Repensar nuestro enfoque de la seguridad global

Repensar nuestro enfoque de la seguridad global
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En un artículo de Foreign Affairs de 1993, Samuel Huntington, el fallecido politólogo estadounidense, predijo un «choque de civilizaciones». Su tesis sostenía que, con el fin de la contienda ideológica de la Guerra Fría entre el comunismo y el capitalismo, comenzaba a surgir una nueva forma de competencia geopolítica que enfrentaría a Estados de una civilización con los de otra por la supremacía regional y, por implicación, global. En este contexto, la cultura y la religión, junto con el nacionalismo étnico, se convertirían en los principales ejes del conflicto político internacional. A mediados de la década de 1990, los críticos de Huntington solían discrepar vehementemente: decían que el conflicto entre civilizaciones simplemente no estaba en el horizonte. Sin embargo, apenas 20 años después, la situación mundial da motivos para creer que Huntington no estaba tan equivocado. En Europa, Oriente Medio, Asia y África, grupos religiosos rivales, células terroristas y otros actores radicales no estatales no solo están desafiando los sistemas políticos existentes, sino también la integridad territorial de los Estados. En particular, el auge del radicalismo islámico tiene consecuencias de gran alcance para la paz y la seguridad globales.

El impacto del creciente radicalismo religioso puede observarse hoy en lugares como Turquía, considerada durante mucho tiempo una democracia musulmana estable y prooccidental, pero que ahora se encuentra más dividida que nunca entre el secularismo y la religión. En África, las zonas fronterizas entre el norte árabe y musulmán del continente y los cristianos negros del África subsahariana se han convertido en un espacio violento e ingobernable. Ahora incluso hay conflictos entre budistas y musulmanes en el Sudeste Asiático, una región del mundo que no suele asociarse con conflictos de este tipo. Lo más preocupante es que una antigua división religiosa está contribuyendo a alimentar el resurgimiento de los conflictos en Oriente Medio. Las luchas entre fuerzas suníes y chiíes han alimentado una guerra civil siria que amenaza con transformar el mapa de todo Oriente Medio, fracturar Irak y ampliar las fisuras dentro de los países del Golfo y entre ellos. El aumento de los enfrentamientos sectarios también ha impulsado el resurgimiento de redes yihadistas transnacionales que representan una amenaza mucho más allá de la región.

Es importante entender que los conflictos actuales no se refieren únicamente a la supremacía religiosa. A menudo, la religión puede ser un pretexto, más que la fuente del conflicto, y una herramienta para movilizar el apoyo popular como respuesta a otros agravios. Factores estratégicos como la recesión económica, la escasez de recursos, el cambio social y el conflicto político han exacerbado las dinámicas de los conflictos sectarios y hacen pensar que los conflictos entre religiones y dentro de ellas podrían aumentar en los próximos años, con profundas repercusiones para otros. Por ejemplo, el crecimiento de las poblaciones musulmanas en Europa ya ha empezado a afectar a la seguridad europea de diversas maneras: desde cambios en los patrones de voto y el reclutamiento militar hasta la proliferación de grupos islamistas que promueven objetivos contrarios a los valores e intereses occidentales, y la aparición en las ciudades de zonas vedadas donde la ley islámica tradicional está sustituyendo a la ley occidental.

Sin embargo, en el futuro probablemente cobrará mayor relevancia no solo el papel del islam radicalizado, sino también el del nacionalismo radicalizado. En Asia Oriental, los sentimientos nacionalistas se han fortalecido considerablemente, lo que ha dado lugar a reivindicaciones territoriales y tensiones políticas entre Estados de la región. Otro ejemplo es la Federación Rusa, cuyo liderazgo ha emprendido un «impulso patriótico propagandístico» y reivindica el derecho a proteger a sus «compatriotas» rusoparlantes en antiguos territorios soviéticos. El nacionalismo ruso ya ha demostrado su influencia desestabilizadora en sus vecinos inmediatos, Ucrania, Georgia y Moldavia, todos ellos con grandes concentraciones de población de origen étnico ruso. En un número creciente de países europeos, también han cobrado protagonismo partidos nacionalistas radicalizados que señalan abiertamente a las comunidades migrantes y a las minorías étnicas y religiosas.

Es evidente que las técnicas tradicionales de aplicación de la ley son insuficientes para abordar los orígenes y las tendencias cambiantes del radicalismo religioso y nacionalista. Se necesita un enfoque más amplio para prevenir y contrarrestar esta tendencia. Este debería procurar comprender mejor las causas profundas del surgimiento de grupos radicalizados en nuestras sociedades, así como sus estrategias y tácticas. Es necesario alentar a los millones de musulmanes no radicalizados mediante el diálogo, la cooperación práctica y el apoyo económico, evitando al mismo tiempo dar a entender que queremos trastocar su sistema de creencias.

Abordar de manera integral la cuestión de la radicalización puede ayudarnos, como comunidad global, a desarrollar iniciativas que reduzcan el atractivo de las ideas radicalizadas y promuevan la tolerancia y la integración. Una respuesta integral a las tendencias de radicalización no debe involucrar únicamente a la sociedad. También debe implicar a los gobiernos nacionales, las organizaciones internacionales y los sectores civil y privado, de una manera verdaderamente global e integral. La OTAN y la Unión Europea, por ejemplo, ya han empezado a debatir conjuntamente las amenazas que plantean los grupos islamistas militantes en nuestros países, y seguirán haciéndolo en el futuro. Asimismo, la Unión Europea apoya a sus Estados miembros con proyectos para contrarrestar la radicalización, por ejemplo en los Países Bajos, Suecia, Alemania y Dinamarca, destinados a alentar a las comunidades musulmanas locales de esos países a ayudar a impedir que los jóvenes se unan a grupos radicales. Estas y muchas otras oportunidades que podríamos considerar deberían explorarse para generar soluciones con múltiples actores ante este desafío multidimensional.

Este artículo es una de varias perspectivas individuales de la Comunidad de Prospectiva Estratégica Global del Foro Económico Mundial para la Reunión Anual de 2015. Para leer más acceda a la colección completa.

Autora: la Dra. Stefanie Babst ha desempeñado distintas funciones en la OTAN durante los últimos 16 años, entre ellas la de subsecretaria general adjunta de la OTAN para la Diplomacia Pública y, desde julio de 2012, la de directora de la Capacidad de Análisis Estratégico de la OTAN para el secretario general y el presidente del Comité Militar.

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