Eran las 18:00 cuando un insólito barco de los colores del arcoíris, hecho con residuos plásticos reciclados y chanclas desechadas recogidas en playas y márgenes de carreteras, echó el ancla frente a la playa de Mtwapa, cerca de Mombasa, ciudad costera de Kenia.
El dhow de 9 metros de eslora, «The Flipflopi», navegaba hacia el sur por la costa de África oriental para concienciar sobre la amenaza que representan los plásticos para los océanos, explicó Ali Skanda, constructor jefe del barco y capitán.
Las playas y los ecosistemas marinos se han visto gravemente afectados por los plásticos, señaló Skanda, y añadió que había llegado el momento de cambiar la mentalidad de la población local sobre cómo gestiona y elimina los residuos.
«Por eso emprendimos este viaje: para llegar a las comunidades de África oriental y también al resto del mundo», afirmó.
El viaje del barco lo llevó 500 km (311 millas) al sur, desde la isla de Lamu, en Kenia, hasta Zanzíbar, en la vecina Tanzania, durante dos semanas a partir del 23 de enero.
Por el camino, el barco hizo seis paradas y su tripulación se unió a residentes, escuelas y autoridades locales para limpiar playas y participar en actos que destacaban los efectos de la contaminación por plástico en los mares.
Para el constructor de barcos y pescador Hassan Mohammed, de 56 años, la motivación fue ver cuánto ha cambiado todo en las últimas décadas.
Hasta hace 20 años, la costa de Mtwapa estaba libre de contaminación, dijo. Pero el turismo ha aumentado el uso de bolsas de plástico y botellas, lo que ha perjudicado al océano.
«Cuando empecé a pescar, las únicas personas que había por aquí eran pescadores y pescadoras, y usábamos cestas tejidas y nada de plástico», dijo.
«Hoy en día, mucha gente ha empezado negocios locales, como hoteles a lo largo de la costa, y ha contribuido a crear un enorme desastre: como pueden ver, el lugar está lleno de botellas de plástico», añadió.
El Flipflopi, construido con 10 toneladas de residuos plásticos, se botó por primera vez a finales del año pasado.
El cofundador Ben Morison contó a la Fundación Thomson Reuters que empezó a trabajar en el proyecto en 2016 «para transmitir el mensaje sobre el impacto que tiene el plástico en los ecosistemas marinos, cómo nos afecta y, lo más importante, qué podemos hacer al respecto».
Lilian Ayuma riega un árbol en el vertedero de Kibarani, cuya limpieza cuenta con el apoyo de ONU Medio Ambiente, en Mombasa, Kenia, el 29 de enero de 2019. Fundación Thomson Reuters/Wesley Langat
Un desafío mundial
Según ONU Medio Ambiente, los investigadores estiman que el mundo ha producido más de 8.300 millones de toneladas de plástico desde principios de la década de 1950.
Según su sitio web, solo se ha reciclado el 9 % de todos los residuos plásticos. Alrededor del 12 % se incineró, mientras que el resto acabó en vertederos, rellenos sanitarios o disperso en el medio ambiente.
En colaboración con la campaña Flipflopi-Clean Seas, el gobierno del condado de Mombasa se comprometió a ayudar a evitar que los residuos plásticos lleguen a sus playas cerrando su mayor vertedero, Kibarani, y convirtiéndolo en un espacio natural mediante la plantación de árboles.
ONU Medio Ambiente ha estado trabajando con el gobierno local para limpiar y rehabilitar el vertedero de Kibarani, que durante 50 años ha vertido residuos al océano, según Hassan Joho, gobernador del condado de Mombasa.
Dijo que la importancia de la zona como destino turístico hacía necesario gestionar adecuadamente los residuos.
«Tenemos graves daños históricos en nuestro medio ambiente que debemos abordar; la cantidad de residuos plásticos que había aquí era increíble», declaró a la Fundación Thomson Reuters.
«Decidimos cambiar esto, (pero) Kibarani es solo una pequeña parte», dijo, y añadió que Mombasa necesita 20 millones de dólares cada ejercicio financiero para gestionar sus residuos de manera eficiente.
Aun así, Joho añadió: «Nos alegra estar en el buen camino».
Creación de empleo
África se enfrenta a un déficit de financiación considerable, de hasta 40.000 millones de dólares, para abordar la gestión de residuos, señaló Juliette Biao Koudenoukpo, directora de la oficina de ONU Medio Ambiente para África.
Añadió que se prevé que la generación de residuos sólidos municipales del continente, actualmente de 125 millones de toneladas al año, se duplique para 2025 debido a los cambios en los hábitos de compra y a la rápida urbanización.
«Tenemos dificultades en África porque la gestión de residuos no es una prioridad para nosotros», afirmó. «Los residuos amenazan la biodiversidad, (pero) es posible transformar esta amenaza en una oportunidad: podemos reciclar y crear empleo».
La labor de limpieza de Kibarani ya ha cambiado la actitud de Lilian Ayuma, trabajadora del vertedero de 24 años.
«Desde que empecé a trabajar aquí, he tomado conciencia del medio ambiente y ya no puedo tirar basura sin cuidado por toda la casa», dijo.
El sector privado es clave para encontrar soluciones a la contaminación por plástico mediante la reutilización del plástico y el desarrollo de alternativas, señaló Joyce Gachugi-Waweru, directora nacional de PETCO, el organismo industrial nacional de Kenia para el reciclaje de plástico.
«La industria del reciclaje podría ofrecer empleo a los jóvenes, generar riqueza y proteger el medio ambiente», añadió.
El gobierno de Kenia ha tomado medidas proactivas para combatir la contaminación por plástico y en 2017 prohibió la fabricación, venta y uso de bolsas de plástico.
En una conferencia internacional sobre la construcción de una «economía azul sostenible», organizada por Kenia en noviembre, gobiernos y expertos se comprometieron a mejorar la salud de océanos, mares, lagos y ríos, al tiempo que aprovechaban su potencial para crear empleo.
La expedición del FlipFlopi tuvo lugar antes de la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente, en marzo, donde más de 190 países debatirán soluciones innovadoras para hacer más ecológicas la producción y el consumo, así como otros desafíos ambientales fundamentales.
El barco se exhibirá en Nairobi durante el encuentro.
El Flipflopi llegó a Stone Town, en Zanzíbar, el 7 de febrero y, en los puertos donde hizo escala, 29 establecimientos, incluidos 22 hoteles, se comprometieron a reducir al mínimo sus residuos plásticos.
«El propio viaje y el espíritu innovador que lo impulsa simbolizan lo que podemos hacer para marcar la diferencia», declaró Seif Ali Iddi, segundo vicepresidente de Zanzíbar, en un comunicado.
Zanzíbar, una popular isla turística, está comprometida con la lucha contra la contaminación por plástico y trabajará estrechamente con sus ciudadanos para encontrar soluciones, añadió.
Mientras tanto, Skanda espera emprender más viajes de este tipo por África para combatir los residuos plásticos.
«Seguimos recaudando fondos para construir un barco más grande y así poder navegar hasta Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, y por toda África», añadió.

