Cómo evitar una trampa permanente para los refugiados en Turquía

Cómo evitar una trampa permanente para los refugiados en Turquía
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Actualmente hay unos 9 millones de refugiados sirios y se calcula que cada día se suman 5.000 más. Más de 5 millones de sirios viven en países vecinos, principalmente Jordania (800.000), Líbano (1,8 millones) y Turquía (1,8 millones). Europa y Occidente han cerrado en gran medida sus puertas a estos refugiados, y sus desesperados viajes en barco ocupan a diario los titulares. La crisis no amaina y, con 2 millones de refugiados en Irak, el problema se amplía. Está claro que muchos de estos refugiados difícilmente volverán pronto a casa, si es que alguna vez lo hacen.

La gran mayoría de los refugiados sirios de Turquía no está en campamentos, sino entre la población general; solo 220.000 permanecen en campamentos. Turquía mantiene su política de fronteras abiertas: hace poco acogió a unos 160.000 kurdos sirios procedentes de Kobani en un período de tres días en octubre. Aunque son poco frecuentes, de vez en cuando estallan tensiones entre la población local y los sirios, debido a la caída de los salarios de los empleos poco cualificados, al aumento del coste de las viviendas más económicas y a que se culpa a los sirios del incremento de la delincuencia. Es necesario abordar estas cuestiones en el contexto del verdadero desafío: evitar que una población refugiada permanente se convierta en una clase marginada.

Como señalaron Kemal Kirisci y Raj Salooja en Foreign Affairs, «los sirios en Turquía ya no son refugiados que esperan a que termine la guerra, sino… inmigrantes dispuestos a escribir un nuevo capítulo de sus vidas». Tras cuatro años de protección temporal bajo la imprecisa designación de «invitados», los refugiados reciben ahora tarjetas de identificación que les permiten acceder a servicios básicos como la atención sanitaria preventiva y la educación. Esto no llega a otorgarles la condición oficial de refugiados, que conlleva más derechos, pero sigue siendo un paso importante en la dirección correcta. Además, se presentó al Consejo de Ministros una propuesta para regular las condiciones laborales, que permite a los sirios solicitar permisos de trabajo con sus tarjetas de identificación.

Mientras tanto, está surgiendo una pujante comunidad empresarial siria. Muchos de sus integrantes están en Gaziantep, Kilis y Urfa, ciudades fronterizas con Siria. También hay comunidades sirias de clase media bastante numerosas en ciudades como Mersin, a 300 kilómetros de Siria. Allí, más de 50.000 sirios han creado escuelas sirias, cientos de empresas y otros espacios que les recuerdan a su hogar. En el antiguo barrio estambulí de Aksaray hay una «Kucuk Halep» (Pequeña Alepo), con restaurantes sirios, librerías, cines y otros negocios. Se encuentran zonas similares en otros centros urbanos.

En 2013, los sirios establecieron 489 de las 3.875 empresas de propiedad extranjera entre las 49.000 empresas creadas en Turquía. Esa cifra subió a 1.122 en 2014, cuando los sirios representaron el 26 por ciento de las 4.249 empresas extranjeras de un total de 54.000 creadas en 2014. Se espera una llegada mayor en 2015, a medida que los sirios utilicen su nueva condición para crear más empresas o formalizar las existentes. Muchas otras empresas operan en la informalidad, mientras que algunas recurren a socios turcos por conveniencia. Muchas también emplean a trabajadores sirios. Las autoridades turcas estudian acuerdos especiales para que los sirios trabajen en empresas sirias. La Oficina de Comercio de Siria, una consultora de Mersin, calcula que desde 2011 han entrado en Turquía unos 10.000 millones de dólares de capital sirio.

Los vínculos de Turquía con Siria crecían rápidamente antes de 2011 y de la posterior guerra civil. La eliminación de las barreras de visado entre Turquía, Jordania, Líbano y Siria en 2009-2010 dio lugar a acuerdos y actividades económicas que prometían una cooperación económica mucho mayor. El Banco Mundial señaló el potencial de la integración económica regional en dos informes recientes, uno de Sibel Kulaksiz y otros y otro de Elena Ianchovichina y Maros Ivanic. La guerra frenó abruptamente este crecimiento del comercio, que se esperaba que pasara de 2.300 millones de dólares anuales en 2010 a 5.000 millones en 2014. En ese momento también llegó a su fin la profundización de los vínculos comerciales que acababa de comenzar.

Sin embargo, la zona sin visado ha seguido ampliándose, pues Turquía e Irak eliminaron los requisitos de visado en 2014. Los iraquíes son ahora los cuartos mayores propietarios de empresas extranjeras de nueva creación en Turquía. Se espera que el comercio tanto con Irak como con Siria aumente aún más en 2015. Deberían contribuir a ello el reciente acercamiento con Irak y la reapertura de la economía iraquí a las empresas turcas, que hasta hace poco se concentraban en gran medida en la región kurda. Mientras tanto, el comercio con Siria, que ahora está en el nivel de 2010, se recupera, aunque su composición es distinta: se centra en alimentos básicos, materiales de construcción, etc. Sigue muy lejos de los bienes de consumo duraderos y los bienes de capital que se esperaba que predominaran antes de la guerra. Aun así, pone de relieve que el comercio continúa y que el creciente número de empresas sirias es clave para mantener e incluso fortalecer estos vínculos. El aumento de más del 330 por ciento del comercio de Mersin con Siria en 2014, así como el registrado en otras ciudades fronterizas, está estrechamente relacionado con las empresas sirias allí establecidas.

No obstante, la vida sigue siendo difícil para muchos refugiados en Turquía, que intentan adaptarse y se enfrentan a otra barrera: el idioma. Sin embargo, la resiliencia de los trabajadores y las empresas sirias, así como su legalización, alimenta la esperanza de que Turquía aún pueda evitar una población refugiada permanente y una clase marginada persistente. Cuando llegue la paz, estos vínculos sin duda beneficiarán a ambos países. Mientras tanto, sería útil pensar en cómo podría la comunidad internacional apoyar a las empresas sirias en Turquía, así como en los demás países que les han dado refugio. Por ejemplo, la iniciativa innovadora del Banco Mundial para ayudar a los refugiados sirios mediante el apoyo a las comunidades locales en Líbano y Jordania podría inspirar programas similares para emprendedores y trabajadores sirios que necesiten nuevas competencias.

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Esta publicación apareció primero en Voces y opiniones: blog de Oriente Medio y Norte de África del Banco Mundial. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Omer Karasapan es coordinador de Conocimiento y Aprendizaje de la Región de Oriente Medio y Norte de África del Banco Mundial.

Imagen: Una familia siria deja una casa alquilada mientras se muda a otro barrio de Ankara, en medio de un marcado descenso de las temperaturas invernales. REUTERS/Umit Bektas

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