Las ventas de smartphones superaron los mil millones el año pasado, una cifra que podría duplicarse para 2016. Tres cuartas partes de los usuarios acceden a servicios de internet móvil desde sus teléfonos, y el paso a las comunicaciones móviles está transformando la economía mundial: los datos de transacciones sugieren que el comercio electrónico móvil representa más del 30 % del comercio electrónico global. Todas estas tendencias subrayan la creciente importancia de la seguridad informática móvil.
Con el aumento de la ciberdelincuencia y el ciberespionaje, crece la lista de posibles trampas. Al conectarnos a un punto de acceso Wi-Fi abierto en un restaurante, nos exponemos a un ataque de intermediario (MITM). Una aplicación descargada podría ocultar código malicioso que se apodere de nuestro teléfono. Un sitio web comprometido podría pedirnos que instalemos un programa para visualizar sus páginas, que contenga un virus o malware.
La gran mayoría de estos ataques combinan artimañas técnicas con manipulación social. Por lo general, el atacante muestra algún mensaje o alerta para engañar a su víctima y hacer que realice ciertas acciones o revele información confidencial.
Fuente: Informe sobre amenazas móviles de McAfee, febrero de 2015
De dónde vienen las amenazas
El mes pasado, el «ransomware» tuvo como objetivo a usuarios de móviles de Sudamérica y Estados Unidos. Una aplicación de vídeo falsa, promocionada ampliamente en mercados de Android y distribuida por correo electrónico y mensajes de texto, bloqueaba el smartphone de la víctima y mostraba un mensaje «del FBI» que explicaba que habían encontrado material ilegal o pornográfico y que la única forma de desbloquear el teléfono era enviar dinero por transferencia.
Cada día aparecen nuevas amenazas, sobre todo en Android de Google, que es, con diferencia, el sistema operativo móvil dominante. A diferencia de Apple, Android permite instalar aplicaciones de desarrolladores desconocidos. Pero el iOS de Apple dista mucho de ser perfecto. En 2014, la Base de Datos Nacional de Vulnerabilidades de Estados Unidos informó de casi 130 vulnerabilidades de iOS, 32 de ellas «altamente peligrosas».
Es habitual que los expertos en seguridad no informen a los proveedores de software sobre los errores y vulnerabilidades que descubren, porque ese tipo de información forma parte de lo que hace que sus servicios sean valiosos para los clientes que utilizan la tecnología.
Tanto Android como iOS admiten el cifrado de datos, pero los desarrolladores a menudo no lo integran correctamente en sus aplicaciones. A principios de 2014, una aplicación lanzada por Starbucks (la aplicación de pago móvil más utilizada en Estados Unidos) almacenaba nombres de usuario, direcciones de correo electrónico y contraseñas en texto sin cifrar, lo que permitía a cualquiera con un PC descargar todos los datos personales. Starbucks actualizó rápidamente su aplicación móvil para corregir los problemas de seguridad.
Toda actualización del sistema o nueva versión conlleva una amenaza. En 2014, el Samsung Galaxy S5 y otros modelos de smartphones de gama alta fueron pirateados en competiciones diseñadas para poner al descubierto problemas de seguridad.
Cómo cerrar la brecha de seguridad
El mercado sí ofrece algunas soluciones para hacer frente a estas amenazas. Hoy en día, los fabricantes permiten a los usuarios localizar su dispositivo a distancia y borrar todos los datos cuando se pierde o les roban el móvil. Las aplicaciones de prevención de ataques pueden alertarnos de posibles riesgos antes de cada instalación y ofrecer análisis e informes en tiempo real sobre los intentos de ataque.
¿Podemos considerar que estas medidas son suficientes? Por supuesto que no. El factor humano sigue siendo el eslabón más débil y ningún parche puede solucionarlo. ¿Con qué frecuencia leemos que un sistema gubernamental sigue usando «password» como contraseña y que los directivos utilizan sus dispositivos tanto para actividades personales como laborales? Tendemos a instalar a ciegas cualquier aplicación que nos recomienden sin preguntarnos antes: ¿puedo confiar en este desarrollador?
¿Y quién presta atención a la lista de permisos que solicitan esas aplicaciones antes de instalarlas? Aunque nuestro antivirus no detecte ningún problema y la aplicación parezca segura, esos permisos permiten que un fabricante o desarrollador comparta nuestra información personal con terceros sin que lo sepamos.
Todos los usuarios necesitan adquirir un nivel básico de conocimientos de autodefensa en materia de seguridad móvil. Los medios de comunicación deberían desempeñar un papel importante para aumentar la concienciación de los usuarios. Además, los organismos gubernamentales y las empresas de alta tecnología deberían reforzar la seguridad de la información en los dispositivos móviles.
Autor: Andrea Stroppa, bloguero, Huffington Post Italia
Imagen: Una mujer habla por su teléfono móvil BlackBerry en un centro comercial de Dubái el 2 de agosto de 2010. REUTERS/Mosab Omar




