En Bamako, la exuberante capital de Malí, no es difícil ver soldados. Es una nación que vive en pie de guerra desde 2012, y son numerosos los militares que recorren la ciudad: una gran presencia del ejército maliense, por supuesto, pero también tropas procedentes de Francia y efectivos armados de mantenimiento de la paz y policías de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Malí (MINUSMA).
Sin embargo, en una sobria sala de conferencias de un hotel del centro de la ciudad, durante un curso de formación para consolidadores de la paz, no se ve ni un uniforme ni un arma. En cambio, hay camisas de vivos estampados, trajes de manga corta y una variedad de coloridos turbantes, que se sostienen en precario equilibrio sobre las cabezas de las numerosas mujeres presentes en la sala.
Se trata de civiles, representantes de organizaciones de la sociedad civil de todo Malí, y el futuro del país está en sus manos, aunque no siempre resulte evidente a juzgar por el discurso político, a menudo beligerante, de Malí. «Estas personas están, en realidad, en las comunidades. Los soldados pueden impedir que la gente haga ciertas cosas, pero no pueden cambiar la forma en que piensa la gente. Una solución duradera solo puede venir de la sociedad civil», admitió un observador de MINUSMA, sentado a mi lado.
Mientras observamos, los participantes debaten con vehemencia las causas de la mala gobernanza en Malí, siendo la corrupción la queja más extendida. Otras causas propuestas son más controvertidas: ¿estaría realmente mejor el país si las mujeres estuvieran al frente? ¿No debería reconocer todo el mundo que, aunque la mala gobernanza es una constante, la escala y las manifestaciones del problema varían de una región a otra?
Mientras los participantes discuten, el facilitador de la sesión, Ambroise Dakouo, observa y escucha. Sabe que no le corresponde ofrecer soluciones ni consejos. Está en el curso de formación para poner en marcha la conversación y plantear las preguntas difíciles que permitirán a los participantes llegar a sus propias soluciones.
«Estamos ante una crisis compleja en Malí, que cambia constantemente. Nadie tiene una visión de cómo avanzar, porque cada cual solo mira por sí mismo y por su región. Tenemos que ir más allá de eso y hacer que la gente tome conciencia del panorama general», afirma Dakouo, especialista local en gobernanza y desarrollo local. Y, mientras explica al grupo distintos marcos para entender la gobernanza y diferentes formas de entender su propia contribución a los objetivos nacionales más amplios, eso es precisamente lo que hace.
Para Dakouo, el papel de la sociedad civil en Malí es especialmente importante por la debilidad del gobierno, agravada por el golpe de Estado de 2012 y la inestabilidad crónica que le siguió. Ello ha dejado un vacío de gobernanza que, guste o no, la sociedad civil debe llenar. Y su papel es especialmente importante ahora, tras el acuerdo de paz firmado en junio entre el gobierno y los principales grupos armados.
En teoría, Malí ha pasado ya de una situación de conflicto a la fase de reconstrucción posconflicto, y el éxito o el fracaso de esta dependerá en gran medida del trabajo de algunas de las personas presentes en la sala. Los soldados, casi por definición, tendrán dificultades para liderar la transición hacia la paz: debe ser un proceso dirigido por civiles.
El curso de formación fue organizado por el Instituto de Estudios de Seguridad, a través de su Centro Africano de Formación para la Paz y la Seguridad (ACPST), con la participación de la Coalición Nacional Maliense de la Sociedad Civil para la Paz y la Lucha contra la Proliferación de Armas Pequeñas.
Supone un cierto cambio de rumbo para el ACPST, que tradicionalmente se ha centrado en el fortalecimiento de capacidades del personal militar y policial, y de altos funcionarios de gobiernos e instituciones continentales. Sin embargo, según Golda Keng, responsable en funciones del ACPST, es un ámbito en el que el centro desearía ampliar su labor.
«Esta sesión de tres días no es realmente un curso de formación típico», explica. «Es un escaparate de buenas prácticas desarrolladas y compartidas por la propia sociedad civil. Sirve para que los participantes vean lo que ocurre a su alrededor y lo que otros hacen para afrontar situaciones similares… intentamos que comprendan que sus problemas no son exclusivamente malienses, sino que estas cuestiones están presentes en todas partes».
Otro resultado es, simplemente, conectar los diversos sectores dispares de la sociedad civil en Malí. Las redes creadas aquí perdurarán mucho después de que los formadores hayan abandonado el país. Esto es especialmente importante en el contexto maliense.
«Durante la crisis [desde 2012], el ejército estaba dividido, el gobierno estaba dividido y la sociedad civil también lo estaba. Una parte de la sociedad civil estaba con el gobierno, otra con los rebeldes y otra con los dirigentes del golpe. Esto disminuyó el papel de la sociedad civil porque estaba demasiado politizada», explicó la doctora Mariam Maiga, directora ejecutiva de la Coalición Nacional de la Sociedad Civil para la Paz y la Lucha contra la Proliferación de Armas Pequeñas.
Maiga explica que sesiones como esta, que reúnen a distintos actores de la sociedad civil de todo el país, ayudan a tender puentes entre esas divisiones. «Es una contribución muy importante a la consolidación de la sociedad civil. Somos nosotros quienes debemos construir la paz. Somos muchos los que trabajamos en ello, pero tenemos que trabajar juntos», concluyó.
Durante el curso no se imparte mucha formación propiamente dicha. Está diseñado para animar a los participantes a compartir y analizar críticamente sus propias experiencias, y a elaborar sus propios estándares de buenas prácticas. Se trata de un enfoque contraintuitivo, aunque no es único: en el coaching de vida, que ayuda a las personas a superar problemas personales, existe la teoría de que la única persona realmente capacitada para resolver sus propios problemas es la propia persona.
El papel del coach de vida se limita a facilitar el proceso de reflexión: plantear las preguntas adecuadas en el momento oportuno, proporcionar la información de contexto necesaria y, lo que es fundamental, apartarse y escuchar cuando sea preciso.
Aquí está en juego un principio similar. En última instancia, ¿cuál es la forma más eficaz de formar a un consolidador de la paz? Dejar que se forme por sí mismo.
Este artículo se publica en colaboración con ISS Africa. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Simon Allison es consultor de ISS.
Imagen: Una mujer reparte calcomanías contra la guerra durante una manifestación y marcha de protesta. REUTERS/Chip East



