La política keniana Amina Mohamed sostiene que la única manera de que África supere con éxito la pandemia de coronavirus es mediante la cooperación internacional.
Sin embargo, señala que el aumento del cierre de fronteras y la reducción de las exportaciones de bienes y suministros probablemente perjudicarán a África.
África conoce bien las epidemias y las crisis de salud pública. Se estima que el ébolacausó la muerte demás de 11.000 personas en África occidental entre 2014 y 2016 y, más recientemente,se cobrómás de 2.000 vidas en el este de la República Democrática del Congo. Debido a la fragilidad de sus sistemas de salud, los países africanos solo pudieron controlar esta enfermedad mortal con el apoyo de otros gobiernos, la Organización Mundial de la Salud y organizaciones no gubernamentales como Médicos Sin Fronteras.
África ha aprendido por las malas que la cooperación internacional es clave para salvar vidas y erradicar epidemias. Pero la respuesta mundial dispar a la actual pandemia de COVID-19 sugiere que el mundo corre el riesgo de olvidar esta lección.
Quizá comprensiblemente, los gobiernos se han centrado en la situación interna y en las necesidades de sus ciudadanos. Muchos países reaccionaron al brote cerrando sus fronteras e intentando resolver primero sus propias crisis sanitarias antes de ayudar a otros. Sin embargo, ese enfoque tendrá consecuencias imprevistas. Además, demasiados gobiernos han prestado poca atención a cómo sus medidas preventivas pueden afectar negativamente, en particular, a los países pobres y vulnerables.
Por ejemplo, 60 gobiernos han impuesto restricciones a la exportaciónde equipos médicos como respiradores y equipos de protección personal; más de la mitad, desde principios de marzo. Algunos países están limitando las exportacionesde medicamentos esenciales para tratar los síntomas de la COVID-19. Y cada vez más países están prohibiendo las exportaciones de productos alimentarios, como arroz, trigo y huevos, para garantizar la seguridad alimentaria de sus propios países.
Es cierto que la Organización Mundial del Comercio permite a sus miembros imponer restricciones comerciales, como prohibiciones de exportación, en ciertos casos limitados. Pero la proliferación de estas medidas podría afectar negativamente a la seguridad alimentaria de los países que dependen del comercio internacional para cubrir la mayor parte de sus necesidades, incluidas muchas de las economías menos adelantadas de África.
Por supuesto, la COVID-19 no solo está afectando al comercio. La pandemia, que se acelera, también está cobrando un asombroso costo humano y económico, ante todo en vidas perdidas, pero también como resultado de quiebras, pérdida de empleos y problemas de salud mental.
Ante esta situación, los gobiernos no deben dejarse llevar por el miedo y recurrir a soluciones proteccionistas de corto plazo. Esto también se aplica a los países africanos.
Es fundamental que los responsables de formular políticas no pierdan de vista las oportunidades que ofrece la Zona de Libre Comercio Continental Africana, cuya entrada en funcionamiento está prevista para más adelante este año. Los gobiernos africanos han depositado, con razón, grandes esperanzas en la AfCFTA. Al eliminar los aranceles y otras barreras comerciales, el acuerdo puede impulsar un crecimiento significativo del comercio, la inversión y el empleo en todo el continente. Ese crecimiento es urgente, porque las exportaciones intraafricanas representaron menos del 17 %de las exportaciones totales del continente en 2017 (las cifras comparables para Europa y Asia fueron del 68 % y el 59 %, respectivamente).
Eso significa que la interconexión de las economías africanas con el resto del mundo es vital para su supervivencia durante la pandemia y para su posterior recuperación y crecimiento. Por tanto, África debería estar a la vanguardia de quienes instan a los miembros del G20 y a otros gobiernos a cumplir la letra y el espíritu de sus compromisos con la OMC y a rechazar el proteccionismo.
Las restricciones innecesarias a las exportaciones de alimentos, equipos médicos y medicamentos esenciales pueden tener consecuencias de gran alcance para el sistema multilateral de comercio y la economía mundial. Estas medidas no solo obstaculizarán los avances en la gestión de la crisis actual, sino que también comprometerán los esfuerzos a largo plazo de los países africanos para combatir la pobreza y mejorar el nivel de vida.
Ahora más que nunca, por tanto, los miembros de la OMC deberían aplicar plenamente la Declaración de Doha de la OMC relativa al Acuerdo sobre los ADPIC y la salud pública. Esta declaración reconoce la fragilidad de los sistemas de salud de los países africanos y promueve su acceso a los medicamentos esenciales para hacer frente a las crisis de salud pública, como el VIH/sida, la tuberculosis, la malaria y otras epidemias como la COVID-19.
Al mismo tiempo, los países africanos, por su parte, deberían eliminar los aranceles y simplificar los procedimientos de despacho aduanero para las importaciones de medicamentos y equipos esenciales. Y, al hacer frente a las crisis sanitarias, deben aprovechar plenamente las tecnologías de la información y la comunicación siempre que sea posible, facilitar el intercambio de expertos sanitarios africanos e involucrar al sector privado como se hizo durante la epidemia de ébola. Si colaboran con las comunidades económicas y los organismos políticos africanos existentes, los gobiernos mitigarán el impacto de la COVID-19 y de futuras crisis de salud pública.
En cuestión de unas pocas semanas, la COVID-19 ha dejado al mundo paralizado, haciendo que todos seamos vulnerables y tengamos miedo, pero también recordándonos cuán interdependientes somos. En lugar de desaprovechar esta crisis, la comunidad internacional debe aprovechar ahora la oportunidad para fortalecer la cooperación mundial y facilitar el comercio. Eso significa rechazar el proteccionismo, que solo prolongaría la pandemia y agravaría la recesión mundial, ya de por sí grave.
