La conocida y probada receta para lograr aumentos continuos de la productividad y la competitividad globales —a saber, reducir las barreras al comercio y la inversión para que las empresas y las sociedades se beneficien de las cadenas de valor globales— está siendo seriamente cuestionada.
¿Deberían los negocios globales aceptar sin más que la globalización y el libre comercio son cosa del pasado y adaptarse a esta nueva realidad de nacionalismo y fronteras? No lo creo. Aunque el sistema necesita reformas, creo que hay cuatro vías dentro de él capaces de generar crecimiento económico en beneficio de la mayoría, y no solo de unos pocos.
Defender las cadenas de suministro globales
El primer paso es sencillo: las cadenas de suministro globales no deben desmantelarse; deben evolucionar. Ninguna empresa ha llegado a ser un competidor global partiendo de un mercado totalmente protegido (lo sé: algunos dirían que hay ejemplos en China, pero la situación dista mucho de estar clara). Y literalmente miles de millones de personas en todo el mundo se han beneficiado del acceso a las comunicaciones móviles gracias a las economías de escala que hace posible un mercado verdaderamente global, que abarata los dispositivos y la conectividad, incluso para algunas de las personas más pobres del mundo.
Eso se debe a que el sector de las TIC es global: productos globales fabricados para un mercado verdaderamente global. Hechos en el mundo. Los países que han adoptado estas TIC globalizadas —Vietnam, Tailandia y Filipinas, por ejemplo— ya están cosechando sus beneficios. Los que han mantenido barreras proteccionistas en sus sectores de las TIC han salido perdiendo.
Las recientes medidas de algunos países para imponer requisitos de localización de la producción, la I+D o las patentes probablemente conducirán a una costosa experiencia de aprendizaje, al menos en el sector de las TIC. La fórmula ganadora es la competitividad, algo que los gobiernos sencillamente no pueden imponer.
Es necesario fortalecer la evolución de las cadenas de suministro globales, no socavarla con iniciativas tan desacertadas. Nuestra primera prioridad debe ser asegurarnos de que la gente entienda por qué.
Flujos de datos transfronterizos
En las economías digitales actuales, que crecen rápidamente gracias a la nube, el internet de las cosas y el 5G, la mayoría de las innovaciones estarán impulsadas por los datos. Pronto todas las industrias, tanto las manufactureras como las de servicios, dependerán en gran medida de la recopilación, el uso y el análisis de datos, si es que no lo hacen ya.
Por eso es necesario proteger los flujos transfronterizos de datos y limitar los requisitos de localización de datos: esa es mi segunda prioridad.
Y, sin embargo, nuestros esfuerzos por reducir o eliminar las barreras comerciales que aún quedan suelen centrarse en los bienes y servicios físicos. Mientras tanto, los responsables de formular políticas adoptan con demasiada frecuencia un enfoque provinciano respecto a los datos, y establecen políticas que exigen su localización y prohíben los flujos transfronterizos. Quizá parezca más seguro, pero es una falsa sensación de seguridad. Las empresas deben pronunciarse a favor de acuerdos comerciales que sigan protegiendo la privacidad y, a la vez, permitan que las empresas y las sociedades se beneficien plenamente del avance tecnológico.
Existen preocupaciones muy reales en torno a la protección de los datos y la privacidad. Hay que abordarlas. Pero debemos hacerlo de manera que siga permitiendo el flujo transfronterizo de datos, el sustento de todas las empresas y sociedades del futuro.
Nuevas amenazas
En este mundo cada vez más conectado e interconectado, una de las mayores amenazas, tanto para las empresas como para la sociedad en general, serán los ciberataques y la ciberseguridad en términos generales. Por eso, el tercer paso debe centrarse en mitigar estas nuevas amenazas.
A partir de ahora, las TIC serán la plataforma y la infraestructura crítica de sectores que van mucho más allá de una definición estrecha de la industria de las TIC, como los servicios públicos, la atención sanitaria, el transporte y la seguridad pública, por mencionar solo algunos.
Sin embargo, la frecuencia y la escala de los ciberataques y el ciberespionaje, muchos de ellos posiblemente patrocinados o alentados por gobiernos, están creciendo a un ritmo alarmante.
Los gobiernos deben identificar las numerosas brechas de ciberseguridad existentes, aumentar la cooperación internacional, participar en tratados internacionales y definir claramente cómo proteger los intereses legítimos de seguridad nacional en este nuevo mundo.
Desempeño empresarial responsable
Por cada empresa que crea empleos, genera innovaciones que benefician a la sociedad en general e impulsa un crecimiento económico más amplio, hay excepciones. Son esas empresas —las que anteponen sus márgenes de beneficio a todo lo demás, ya sea el medioambiente, los derechos humanos o las comunidades donde operan— las que nos dejan mal a todos.
Por eso nos corresponde al resto fijar un listón alto y predicar con el ejemplo. ¿Cómo podemos seguir trabajando con un proveedor que ha participado reiteradamente en prácticas corruptas? ¿No deberíamos pensárnoslo dos veces antes de suministrar productos y soluciones que podrían contribuir a vulnerar los derechos humanos?
La respuesta de los negocios globales debe ser clara, y aquí en Davos debemos manifestar nuestro compromiso con estos valores fundamentales y actuar en consecuencia.
Crear un sistema que funcione
El futuro del libre comercio responsable depende de que se adopten todas estas medidas. Espero, y desafío a los líderes empresariales a que nos unamos en esta misión. No permitan que arraigue el espíritu de los «nuevos nacionalismos» o de la «desglobalización». Debemos seguir garantizando la productividad y la competitividad globales, respaldadas por un conjunto claro de principios y reglas del juego.


