A lo largo de los años, muchos observadores han expresado escepticismo sobre la iniciativa BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), y quizá haya más escépticos dentro de los Estados miembros de BRICS que fuera de ellos.
La razón es la clara falta de una lógica tradicional que explique la unión de estos países. Están dispersos geográficamente, sus economías se encuentran en distintas etapas de desarrollo y existe entre ellos un grado considerable de disonancia ideológica. Además, a diferencia de otras asociaciones económicas, los BRICS no buscan establecer una arquitectura política o de seguridad común.
Sin embargo, esto no debería ocultar que el propósito de los BRICS estuvo claro desde el principio: formar una relación conveniente y pragmática para el siglo XXI que reúna la influencia de sus miembros con el fin de alcanzar objetivos acordados por los cinco países. En un mundo multipolar en el que el poder económico y político se está difundiendo con rapidez, los países BRICS buscan influir en las normas de la gobernanza mundial y darles forma; en el pasado, estas normas fueron configuradas por el sistema atlántico. Así pues, los BRICS son la unión de Estados nación en un momento geopolítico concreto para alcanzar un conjunto de metas.
Cada miembro de los BRICS también tiene sus propios motivos para mantener este movimiento plurilateral. Rusia considera a los BRICS un contrapeso geopolítico a la expansión hacia el este del sistema atlántico. Para Sudáfrica, los BRICS son un medio para legitimar su papel como puerta de entrada al continente africano y como potencia de este. Los BRICS permiten a Brasil colaborar en la configuración del siglo asiático, pese a su ubicación geográfica. China participa en el foro porque reconoce que los BRICS son un vehículo importante para crear sistemas de gobernanza en los que su influencia política se corresponda con su creciente peso económico. Por último, para India, los BRICS son un puente útil entre su creciente condición de potencia líder y su antigua identidad como líder del mundo en desarrollo.

La primera década de los BRICS
Durante la primera década de los BRICS, cada miembro sentó las bases de la cooperación, desde la identificación de ámbitos de convergencia en cuestiones políticas hasta la mejora de los vínculos económicos. El nivel de interacción entre sus miembros, que abarca desde reuniones de alto nivel en cumbres y encuentros ministeriales hasta diversos grupos de trabajo y conferencias, no ha dejado de profundizarse durante ese período.
Hoy existe un grado considerable de cooperación en cuestiones como el comercio, la financiación de infraestructuras, la urbanización y el cambio climático. Además, los cinco miembros han logrado avances modestos en los contactos entre sus pueblos. Plataformas como el Foro Académico de los BRICS y el Consejo Empresarial han demostrado ser útiles para mejorar el conocimiento mutuo de sus sectores industriales, ámbitos académicos y gobiernos.
Sin duda, los dos logros más notables de los BRICS han sido la institucionalización del Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) y del Acuerdo de Reservas de Contingencia.
No se puede subestimar la importancia de estas instituciones. Por un lado, marcan un cambio de la retórica política a la obtención de resultados concretos y reducen parte del escepticismo en torno a la iniciativa BRICS. Más importante aún, representan el cumplimiento parcial de la razón de ser fundamental de los BRICS: ofrecer alternativas creíbles al sistema atlántico de gobernanza mundial.
Aunque es poco probable que estas instituciones lleguen a reemplazar al FMI o al Banco Mundial, representan un paradigma de gobernanza fundamentalmente distinto. Al conceder los mismos derechos de voto a sus miembros fundadores y promover un mayor uso de las monedas locales, los miembros de los BRICS intentan crear un nuevo modelo, ajeno al sistema de Bretton Woods, que el mundo en desarrollo pueda emular.
El fin de la inocencia
Pese a haber alcanzado un nivel moderado de éxito durante la última década, dos acontecimientos recientes han puesto de relieve las divergencias entre los miembros de los BRICS.
El primero es el reciente enfrentamiento militar entre India y China en la meseta de Doklam, que ha puesto fin, en la práctica, a la idea ingenua de que siempre es posible mantener una relación política cordial entre los miembros de los BRICS. El segundo son los esfuerzos de China por crear un modelo «BRICS plus», un intento apenas disimulado de incorporar a Estados nación que son fundamentales para su Iniciativa de la Franja y la Ruta, dentro de un acuerdo político más amplio.
Ambos acontecimientos ponen de relieve que los principios fundacionales de los BRICS —el respeto por la igualdad soberana y el pluralismo en la gobernanza mundial— pueden verse sometidos a prueba mientras los cinco países miembros persiguen sus propias agendas nacionales.
Sin embargo, es probable que estos acontecimientos infundan cierto pragmatismo en la iniciativa, en vez de descarrilar el proyecto de los BRICS. Aunque es poco probable que los BRICS se conviertan en el eje de la política exterior de cualquiera de sus miembros, seguirán siendo un instrumento importante en su repertorio.
En esencia, es probable que los miembros de los BRICS comprendan ahora que el grupo es en sí mismo una «alianza con objetivos limitados», en la que las barreras políticas siempre limitarán todo el potencial económico de la asociación.
¿La próxima década?
Para que los BRICS sigan siendo relevantes durante la próxima década, cada uno de sus miembros debe evaluar de manera realista las oportunidades de la iniciativa y sus limitaciones inherentes.
Los BRICS hicieron bien en identificar, durante su primera década, cuestiones de interés común y crear plataformas para abordarlas. Sin embargo, las nuevas realidades políticas exigen que los países BRICS recalibren su enfoque y vuelvan a comprometerse con sus principios fundacionales.
En primer lugar, deben reafirmar su compromiso con un mundo multipolar que permita la igualdad soberana y la toma democrática de decisiones. Solo así podrán abordar la asimetría de poder dentro del grupo y en la gobernanza mundial en general. Únicamente este enfoque fortalecerá el multilateralismo.
En segundo lugar, deben aprovechar el éxito del NBD e invertir en otras instituciones de los BRICS. Sería útil que los BRICS desarrollaran un centro institucional de investigación, siguiendo el modelo de la OCDE, que ofrezca soluciones distintas de los paradigmas de conocimiento liderados por Occidente y más adecuadas para el mundo en desarrollo.
En tercer lugar, deberían considerar una iniciativa liderada por los BRICS para cumplir sus compromisos en virtud del Acuerdo de París sobre el cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Esto podría incluir, por ejemplo, la creación de una alianza energética de los BRICS y de una institución de política energética. Asimismo, el NBD, en colaboración con otras instituciones de financiación del desarrollo, podría ser un instrumento eficaz para financiar los avances hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible entre los miembros de los BRICS.
En cuarto lugar, los países BRICS también pueden considerar ampliar el alcance de su cooperación para abordar ámbitos emergentes de la gobernanza mundial, como el espacio ultraterrestre, los océanos e internet.
Por último, los miembros de los BRICS deben fomentar las interacciones directas entre sus integrantes. En la era digital, el diálogo fluido entre personas, empresas y círculos académicos puede propiciar relaciones con más probabilidades de afianzar el futuro de esta alianza que cualquier esfuerzo gubernamental.
Durante la primera década de existencia del grupo, este se impulsó mediante un enfoque descendente y grandes inversiones de capital político. La segunda década debe apoyarse en la energía y el espíritu emprendedor de los ciudadanos y las comunidades que viven en los países BRICS.

