Cuando los niños y los padres de una escuela de Ulán Bator, la capital de Mongolia, se reunieron para ver cómo resistiría a los desastres, se dieron cuenta de que, si se producía un terremoto, el edificio podría derrumbarse, los cables eléctricos incendiarse y las ventanas hacerse añicos, poniendo en peligro a los estudiantes que estaban dentro.
Así que el director encargó a Luvsansharav Altantsetseg, de 15 años, que averiguara cómo protegían sus escuelas otros países: lecciones que ambos planean utilizar para mejorar la suya.
Esta semana, Altantsetseg estaba siguiendo con diligencia su tarea en Sendai, al noreste de Japón, donde era uno de los 200 jóvenes que asistían a la conferencia de la ONU sobre reducción del riesgo de desastres.
Cuando Sendai sufrió un enorme terremoto y un tsunami en marzo de 2011, las iniciativas previas de prevención de desastres —entre ellas, el refuerzo de edificios y los simulacros de evacuación— minimizaron los daños e hicieron que ningún niño muriera dentro de una escuela, incluidas tres situadas en la costa.
Altantsetseg conoció a niños que habían vivido el desastre japonés. También asistió a un debate sobre cómo hacer más seguras las escuelas, en el que Turquía puso en marcha una iniciativa mundial para aumentar la resiliencia de las escuelas ante fenómenos meteorológicos extremos y terremotos, preparar a los alumnos para saber cómo actuar en caso de desastre y enseñarles a reducir los riesgos.
Turquía, también propensa a los terremotos, dijo asimismo que garantizaría que sus 80.000 escuelas fueran a prueba de desastres para 2018.
«Antes de venir (a Sendai), me dijeron que los mongoles afrontan muchos desafíos, pero que también hay muchos otros países que sufren desastres», me dijo Altantsetseg en Sendai.
En la conferencia describió sus propios esfuerzos en Mongolia, donde forma a otros niños, les da consejos prácticos y les enseña a prestar primeros auxilios.
Aprender de los niños
El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, de 15 años y adoptado el miércoles, incluye una meta para reducir sustancialmente, de aquí a 2030, los daños a las infraestructuras y las interrupciones de los servicios, incluidas las escuelas y la educación.
También establece que se debe alentar y apoyar a los niños para que contribuyan a la reducción del riesgo de desastres.
Es importante invertir en los conocimientos y las habilidades de los jóvenes para que puedan encontrar sus propias maneras de evitar las crisis, dijo Richard Rumsey, director de reducción del riesgo de desastres de World Vision International.
En Etiopía, un programa respaldado por World Vision incorporó hace aproximadamente un año al currículo de primaria lecciones sobre gestión de riesgos y conciencia ambiental.
Los jóvenes que acudieron a Sendai dejaron claro que quieren participar en iniciativas a nivel comunitario y gubernamental.
«Esperamos que los responsables políticos aprendan de nosotros que los niños pueden resolver sus propios problemas», dijo Yudi Yanto Njappa Kaka, un niño de 15 años de Waingapu, en la provincia indonesia de Nusa Tenggara Oriental.
Cuando el foro infantil de Sumba Oriental que él dirige evaluó una aldea gravemente afectada por la sequía, descubrieron que los niños tenían menos tiempo para estudiar porque acompañaban a sus padres al bosque en busca de comida y agua.
Su investigación también reveló que los niños creían que el gobierno haría algo para ayudarlos.
El foro de Kaka los convenció de que no tenían que esperar a las autoridades, y los estudiantes decidieron plantar un árbol cada uno en las zonas costeras y cerca de su escuela, con el objetivo de mejorar la retención de agua y hacer que la tierra fuera más fértil.
Según UNICEF, se espera que el número de niños afectados por desastres relacionados con el cambio climático aumente a 200 millones al año en las próximas décadas, frente a unos 66 millones de niños anuales a finales de la década de 1990.
Aunque los niños están entre los grupos más vulnerables —y afrontan daños físicos y psicológicos, pérdida de acceso a la educación, violencia y abusos—, se reconoce menos el papel que pueden desempeñar en la reducción de riesgos, afirma UNICEF.
En Sendai, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y otros altos cargos participaron en un foro organizado por jóvenes voluntarios.
Altantsetseg y Kaka esperan que quienes deciden su futuro tomen en serio sus voces.
«Los niños dicen muchas cosas, pero los adultos no quieren escuchar», dijo Altantsetseg. «Los niños no deben rendirse».
Este artículo se publica en colaboración con The Thomson Reuters Foundation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autora: Megan Rowling es redactora de The Thomson Reuters Foundation.
Imagen: Niños juegan en un aula escolar destruida en Tanna. REUTERS/Edgar Su.



