El secretario general de la ONU, António Guterres, expone cómo el mundo se enfrenta a divisiones geopolíticas, desigualdades crecientes y un ataque contra los derechos humanos.
En su intervención ante la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, Guterres advierte sobre las amenazas que plantean la crisis climática y la IA sin gobernanza.
Las industrias y las instituciones financieras que dan marcha atrás en sus compromisos climáticos están «del lado equivocado de la historia» y del «lado equivocado de la ciencia», añade.
Señoras y señores:
Es un placer estar de vuelta en Davos.
El foco de este año es «La colaboración para la era inteligente» —una visión noble.
Pero seamos realistas.
Cuando muchas personas miran alrededor del mundo, no ven mucha colaboración.
Y, quizá en su opinión, tampoco suficiente inteligencia.
A pesar de los avances en muchos frentes —inversiones en energías renovables, saltos tecnológicos, avances sanitarios—, muchos de los problemas de nuestro mundo se están agravando.
Vivimos en un mundo cada vez más sin rumbo.
La semana pasada pronuncié mi discurso anual de prioridades ante la Asamblea General.
Dije que nuestro mundo se enfrenta a una caja de Pandora de problemas.
Afrontamos divisiones geopolíticas cada vez mayores, desigualdades crecientes y un ataque contra los derechos humanos.
Vemos una multiplicación de conflictos, algunos de los cuales están provocando una reconfiguración de distintas regiones del mundo, sobre todo Oriente Medio.
Por último, hay motivos para la esperanza con el acuerdo de alto el fuego y liberación de rehenes en Gaza, y estamos trabajando para intensificar con urgencia la ayuda humanitaria tan necesaria.
También acabo de estar en el Líbano, donde se mantiene el cese de las hostilidades y se está formando un nuevo gobierno tras dos años de estancamiento.
Desde Oriente Medio hasta Ucrania, pasando por Sudán y más allá, seguimos enfrentándonos a una lucha cuesta arriba.
Pero nunca dejaremos de pedir la paz, una paz basada en valores: la Carta de las Naciones Unidas; el derecho internacional, incluido el derecho internacional humanitario; y los principios de soberanía, independencia política e integridad territorial de los Estados.
Mientras tanto, los países en desarrollo atraviesan una situación económica desesperada.
Algunos se enfrentan a tasas de inflación de dos dígitos, mientras que los pagos de intereses en África absorben el 27 % de todos los ingresos públicos.
En todos los frentes, nuestros sistemas de gobernanza suelen estar mal preparados para afrontar estos desafíos.
Muchos fueron creados para una época, una economía y un mundo distintos.
Trabajamos para reformar las instituciones para el siglo XXI, desde la arquitectura financiera mundial hasta el Consejo de Seguridad de la ONU, dos aspectos básicos de nuestra Cumbre del Futuro.
Pero reformar las instituciones exige una reforma de las mentalidades.
Porque afrontamos grandes desafíos —desafíos existenciales— y no estoy convencido de que los líderes lo entiendan.
Sí, todos entendemos la naturaleza de una amenaza existencial.
Quienes vivimos la Guerra Fría recordamos las décadas que pasamos bajo la sombra constante de la aniquilación nuclear.
Por supuesto, la amenaza nuclear sigue con nosotros.
Pero, en lo que respecta a las amenazas existenciales, la nuclear ya no está sola.
Hoy afrontamos dos amenazas nuevas y profundas que exigen mucha más atención y acción a escala mundial, porque amenazan con trastocar la vida tal como la conocemos: la crisis climática y la expansión sin gobernanza de la inteligencia artificial.
En primer lugar, el caos climático.
Recientemente vi un análisis que expuso una sombría ironía: trece de los mayores puertos del mundo para superpetroleros quedarán anegados por la subida del nivel del mar.
La subida del nivel del mar, causada por el aumento de las temperaturas.
Y el aumento de las temperaturas, causado en su mayoría por la quema de combustibles fósiles.
Nuestra adicción a los combustibles fósiles es un monstruo de Frankenstein que no perdona a nada ni a nadie.
A nuestro alrededor vemos señales claras de que el monstruo se ha convertido en amo.
Acabamos de soportar el año más caluroso y la década más cálida de la historia.
Es probable que 2024 sea el primer año natural que superó 1,5 ºC por encima de los niveles preindustriales.
Superar este límite no significa que el objetivo a largo plazo de mantener el aumento de la temperatura global en 1,5 ºC esté perdido.
Significa que debemos luchar aún más para volver al buen camino.
Sobre todo cuando lo que estamos viendo hoy —subida del nivel del mar, olas de calor, inundaciones, tormentas, sequías e incendios forestales— es solo un anticipo de la película de terror que se avecina.
Un mundo en el que cada economía sufre las consecuencias…
De cadenas de suministro rotas…
De infraestructuras destruidas…
De precios más altos y primas de seguros más elevadas, o de ausencia total de seguro.
Al mismo tiempo, se está desarrollando otra historia mucho más esperanzadora.
La energía barata y abundante procedente de las renovables es una oportunidad económica extraordinaria.
Una oportunidad que beneficiará a personas de todos los países.
