Este artículo se publica en colaboración con The Conversation.
La osteoartritis afecta a unas ocho millones de personas en el Reino Unido, y la artritis reumatoide a otras medio millón. Por desgracia, no existe cura. Los tratamientos más avanzados disponibles hoy en día ofrecen solo un alivio limitado del dolor y la hinchazón articular.
Una característica clave de la artritis reumatoide y la osteoartritis –y la principal causa de discapacidad– es la erosión del cartílago. No existen terapias para tratar este aspecto de la enfermedad, pero nuestra investigación podría ser precisamente la clave para una forma radicalmente nueva de prevenirla. Implica algo denominado «microvesículas».
¿Qué sabemos?
El cartílago es uno de los pocos tejidos que no cuenta con aporte sanguíneo y, hasta ahora, se creía que solo las pequeñas moléculas solubles podían difundirse desde el líquido sinovial –un fluido de color paja que rodea la articulación– para nutrir las células del cartílago. De hecho, durante mucho tiempo se ha considerado que la barrera del cartílago era impenetrable para las células y otras estructuras pequeñas, lo que limitaba considerablemente nuestra capacidad para administrar terapias contra la artritis.
Pero aquí entran en juego las microvesículas. Estas pequeñas estructuras, liberadas por las células, se describieron por primera vez en 1949. Se pensaba que eran «polvo celular» –restos celulares inútiles. Sin embargo, investigaciones recientes han determinado que las microvesículas son, en realidad, un método importante de comunicación, pequeños «paquetes» que transmiten información entre las células. Lo hacen transfiriendo moléculas a las células receptoras, las cuales luego modifican su comportamiento.
Las microvesículas abundan en el líquido sinovial de la artritis reumatoide, pero su función ha sido un misterio. Se desconocía si podían interactuar con el cartílago.
¿Qué hay de nuevo?
Pero descubrimos que las microvesículas producidas por un determinado tipo de glóbulo blanco pueden penetrar en el cartílago para proteger sus células. Una vez en su interior, las microvesículas activan los mecanismos de reparación del organismo para favorecer la regeneración del cartílago dentro de la articulación. Pudimos detectar este fenómeno marcando con fluorescencia estas microvesículas para seguir su migración hacia el cartílago. La inyección directa de microvesículas en las articulaciones artríticas de ratones preservó el cartílago.
Para poner a prueba aún más el papel protector de las microvesículas en las articulaciones, generamos un ratón modificado genéticamente que producía menos microvesículas. Cuando estos ratones desarrollaron artritis, presentaban más signos de erosión del cartílago que los ratones de control.
¿Cómo funcionan?
Estas microvesículas protectoras contienen una proteína antiinflamatoria llamada Annexin-A1, capaz de iniciar el proceso de curación. Dentro del cartílago, observamos que un subconjunto de microvesículas con altos niveles de Annexin-A1 podía evitar la muerte de las células del cartílago durante la artritis y estimular estas células para que produjeran más cartílago, regenerando el tejido. Las microvesículas que contienen esta proteína se encuentran de forma natural en nuestro organismo, pero creemos que, en la artritis reumatoide, no hay suficientes para superar la inflamación.
¿Qué viene después?
Utilizando las microvesículas como andamiajes, esperamos crear en el futuro una terapia para pacientes con enfermedades articulares, aprovechando sus propias células para curar sus articulaciones. Estas microvesículas podrían cargarse con moléculas terapéuticas, como Annexin-A1, o con pequeñas moléculas elaboradas a partir de grasas omega-3, que podrían administrarse directamente a las células del cartílago. Esta estrategia permitirá usar dosis más bajas, ya que quedarán «encapsuladas» en las microvesículas, de modo que todo su contenido llegará directamente al cartílago.
Los fármacos utilizados para tratar la artritis tienen efectos secundarios. El uso prolongado de esteroides puede provocar problemas gastrointestinales y los biológicos (fármacos de molécula grande) pueden tener efectos no deseados, lo que deja a los pacientes más expuestos a infecciones.
Las moléculas que pretendemos utilizar en el interior de las microvesículas no están asociadas a ningún efecto secundario conocido. Estas moléculas son producidas de forma natural por nuestro organismo para desactivar la inflamación y activar los mecanismos de reparación, en un proceso denominado «resolución».
Las terapias personalizadas con microvesículas serían mucho menos invasivas que la cirugía. Se extraería la sangre del paciente, se generarían microvesículas en el laboratorio, se cargarían con los tratamientos y se inyectarían en la articulación. Sin embargo, antes de poder utilizar esta terapia en pacientes, debemos determinar cuántas microvesículas son necesarias para reparar el cartílago de los pacientes y cuánto tiempo duraría su efecto protector.
Las microvesículas ofrecen una vía secreta para administrar fármacos en la articulación, lo que representa una estrategia prometedora para pacientes con enfermedades articulares.
La publicación no implica el respaldo de los puntos de vista del Foro Económico Mundial.
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Lucy Norling ocupa un puesto de investigación posdoctoral en la Queen Mary University of London.
Imagen: Robert Granville alcanza un frasco de medicamentos mientras toma sus pastillas recetadas. Joe Raedle/Getty Images.



