Este artículo se publica en colaboración con The E15 Initiative. La publicación no implica la aprobación de las opiniones expresadas por el Foro Económico Mundial.
Un “club” de carbono negro ártico (ABC) sería una respuesta rentable a las perspectivas, cada vez más graves, de deshielo en la región ártica, a las consecuencias del cambio climático global y a los efectos sanitarios regionales. Esa es la conclusión de un nuevo documento de ICTSD, Arctic Black Carbon from Shipping: A Club Approach to Climate-and-Trade Governance. La necesidad es urgente, dadas las proyecciones de aumentos significativos del volumen del transporte marítimo internacional en los próximos años, en una región que ya ha experimentado un ritmo de aumento de la temperatura el doble que la media mundial.
Un enfoque de “club” podría ser una forma eficaz de atender esta necesidad. En un contexto institucional internacional, un “club” es un mecanismo con una estructura de beneficios que incentiva la participación y el cumplimiento por parte de gobiernos u otras entidades, y es de menor tamaño que una organización multilateral. El concepto lleva tiempo interesando a los estudios académicos de economía política y ahora recibe una atención creciente entre los especialistas en cambio climático, incluidos los documentos del E15 de David Victor, “The Case for Climate Clubs”, y de Nat Keohane y Annie Petsonk, “Creating a Club of Carbon Markets: Implications of the Trade System”. Cabe señalar que los “clubes” pueden crearse como “abiertos” o “ecuménicos”, de modo que puedan ampliarse para incluir nuevos participantes que respalden los objetivos, programas y normas de los participantes originales.
Este tipo de modalidad institucional complementaría a la OMC y a la CMNUCC, los núcleos multilaterales de los regímenes de comercio y de cambio climático, aprovechando al mismo tiempo la experiencia de la Organización Marítima Internacional (OMI). La OMI ya está reconocida formalmente por la OMC y la CMNUCC como organismo internacional adecuado para abordar tanto las cuestiones de comercio como las de cambio climático. Dado que el carbono negro es materia particulada y no un gas, no se ha incluido en las actividades de la CMNUCC, a pesar de las pruebas de su gran potencia como factor de forzamiento climático. De hecho, el Potencial de Calentamiento Global del carbono negro a 20 años es miles de veces superior al del dióxido de carbono.
Existen numerosas instituciones y acuerdos internacionales que pueden contribuir al desarrollo de un ABC: el Consejo Ártico, la Organización Internacional de Normalización (ISO), la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)/la Coalición para el Clima y el Aire Limpio para Reducir los Contaminantes Climáticos de Vida Corta (CCAC), la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), el Protocolo de Gotemburgo administrado por la CEPE, el Banco Mundial y otros. La división del trabajo entre las numerosas organizaciones implicadas puede ser coordinada por la OMI.
Un acuerdo sobre ABC podría disponer que los buques solo puedan operar en la región ártica si cumplen las normas de equipamiento y de funcionamiento relativas a las emisiones de carbono negro. Una licencia para operaciones árticas, concedida a cada buque y a sus propietarios-explotadores, podría expedirse sobre la base de la certificación de que el equipo requerido está instalado y debidamente mantenido, así como del cumplimiento de las normas operativas. Así, podría tratarse de una asociación público-privada de tipo club, con la participación de propietarios de buques, operadores, gobiernos de los Estados de abanderamiento y gobiernos miembros del Consejo Ártico. El requisito de licencia se impondría a todos los tipos de buques que se dediquen al comercio internacional en la región ártica, incluidos los dedicados a actividades de exploración o extracción de petróleo o gas, así como los buques que transporten cualquier tipo de mercancías o personas.
Además de una licencia para operar en la región, un beneficio que podría compartirse entre los participantes en el acuerdo (y que quedaría excluido para los no participantes) sería un acuerdo de transferencia de tecnología, en virtud del cual los participantes tendrían derecho a recibir asistencia para adquirir la tecnología necesaria para cumplir los criterios de participación y de cumplimiento.
Por supuesto, también se necesitaría un sistema de control del cumplimiento. Afortunadamente, ya existe un sistema mundial de seguimiento por satélite en tiempo real que identifica la posición, la dirección y la velocidad de cada buque. Un buque que navegue hacia la región ártica o a través de ella y que no mantenga operativo su transpondedor para poder ser rastreado recibiría una citación; su operador y su propietario se enfrentarían a una multa considerable, al embargo del buque y a la cancelación, durante un período de años, del derecho del operador y del propietario a navegar con buques en la región ártica. Además, podrían realizarse controles portuarios de equipos, como los filtros de partículas, antes de zarpar hacia la región ártica, y podrían efectuarse controles previos y posteriores al viaje de los tipos y cantidades de combustible.
En suma, un club público-privado puede atraer una participación y un cumplimiento suficientes para abordar un problema de carbono negro en el Ártico que actualmente se prevé que se agrave en las próximas décadas. Ahora es el momento de abordarlo. Existen numerosas cuestiones tecnológicas, jurídicas, organizativas y, por supuesto, económicas que requieren solución, y para una primera reflexión sobre ellas le invitamos a leer este nuevo documento.
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Autor: Thomas Brewer es coordinador del Grupo de Expertos del E15 sobre Cambio Climático. Es investigador sénior del ICTSD.
Imagen: El sol brilla justo después de medianoche sobre un fiordo cerca de la localidad ártica de Longyearbyen, en abril de 2007. REUTERS/Francois Lenoir.



