¿Está el mundo preparado para los desastres futuros?

¿Está el mundo preparado para los desastres futuros?
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Este artículo se publica en colaboración con Thomson Reuters Foundation trust.org.

Los preparativos del mundo para hacer frente a los desastres aún no siguen el ritmo de las amenazas crecientes para las personas y las sociedades, según afirmó la antigua máxima responsable de prevención de desastres de la ONU.

Margareta Wahlström, quien durante más de siete años fue jefa de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR), afirmó que podrían introducirse grandes cambios para limitar los impactos físicos de los desastres naturales y de origen humano, como inundaciones, terremotos y accidentes industriales.

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“Si incluyéramos el riesgo como factor en todos los planes y visiones que tenemos para el futuro, nos iremos poniendo al día poco a poco; entonces podremos reducir el riesgo”, declaró a la Thomson Reuters Foundation en una entrevista poco después de dejar el cargo.

En marzo pasado, en una conferencia celebrada en Sendai (Japón), los gobiernos adoptaron un nuevo marco mundial para intensificar los esfuerzos para hacer frente a los desastres, con siete metas para medir los avances.

Entre ellas figuran reducir “sustancialmente” el número de personas muertas y afectadas por desastres, así como los daños en las infraestructuras y en servicios como la salud y la educación, y disminuir las pérdidas económicas, todo ello para 2030.

La agenda internacional anterior para afrontar los desastres se acordó en 2005, a raíz del tsunami del océano Índico, que causó la muerte de al menos 226.000 personas.

Ese desastre de enormes proporciones desencadenó un gran interés por salvar vidas, lo que llevó a realizar importantes inversiones en sistemas de alerta temprana y de evacuación, afirmó Wahlström.

Sin embargo, en aquel momento no sirvió para comprender “por qué el desarrollo es el factor clave en la forma en que generamos riesgos para nosotros mismos”, añadió.

Pero esa situación ha cambiado en los últimos tiempos, a medida que el cambio climático ha empezado a hacer que los desastres meteorológicos sean más frecuentes y graves.

“La conciencia sobre el riesgo y, en cierta medida, la comprensión del mismo han aumentado de forma notable, y, por desgracia, el entorno externo nos ha ayudado”, dijo Wahlström en una entrevista telefónica desde Estocolmo.

Cuando habló con los gobiernos en preparación de las negociaciones de Sendai, estos mostraron una “inquietud muy intensa por el aumento de los riesgos, diciendo: «No sabemos hacia dónde nos dirigimos»”, añadió.

Para controlar los riesgos de desastres es fundamental transmitir a los responsables políticos, las empresas y los particulares que, si no lo hacen, limitan su capacidad para lograr el crecimiento económico y el desarrollo sostenible.

Deben analizar qué deben prever si las tendencias actuales de agravamiento de los fenómenos meteorológicos extremos, junto con el crecimiento de la población y de las ciudades, se mantienen durante los próximos 50 años, afirmó Wahlström.

Y cuando se trata de convencer a los políticos de que inviertan en infraestructuras más sólidas e inteligentes para mantener a las personas alejadas del peligro, es fundamental explicar que también pueden generar beneficios a corto plazo, como evitar pérdidas de millones de dólares cuando llegue la próxima gran inundación, añadió.

Esto se aplica tanto a los países pobres como a los ricos.

“Se trata de un problema verdaderamente universal”, afirmó. “Todos los países tienen interés en reducir el coste de los (desastres), para poder utilizar (el dinero) en otras cuestiones”.

Complicaciones en contextos de conflicto

Durante su etapa al frente de la lucha contra los desastres, Wahlström fue testigo de cambios tangibles a nivel local, desde sistemas de alerta y evacuación que protegieron a la población cuando el tifón Haiyán azotó Filipinas, hasta la decisión de Canadá de crear un mecanismo de prevención de desastres que parte de las comunidades.

Sin embargo, también hay lugares en los que la comunidad internacional no dio seguimiento al entusiasmo mundial recién estrenado por la reducción del riesgo de desastres, como en Afganistán, añadió.

Wahlström, antigua funcionaria de ayuda que trabajó en la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán cuando el país salía de un conflicto, afirmó que los gobiernos donantes ricos desaprovecharon la oportunidad de hacer más resiliente a ese Estado frágil frente a los desastres naturales.

Se utilizaron camiones y equipos militares extranjeros para ayudar a Afganistán a reconstruirse y recuperarse de la guerra, y se destinaron pocos fondos a reforzar las instituciones nacionales para gestionar riesgos como los terremotos y las inundaciones anuales.

“Las autoridades afganas no tienen ahora capacidad alguna para abordar este problema”, afirmó Wahlström. “Eso no formaba parte de la inversión en desarrollo y debería haberlo sido”.

Aunque la ONU y otras agencias de ayuda han mejorado la protección frente a los desastres de las personas desplazadas por conflictos, es necesario cambiar las normas laborales y las mentalidades para que los migrantes y los refugiados puedan utilizar sus propias habilidades para protegerse a sí mismos y a sus comunidades, señaló.

La esperanza de Wahlström es que los acuerdos internacionales firmados en 2015 —desde el marco de Sendai hasta los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible y un acuerdo sobre el cambio climático— impulsen un enfoque más integrado ante los problemas del mundo, incluidos los desastres.

“Lo que (los acuerdos) han logrado, esperemos, es un impulso político mucho más firme desde el ámbito mundial” para mostrar los avances de los países y garantizar que la ayuda internacional al desarrollo aborde el riesgo de desastres, añadió.

Este mes, Robert Glasser, australiano que antes fue secretario general de la agencia de desarrollo CARE International, relevó a Wahlström al frente de la UNISDR.

La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autora: Megan Rowling es periodista de la Thomson Reuters Foundation.

Imagen: Un hombre mira hacia su casa en un barrio marginal cercano a las orillas del río Manohara, afectado por las inundaciones. REUTERS/Navesh Chitrakar.

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