Cuando esta semana se reúnan muchos de los ministros del mundo en la Cumbre de la Casa Blanca para Contrarrestar el Extremismo Violento, la migración ocupará un lugar destacado en la agenda, pero por todas las razones equivocadas.
Es probable que el fenómeno de los combatientes extranjeros en Irak y Siria —pocos en número, pero con un impacto político significativo— domine la agenda. En particular, los delegados europeos reflexionarán sobre los aparentes fallos de integración que han radicalizado a algunos inmigrantes y a sus descendientes. También es probable que se establezca una relación entre la migración irregular, el asilo y el riesgo de importar terrorismo.
Cada uno de estos vínculos entre la migración y el extremismo violento es pertinente y debe afrontarse; pero presentar la migración únicamente como una influencia negativa sería un error. La migración también debería formar parte de la solución, al menos de cinco maneras.
Cinco verdades sobre los migrantes de hoy
En primer lugar, la historia demuestra que la migración es la forma más eficaz de fomentar la tolerancia y el entendimiento intercultural. Por cada fracaso de integración hay incontables éxitos, que se manifiestan en matrimonios mixtos, artes y gastronomía híbridas, y ciudades cosmopolitas y globales. Lejos de ser un motivo para frenar la migración, el auge del extremismo violento debería ser un motivo para promoverla.
En segundo lugar, los migrantes —y, en particular, los emprendedores migrantes— abren una vía para establecer alianzas con el sector privado, algo que el secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, identificó como fundamental en su discurso sobre cómo contrarrestar el extremismo violento en Davos, pero que hasta ahora ha resultado difícil de conseguir. Por lo general, el sector privado se ha mostrado reacio a colaborar en iniciativas internacionales de seguridad, y especialmente en las de lucha contra el terrorismo; una excepción son las empresas dirigidas por migrantes y sus descendientes, que suelen tener un interés tanto personal como empresarial.
En tercer lugar, los migrantes representan la voz más auténtica para denunciar la propaganda y los relatos que ciertos extremistas violentos y organizaciones terroristas promueven con tanta eficacia, en especial aquellos que afirman hablar en nombre del islam. De manera controvertida, esto también podría incluir a los combatientes extranjeros que regresan, expuestos a mentiras y engaños, y cuyas contranarrativas probablemente sean particularmente poderosas.
En cuarto lugar, dado que una proporción significativa del extremismo violento en Europa y EE. UU. procede actualmente de comunidades migrantes excluidas y desilusionadas, son estas comunidades, más que ninguna otra, las que realmente comprenden los factores que impulsan la radicalización. Ninguna investigación universitaria ni análisis de centros de estudios puede alcanzar el mismo grado de comprensión que la madre de un hijo radicalizado o la esposa de un marido extremista.
En quinto lugar, es probable que el verdadero potencial para encontrar soluciones resida en estas comunidades migrantes. El Fondo Global para la Participación y la Resiliencia Comunitarias, que dirijo actualmente, se creó específicamente para financiar a las comunidades y ayudarlas a contrarrestar el extremismo violento.
La cumbre de la Casa Blanca de esta semana ofrece una valiosa oportunidad para movilizar el apoyo internacional y combatir este desafío generacional. Es importante que el proceso convierta a los migrantes en partes interesadas, no en chivos expiatorios.
Autor: Khalid Koser es director ejecutivo del Fondo Global para la Participación y la Resiliencia Comunitarias (GCERF), Suiza, y presidente del Consejo de la Agenda Global sobre Migración.
Imagen: Migrantes rescatados, que afirman proceder de Siria, esperan para desembarcar de una patrullera de las Fuerzas Armadas de Malta (AFM) tras llegar a la base del Escuadrón Marítimo de las AFM en el puerto de Marsamxett, en Haywharf, La Valeta, el 28 de agosto de 2014. REUTERS/Darrin Zammit Lupi