Y que hará inevitable el fin de la era de los combustibles fósiles, por mucho que los intereses creados intenten evitarlo.
Varias instituciones financieras e industrias están dando marcha atrás en sus compromisos climáticos.
Aquí en Davos, quiero decirlo alto y claro:
Es cortoplacista.
Y, paradójicamente, es egoísta y también contraproducente.
Están del lado equivocado de la historia.
Están del lado equivocado de la ciencia.
Y están del lado equivocado de los consumidores, que buscan más sostenibilidad, no menos.
Esta advertencia se aplica, sin duda, también a la industria de los combustibles fósiles y a las empresas de publicidad, lobby y relaciones públicas que lo facilitan, lo encubren y practican el lavado verde.
El calentamiento global avanza a toda velocidad: no podemos permitirnos retroceder.
Los gobiernos deben cumplir su promesa de presentar este año nuevos planes nacionales de acción climática que abarquen toda la economía, con mucha antelación a la COP30 en Brasil.
Esos planes deben alinearse con la limitación del aumento de la temperatura global a 1,5 ºC, incluso acelerando la transición energética mundial.
También necesitamos un aumento sustancial de la financiación para la acción climática en los países en desarrollo, para adaptarse al calentamiento global, reducir drásticamente las emisiones y aprovechar los beneficios de la revolución renovable.
Debemos abordar los elevados costes de capital que están dejando atrás a los países en desarrollo.
También insto a todas las empresas y a las instituciones financieras a elaborar este año planes de transición sólidos y responsables.
Estos también deben alinearse con 1,5 ºC y con las recomendaciones completas del Grupo de Alto Nivel de Expertos de las Naciones Unidas sobre Cero Emisiones Netas.
A los líderes empresariales que siguen comprometidos con la acción climática: su liderazgo es necesario ahora más que nunca.
No den marcha atrás.
Manténganse del lado correcto de la historia.
Ha llegado el momento de intensificar al máximo nuestros esfuerzos colectivos y hacer de 2025 el mejor año de la acción climática hasta la fecha.
El segundo ámbito de preocupación existencial es la inteligencia artificial sin gobernanza.
Sí, la IA encierra una promesa incalculable para la humanidad.
Revolucionar el aprendizaje.
Mejorar la atención sanitaria y diagnosticar las enfermedades antes.
Apoyar a los agricultores con herramientas más inteligentes para aumentar la productividad.
Despejar campos minados.
Y orientar mejor la ayuda en tiempos de crisis.
Estos son resultados reales que se están produciendo ahora mismo.
Pero con esta promesa llegan riesgos profundos, sobre todo si la IA no está gobernada.
La IA puede utilizarse como herramienta de engaño.
Puede alterar las economías y los mercados laborales, socavar la confianza en las instituciones y tener efectos escalofriantes en el campo de batalla.
Y la IA podría profundizar las desigualdades al excluir a quienes no tienen los recursos o las herramientas para beneficiarse de su promesa.
Una vez más, la colaboración es fundamental.
El Pacto Digital Mundial, adoptado en septiembre en las Naciones Unidas, ofrece una hoja de ruta para aprovechar el inmenso potencial de la tecnología digital y reducir las brechas digitales.
También reúne al mundo en torno a una visión compartida de la inteligencia artificial: una en la que esta tecnología sirva a la humanidad, y no al revés.
El Pacto establece el primer acuerdo universal sobre la gobernanza de la IA que sienta a todos los países a la mesa.
Incluye la creación de un panel científico internacional independiente sobre la IA, que reúna conocimientos para cerrar las brechas de conocimiento y ayudar a cada nación a tomar las decisiones políticas sobre IA más informadas.
El Pacto también pide un diálogo mundial periódico sobre la gobernanza de la IA, como espacio inclusivo para que las partes interesadas se reúnan bajo los auspicios de las Naciones Unidas.
También prevé una red de iniciativas de desarrollo de capacidades para los países en desarrollo, que son los que más tienen en juego a medida que crecen y se expanden los sistemas impulsados por la IA.
Y debemos colaborar para que todos los países y todas las personas se beneficien de la promesa y el potencial de la IA para apoyar el desarrollo y el progreso social y económico de todos.
Invirtiendo en internet asequible, alfabetización digital y la infraestructura que permita a cada país aprovechar el potencial de la IA.
Ayudando a los países en desarrollo a utilizar la IA para hacer crecer las pequeñas empresas, mejorar los servicios públicos y conectar a las comunidades con nuevos mercados.
Y situando los derechos humanos —siempre— en el centro de los sistemas impulsados por la IA.
Las Naciones Unidas se comprometen a liderar este esfuerzo.
Trabajamos con gobiernos, la industria y la sociedad civil para garantizar que la IA se convierta en una herramienta de oportunidad, inclusión y progreso para todas las personas.
Señoras y señores:
Ha llegado el momento de despertar ante estos desafíos existenciales, afrontarlos de frente y transformarlos en fuentes de progreso y bienestar para todos.
Como comunidad mundial, debemos estar a la altura de esta gran responsabilidad.
Y hagámoslo trabajando como uno solo, en colaboración.
Gracias, y espero con interés nuestro debate de hoy.


