El virus del ébola ha causado la muerte de más de 9.000 personas : unas 2.000 en Guinea, 3.000 en Sierra Leona y 4.000 en Liberia. El brote comenzó en Guinea en diciembre de 2013, pero la crisis del ébola empezó realmente en abril de 2014, cuando comenzó a propagarse.
La respuesta internacional inicial fue calificada de «totalmente inadecuada» por parlamentarios británicos. Desde entonces, los esfuerzos han mejorado, pero estas son seis lecciones que pueden extraerse de la problemática respuesta inicial —de los problemas señalados por los parlamentarios— y que son especialmente pertinentes para los Estados con capacidad para reaccionar ante epidemias.
1. Confiar en las ONG y desarrollar la experiencia de la OMS
Médicos Sin Fronteras (MSF) alertó a los gobiernos ya en abril de 2014 sobre el problema del ébola, pero no fue hasta agosto de ese año que la Organización Mundial de la Salud declaró el ébola una emergencia de salud pública. MSF tenía razón sobre la magnitud del problema. Un testigo ante la Cámara de los Comunes, Fergus Drake, director de Programas Globales de Save the Children, dijo: «MSF ha sido la verdadera heroína, tanto por la labor de su personal sobre el terreno como por la magnitud de su respuesta».
La falta de reacción de la OMS durante cuatro meses tuvo consecuencias terribles para las zonas afectadas por el virus del ébola, en gran medida porque los gobiernos que contaban con programas de ayuda que podían utilizarse para las epidemias optaron por seguir las recomendaciones de la OMS.
Si la comunidad internacional hubiera reaccionado de inmediato, se podría haber contenido el brote. Los Estados deberían confiar en la experiencia de los médicos sobre el terreno, o asegurarse de que la OMS cuente con un nivel de experiencia similar si quieren seguir sus recomendaciones. Y la OMS no debería replicar el trabajo que realizan las ONG.
2. Mejorar los centros de salud
La comunidad internacional debería abordar el hecho de que los centros médicos eran insuficientes en Sierra Leona, Liberia y Guinea. Al comienzo del brote, había solo 40 médicos para un total de 4 millones de personas en Liberia, 120 médicos para 6 millones de personas en Sierra Leona y 1.200 para 12 millones de personas en Guinea. Senegal y Nigeria, que reaccionaron tan pronto como se diagnosticaron casos de ébola, cuentan con una infraestructura de servicios médicos más desarrollada, y los médicos locales pudieron responder al brote. En Nigeria, la experiencia en la erradicación de la polio fue especialmente útil.
Sin embargo, en general, se necesitan urgentemente más médicos en los siguientes Estados, que tienen menos de 100 médicos por cada millón de personas: Guinea, Ghana, Congo, Mali, Camerún, Timor Leste, Guinea-Bissau, Zambia, Zimbabue, Benín, Senegal, Togo, Papúa Nueva Guinea, Ruanda, Eritrea, Lesoto, República Centroafricana, Burkina Faso, Mozambique, Chad, Somalia, Burundi, Guinea Ecuatorial, Etiopía, Haití, Sierra Leona, Malawi, Níger, Liberia y Tanzania.
Para ponerlo en contexto: el Reino Unido y los Estados Unidos tienen, respectivamente, 2.800 y 2.400 médicos por cada millón de personas.
3. Planificar las respuestas logísticas
El Reino Unido no tenía un plan de contingencia detallado para una emergencia médica repentina. Según el informe parlamentario, cuando la crisis del ébola estaba en pleno apogeo, el Reino Unido solo pudo enviar a los países afectados a 55 profesionales de la salud, mientras que Cuba se comprometió a enviar a 165, de distintos niveles profesionales, para trabajar en los centros de tratamiento financiados por el Reino Unido.
El Gobierno británico confió en Save the Children para gestionar centros contra el ébola, pero esta ONG nunca había hecho ese trabajo y el primer centro no se estableció hasta noviembre de 2014.
La financiación —por ejemplo, para ayuda— es una cosa, pero también es importante contar con experiencia que los actores internacionales, y en especial los locales, puedan movilizar en situaciones de emergencia. El Departamento de Desarrollo Internacional y otras organizaciones financiadoras podrían centrar su ayuda en la educación y los centros de salud. China, por ejemplo, abrió un hospital en Sierra Leona en 2012 y en Liberia en 2011 y 2014.
4. Seguir las recomendaciones científicas
El Reino Unido, los Estados Unidos y Francia revocaron las licencias de los aviones con rutas de vuelo directas a las regiones donde había personas enfermas de ébola, pese a que no existía justificación científica para hacerlo. Esto dificultó el acceso de las ONG y los médicos a la región.
La crisis del ébola provocó un pánico innecesario en los Estados Unidos, pero los gobiernos tienen la responsabilidad de examinar la evidencia científica y tranquilizar a la población, en lugar de avivar el temor.
5. Reconocer a los Estados que contribuyen
Y avergonzar a quienes no contribuyen lo suficiente. Hasta ahora, el Reino Unido y los Estados Unidos han sido los que más se han involucrado en la aportación de fondos para combatir el virus del ébola. Sin embargo, teniendo en cuenta la población de cada Estado, los británicos donaron el doble que los estadounidenses. Los Estados que se han quedado rezagados han sido Alemania, Francia, Canadá y, especialmente, Italia. El ébola amenaza a todas las personas del mundo: todos los donantes, y no solo los antiguos Estados colonizadores, deberían participar en la lucha contra el virus.
6. Las farmacéuticas deberían cubrir una gama de vacunas
Una de las razones por las que no había una vacuna contra el ébola era que afectaba a pocas personas en zonas remotas de Estados africanos. Margaret Chan, directora general de la OMS, dijo que nunca se desarrolló una vacuna contra el ébola «porque solo afectaba a países africanos pobres».
El ébola no era una prioridad para los gobiernos ni las empresas farmacéuticas. Se han llevado a cabo investigaciones sobre el ébola en América del Norte, Europa, China y África. Sin embargo, hace falta más investigación, y las vacunas contra virus como el ébola o el Marburgo deberían comercializarse y ofrecerse a bajo precio.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autora: Catherine Gegout es profesora titular de Relaciones Internacionales en la University of Nottingham.
Imagen: Trabajadores sanitarios se ponen equipo de protección antes de entrar en una zona de cuarentena en un centro de la Cruz Roja en la localidad de Koidu. REUTERS/Baz Ratner.



