China, el mayor mercado automovilístico del mundo, está trabajando en un calendario para detener la producción y venta de vehículos propulsados por combustibles fósiles. India ha declarado su intención de que todos los vehículos nuevos sean eléctricos para 2030.
Al igual que Gran Bretaña y Francia, estos dos mercados buscan eliminar gradualmente la venta de vehículos de gasolina y diésel en los próximos 20 años aproximadamente.
Los fabricantes de vehículos, la industria petrolera y los gobiernos empiezan a tomar conciencia de la disrupción que podría provocar la electrificación de los vehículos.
Incluso los fabricantes de automóviles reconocen que no pueden permitirse que la legislación los excluya de estos mercados lucrativos.
Volvo, Jaguar y Land Rover, Volkswagen, Mercedes, Audi y BMW han prometido lanzar modelos eléctricos durante la próxima década.
La electromovilidad parece ahora inevitable, pero el impacto que tendrá este cambio en el empleo, la economía petrolera e incluso los sistemas tributarios nacionales será profundo.
El impacto mundial en el empleo
Por lo general, los vehículos eléctricos, incluidas sus baterías, requieren menos mano de obra de fabricación que los que funcionan con gasolina.
Por este motivo, entre otros, la eliminación gradual de los motores de combustión para 2030 podría costar unos 600.000 puestos de trabajo solo en Alemania, según un informe del Instituto de Investigación Económica Ifo.
Pero quizá no todo sean malas noticias. Según la Federación Australiana de Fabricantes de Componentes Automotrices (FAPM), la prohibición podría ser una buena noticia para los proveedores del mercado chino, incluida Australia.
Aunque Toyota y otros fabricantes locales de automóviles han cerrado sus instalaciones en Australia, a medida que los vehículos eléctricos sean más fáciles de fabricar, el proceso de producción podría simplificarse y robotizarse, creando nuevas oportunidades de fabricación y negocio para el inversor adecuado.
La disrupción del petróleo
La transición total a los vehículos eléctricos para 2030 supondrá una considerable presión presupuestaria para los principales países productores de petróleo y cambiará el mapa geopolítico.
El economista de Stanford Tony Seba y su equipo llevan la visión de una revolución de los vehículos eléctricosun paso más allá y predicen que la disrupción llegará antes, durante la década de 2020.
Sostienen que la demanda de petróleo alcanzará un máximo de 100 millones de barriles diarios para 2020 y bajará a 70 millones de barriles diarios para 2030. Según su estudio de 2017, los países exportadores netos, como Venezuela, Nigeria, Arabia Saudí y Rusia, serán los más afectados.
También afirman que la geopolítica del litio, que junto con el níquel, el cobalto y el cadmio es clave para los vehículos eléctricos, es muy distinta de la política petrolera.
Aunque existe la posibilidad de que se produzcan interrupciones del suministro, el litio no es tan esencial como el petróleo para la vida útil de un automóvil.
Según Seba:
El litio es un material almacenado y, en la industria de los vehículos eléctricos, solo se necesita para fabricar la batería; en cambio, el petróleo es un combustible necesario para hacer funcionar un vehículo con motor de combustión interna. La escasez de litio solo afectaría a la producción de vehículos nuevos. No tener litio es como no tener un motor nuevo: el parque automotor existente puede seguir funcionando durante años. El petróleo es esencial para que funcione el parque existente; por tanto, es un componente mucho más crítico de la cadena de valor.
El impacto en las arcas públicas
Para 2030, los ingresos por los impuestos a la gasolina podrían reducirse considerablemente, a medida que la propiedad individual de vehículos de gasolina dé paso a flotas compartidas de vehículos eléctricos (y, en última instancia, autónomos).
Los gobiernos cuyos presupuestos dependen de esta fuente de ingresos podrían pasar a aplicar tarifas por uso de las carreteras, como cobrar por kilómetro recorrido o tasas por congestión.
Los modelos elaborados por Seba y su equipo muestran que la economía estadounidense podría perder 50.000 millones de dólares estadounidenses procedentes de los impuestos a la gasolina.
En Australia, según la Oficina de Infraestructura, Transporte y Desarrollo Regional, los ingresos del sector público relacionados con las carreteras ascendieron a 28.700 millones de dólares australianos en 2014-15.
El impuesto especial sobre los combustibles aportó alrededor de 11.030 millones de dólares australianos, o el 38 %, frente a cerca del 44 % a principios de la década de 2000. La creciente adopción de vehículos eléctricos en el mercado pondrá estos ingresos directamente en peligro.
Mi investigación también muestra que, en algunos escenarios futuros de movilidad autónoma compartida, el tamaño del parque automotor podría reducirse hasta alrededor del 80 %, lo que supondría menos ingresos por las tasas de matriculación de vehículos y los impuestos sobre las ventas, el mantenimiento, los seguros y el estacionamiento.
Perspectivas de futuro
Aunque los detalles de las prohibiciones en China y la India siguen siendo imprecisos, representan precisamente el tipo de cambios en las políticas gubernamentales que probablemente generalizarán los vehículos eléctricos.
Algunos grupos, como las petroleras gigantes BP y Shell, discreparían de que el fin del petróleo esté cerca.
Se ha sostenido que los vehículos eléctricos no supondrán un cambio radical, ya que la demanda de petróleo seguirá creciendo en el mundo en desarrollo y las mejoras en la eficiencia del combustible aportarán beneficios superiores a los de los vehículos eléctricos.
La enorme amplitud de la posible disrupción dificulta predecir qué ocurrirá, sobre todo cuando la combinación de tecnologías compartidas, eléctricas y autónomas converja para transformar el ecosistema de la movilidad.
Los fabricantes de automóviles, los gobiernos y la industria petrolera tendrán que tomar decisiones difíciles y prepararse. Los vehículos con motor de gasolina aún no han desaparecido, pero sus años de dominio en nuestras carreteras están contados.





