La propagación del extremismo violento, la incertidumbre sobre el futuro del proyecto europeo, el ascenso global de China, el acuerdo nuclear iraní, la reactivada Ruta de la Seda, la invasión rusa de Crimea, las tensiones en torno a Siria, el éxodo masivo de refugiados, la expansión de los acuerdos comerciales regionales, la cambiante naturaleza del poder militar… Estas son solo algunas de las causas de la creciente incertidumbre en torno a la seguridad internacional, que están poniendo a prueba las relaciones económicas y políticas de larga data y planteando nuevas preguntas para la industria.
Tradicionalmente, la respuesta del sector privado a las situaciones geopolíticas ha consistido esencialmente en considerarlas situaciones externas intratables, procurando minimizar los riesgos a la baja mientras confía en que todo pase. Según un estudio de 2011 de Wharton Business School, la estrategia de riesgo geopolítico preferida por la mayoría de las empresas consiste en «evitar invertir» en lugares volátiles, seguida de la «diversificación».
Sin embargo, a medida que el mundo se hiperconecta, estas estrategias resultan cada vez menos eficaces. La volatilidad en un lugar puede afectar rápidamente a otros, y evitar invertir en lugares potencialmente volátiles puede equivaler a dejar dinero sobre la mesa. El sector privado necesita comprender la nueva realidad en materia de seguridad e identificar la mejor manera de generar resiliencia aprovechando al mismo tiempo las oportunidades potenciales. The CEO Report, un proyecto de colaboración entre Said Business School y Heidrick and Struggles, utiliza el término «inteligencia de ondas» para describir lo que se necesita: la capacidad de analizar la interacción de diversos factores geopolíticos, similar a anticipar los efectos de las ondas en un estanque provocadas por el lanzamiento de múltiples piedras, comprendiendo al mismo tiempo que las propias acciones pueden constituir una de esas piedras. Para empezar, las empresas que han identificado los 3-5 principales factores de seguridad en las regiones en las que operan, así como los vínculos entre ellos, están mejor preparadas para desarrollar sus respuestas.
Además, la industria tiene un potencial creciente para influir en la evolución de las situaciones de seguridad internacional. El sector privado no puede reemplazar el papel del gobierno, pero, junto con la sociedad civil, puede contribuir a construir sólidos mecanismos de contrapeso que hagan más eficaz la acción gubernamental.
Los directivos son muy conscientes del panorama de seguridad internacional cada vez más difícil. Según la encuesta de condiciones económicas de McKinsey de junio de 2015, el 72 % de los directivos encuestados citó la «inestabilidad geopolítica» como la principal amenaza para el crecimiento mundial. Sin embargo, la mayoría de las empresas aún no están preparadas para comprender los problemas de fondo ni para determinar la mejor forma de responder. Los distintos departamentos de una empresa suelen tener prioridades y políticas de gestión de riesgos diferentes; por ello, los líderes empresariales pueden verse obligados a elegir entre enfoques contrapuestos para abordar un riesgo, como adoptar un enfoque puramente de cumplimiento normativo o afrontarlo como una cuestión estratégica que requiere una mayor proactividad.
Fuente: Economic Conditions Snapshot, junio de 2015: resultados de McKinsey Global Survey
Lo mismo que ocurre con las empresas es aplicable a muchos gobiernos, instituciones mundiales y a la sociedad civil internacional. Tanto los líderes del sector público como del privado tienen sobrados retos inmediatos a los que hacer frente, y a menudo les cuesta ir más allá del pensamiento a corto plazo para invertir en el análisis de las interconexiones entre cuestiones que se vislumbran en el horizonte —desde los cambios demográficos hasta las tecnologías emergentes— y que podrían remodelar las realidades geopolíticas.
