Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate.
En demasiados lugares del mundo, los mayores asesinos de niños son los organismos más pequeños: los virus, las bacterias y los parásitos unicelulares que causan la diarrea y la neumonía. Dado que se han logrado enormes avances en salud pública —ambas enfermedades son prevenibles y curables—, esto es inexcusable. Es imperativo que todos los niños, especialmente los más vulnerables, tengan acceso a servicios sanitarios que salvan vidas.
Según UNICEF, la neumonía y la diarrea causan nada menos que una cuarta parte de los 5,9 millones de niños menores de cinco años que mueren cada año. Y un nuevo informe del Centro Internacional de Acceso a Vacunas muestra que casi tres cuartas partes de las muertes por neumonía y diarrea se producen en solo 15 países. En estos países y en otros, estas muertes son más frecuentes en las comunidades más pobres y marginadas.
Si bien las cifras reflejan avances en las últimas décadas, la tragedia es que la mejora podría haber sido mucho mayor si los gobiernos no hubieran caído de forma sistemática en la tentación de centrarse en una o dos intervenciones a la vez. Para acabar de una vez por todas con las muertes infantiles por estas enfermedades, los gobiernos deben comprometerse a ampliar simultáneamente el conjunto completo de intervenciones identificadas hace dos años por la Organización Mundial de la Salud y el UNICEF, en su plan integrado Global Action Plan for Pneumonia and Diarrhea.
Una intervención fundamental y extraordinariamente rentable es la promoción de la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, práctica que contribuye al desarrollo del sistema inmunitario del bebé. En la actualidad, en 12 de los 15 países que sufren el mayor número de muertes infantiles por neumonía y diarrea, las tasas de lactancia materna exclusiva no alcanzan el 50 % de la meta mundial de la OMS.
Además, los gobiernos deben garantizar que todos los niños tengan acceso a vacunas que salvan vidas. Aunque la vacuna contra la infección neumocócica —una de las principales causas de neumonía— se desarrolló a comienzos de siglo, no se incluye en los programas de vacunación sistemática en cinco de los países donde la neumonía es más frecuente (Chad, China, India, Indonesia y Somalia). Esto debe cambiar.
En cuanto a la diarrea, un estudio mundial exhaustivo concluyó que los casos moderados y graves se deben principalmente al rotavirus, lo que convierte a este virus en la principal causa de muerte de lactantes y niños pequeños en todo el mundo. Sin embargo, las vacunas contra el rotavirus se han implantado en 79 países (un logro significativo), pero una alarmante cifra del 74 % de los lactantes del mundo sigue teniendo pocas probabilidades de que se les vacune este año. La introducción de la vacuna para los lactantes indios el próximo año será un hito importante. Pero otros países asiáticos, como Bangladés y Pakistán, todavía no han decidido si harán lo mismo.
Cuando los niños contraen diarrea, necesitan acceso a los tratamientos adecuados. Las sales de rehidratación oral y los suplementos de zinc no solo reducen drásticamente las tasas de mortalidad, sino que además son económicos de ampliar a gran escala. En el tratamiento de la neumonía, el acceso a los antibióticos es esencial.
El denominador común de estas intervenciones es la necesidad de contar con profesionales sanitarios suficientes y bien formados que presten servicio en comunidades empobrecidas. En efecto, los profesionales sanitarios son necesarios para orientar a las madres en el intento de amamantar —lo que no siempre resulta tan sencillo como parece— y para reforzar la importancia de esta práctica. Son necesarios para administrar vacunas y tratamientos. Y son necesarios para asesorar a las familias sobre cómo proteger a sus hijos de la muerte por neumonía, diarrea y otras enfermedades, incluida la información sobre cuándo acudir a un centro de salud si enferman.
Los gobiernos desempeñan un papel fundamental para garantizar que las comunidades más pobres y marginadas tengan acceso a servicios sanitarios esenciales, proporcionando a los profesionales sanitarios la formación, las herramientas, la supervisión, la financiación y el apoyo logístico adecuados. Esto, junto con otras intervenciones esenciales, como el suministro de agua potable y de instalaciones de saneamiento eficaces, exigirá un compromiso político firme y sostenido, que la sociedad civil y los medios de comunicación, al exigir a sus gobiernos que rindan cuentas, pueden ayudar a garantizar.
Todavía son demasiados los niños del mundo que no tienen acceso a los servicios sanitarios esenciales que necesitan para sobrevivir y prosperar. Acelerar el debate sobre métodos probados y de bajo coste para prevenir, tratar y curar la neumonía y la diarrea es fundamental para dar a todos los niños la oportunidad que merecen. El lugar donde se vive no debería determinar si se vive.
La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autora: Anita Zaidi es directora del programa de Enfermedades Entéricas y Diarreicas de la Fundación Bill & Melinda Gates.
Imagen: Un niño afgano recibe gotas de la vacuna contra la polio durante una campaña antipolio en Kabul, el 24 de marzo de 2014. REUTERS/Mohammad Ismail.




