado un debilitamiento global, o incluso el desmantelamiento completo, de las «salvaguardas» destinadas a evitar que las crisis humanitarias se descontrolen: políticas y mecanismos regionales, nacionales y locales que buscan reducir el impacto de las crisis en las comunidades afectadas, desde las redes de protección social hasta las resoluciones de la ONU.
En 2022 hubo ejemplos aislados de cómo las crisis pueden mitigarse cuando existen salvaguardas. La tregua de seis meses mediada por la ONU en Yemen redujo las muertes en un 86 %, aunque esta salvaguarda corre ahora peligro con la expiración de la tregua. Las inversiones en sistemas de refugios costeros en Bangladesh salvaron miles de vidas cuando el ciclón Sitrang tocó tierra en octubre. El acuerdo sobre granos de Ucrania permitió exportar más de 12 millones de toneladas de alimentos a través del mar Negro, un salvavidas para los países de ingreso bajo y mediano bajo que sufren los peores efectos de la crisis alimentaria mundial. Ninguno de estos ejemplos puso fin a las crisis, pero evitaron la catástrofe.
La magnitud y la naturaleza del conflicto, el cambio climático y la turbulencia económica en demasiados lugares, si no se atienden, están sobrecargando estas salvaguardas y generando crisis humanitarias descontroladas. Las necesidades seguirán aumentando en un mundo con salvaguardas debilitadas o sin ellas por completo.
Proteger las salvaguardas y repensar nuestra respuesta a las crisis
Es necesario abordar el deterioro de las salvaguardas.
La ayuda habitual no estará a la altura del momento. Necesitamos un pensamiento renovado sobre cómo abordar tanto las causas como los síntomas del sufrimiento humano. La Lista de Vigilancia 2023 revela la necesidad de un cambio drástico en la forma en que abordamos las crisis humanitarias y los riesgos globales compartidos. Para reducir la magnitud del sufrimiento humanitario en el mundo, debemos incentivar a quienes tienen el poder a elegir evitar la catástrofe.
1. Romper el ciclo de las crisis humanitarias
Romper el ciclo implica reiniciar la respuesta internacional fallida a la crisis del hambre, revitalizar el Grupo de Trabajo de Alto Nivel del Secretario General de la ONU sobre la Prevención de la Hambruna y adoptar un protocolo simplificado para ampliar el acceso al tratamiento de la desnutrición infantil. Supone invertir en respuestas nacionales para frenar el deslizamiento de Estados frágiles hacia el fracaso, dando prioridad a la restauración de servicios básicos como la educación y los sistemas de salud. Y significa financiar a los equipos de respuesta de primera línea con una estrategia centrada en las personas para los bancos multilaterales de desarrollo.
2. Proteger a los civiles en los conflictos.
Es esencial que restablezcamos el derecho de los civiles a recibir ayuda mediante la creación de una organización independiente, como la Organización para la Promoción del Acceso Humanitario, que pueda documentar la denegación de ayuda y decir la verdad al poder. Proteger a los civiles implica combatir la impunidad por atrocidades masivas, suspendiendo el uso del veto del Consejo de Seguridad en los casos de atrocidades masivas. Y supone empoderar a las mujeres en los esfuerzos por la paz y la seguridad, garantizando que las organizaciones dirigidas por mujeres reciban financiación adecuada y tengan un lugar en la mesa de las negociaciones de paz.
3. Hacer frente a los riesgos globales compartidos
Abordar los riesgos globales compartidos exige atender la devastación que el cambio climático causa en contextos humanitarios, cumpliendo la promesa, largamente aplazada, de 100 000 millones de dólares al año en financiación climática para los países en desarrollo, con un 50 % destinado a la adaptación. Implica blindar al mundo frente a las pandemias mediante la creación de un Consejo de Amenazas para la Salud Mundial que movilice un esfuerzo global para prevenir, prepararse y responder a la próxima pandemia. Y supone alcanzar un nuevo acuerdo para las personas desplazadas por la fuerza, ampliando la financiación para los Estados que acogen refugiados y se comprometen con políticas de acogida como el acceso al trabajo, la educación y los servicios de salud.
Los datos del IRC han puesto de relieve los países con mayor riesgo de un empeoramiento de las necesidades humanitarias para el próximo año, pero esto no tiene por qué ser una conclusión inevitable.
Además de ser una advertencia, la Lista de Vigilancia 2023 pretende servir de hoja de ruta sobre cómo podemos optar por reforzar las salvaguardas destinadas a limitar el impacto de estas crisis en las comunidades, evitando que las crisis humanitarias ya descontroladas sigan cobrándose la vida y los medios de subsistencia de los más vulnerables del mundo.