Muchos de los factores de inestabilidad geopolítica son problemas con los que las empresas ya deben lidiar, como la gobernanza ineficaz, la corrupción, la contaminación, la pobreza y los desajustes entre las competencias que exige la economía moderna y las que poseen los trabajadores. En la medida en que las empresas abordan estos factores para proteger sus propios intereses —piensen en una minera que trata de minimizar los impactos ambientales en las comunidades locales, forma a los trabajadores locales en competencias empleables y colabora con el gobierno local para mejorar los servicios públicos—, también contribuyen a abordar los factores de inestabilidad geopolítica. Existe un valor claro en que todas las partes interesadas unan sus respectivos recursos para mejorar la preparación y la respuesta.
La eficacia de este trabajo puede potenciarse considerablemente mediante alianzas con otras empresas y sectores, gobiernos y sociedad civil, que a menudo tienen una visión única de las fuerzas locales que podrían generar inestabilidad. Sin embargo, el reciente aumento del número y tipo de alianzas que las empresas necesitan establecer para operar les exige cada vez más tiempo, dinero y conocimientos diversos. Necesitamos nuevos modelos de colaboración para mejorar el panorama de seguridad, alianzas basadas en intereses comunes, expectativas claras y confianza.
El valor de la integridad y la confianza, en particular, suele subestimarse. Las empresas pueden invertir más en construir e incentivar la integridad y la transparencia, explorando modelos que van desde las auditorías intersectoriales y entre pares hasta el refuerzo de la responsabilidad en la cadena de suministro y un mayor arraigo en las comunidades en las que operan, una estrategia que cada vez se reconoce más como una cobertura importante frente a los disturbios. Los gobiernos también necesitan actuar, ya que las iniciativas empresariales solo pueden llegar hasta cierto punto en economías donde la corrupción afecta al sector público.
Esto exigirá un cambio de mentalidad de todas las partes, empezando por acuerdos compartidos sobre el papel que pueden desempeñar las empresas y por expectativas claras: por ejemplo, ¿cómo deben afrontar las empresas la extorsión a la que se enfrentan sus contratistas? ¿Cuál es la responsabilidad de una empresa en la recualificación de los trabajadores que despide? ¿Cómo puede una empresa que se enfrenta a protestas garantizar la seguridad de sus instalaciones y de sus empleados, a la vez que conserva buenas relaciones con la comunidad? En caso de una brecha de ciberseguridad, ¿cómo puede una empresa compartir información con las autoridades y, al mismo tiempo, preservar la privacidad de sus clientes?
Están surgiendo gradualmente nuevas alianzas en materia de seguridad. En Colombia, por ejemplo, las empresas que operan en zonas de alto riesgo han negociado memorandos de entendimiento con las fuerzas de seguridad del Estado. En África, las empresas del sector de recursos naturales han adoptado una estrategia de «ser locales», por ejemplo, cediendo a las comunidades locales participaciones en la propiedad de la mina. Las firmas profesionales globales están estudiando formas de impulsar las auditorías entre pares para fomentar una mayor transparencia en las cadenas de valor y generar confianza. Las instituciones financieras y las fuerzas del orden han colaborado en el uso de análisis de datos para identificar actividades de trata de personas. Las empresas minoristas y de bienes de consumo están tomando medidas para hacer frente a los mayores riesgos a los que se enfrentan por los atentados terroristas.
Con una comprensión más sólida de los problemas y de su papel cambiante en el panorama geopolítico, el sector privado puede ser un socio constructivo para afrontar los desafíos globales de seguridad: resistiendo la complacencia política, reforzando la cohesión social y elevando el listón en materia de integridad y transparencia. El Foro Económico Mundial colabora con empresas y gobiernos para explorar oportunidades que hagan realidad este objetivo.
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Autores: Anja Kaspersen, directora sénior y jefa de Seguridad Internacional, Foro Económico Mundial, e Isabel de Sola, responsable de práctica de Seguridad Internacional, Foro Económico Mundial
Imagen: Un hombre de negocios cruza una calle en el distrito empresarial de Tokio el 1 de octubre de 2015. REUTERS/Toru Hanai




