Ganadores, perdedores y perspectivas de futuro: la geografía económica de los países en transición

Stranded commuters wait for instructions after trains were delayed at Liverpool Street station in London March 10, 2010. REUTERS/Chris Helgren (BRITAIN - Tags: IMAGES OF THE DAY TRANSPORT) - GM1E63B05Y901
The world's population continues to move towards cities and urban areas.Image: REUTERS/Chris Helgren
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La desigualdad espacial, ejemplificada por la brecha entre las zonas urbanas y rurales, se ha convertido en una importante preocupación para las políticas públicas en los últimos años. La evolución de la fortuna de las distintas regiones geográficas afecta a las oportunidades de empleo (Moretti 2012), la polarización política (como muestran las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 y el referéndum del Brexit; véase Becker et al. 2017) y los resultados en materia de salud (Chetty et al. 2016). En un artículo reciente sobre el cambiante panorama de las oportunidades, The Economist (2017) sostuvo que los obstáculos a la reubicación perjudican a segmentos de la sociedad que ya son vulnerables. Europa Oriental y Asia Central no son ajenas a estas tendencias mundiales: en un informe del Banco Mundial, Cadavid et al. (2017) mostraron cómo las ciudades con mejores conexiones geográficas con mercados importantes ganaron población, mientras que otros municipios se redujeron.

¿Qué fuerzas determinan la evolución de la fortuna económica en el espacio? ¿Y qué nos pueden decir sobre cómo podría ser la geografía económica del futuro? En el capítulo 4 del Informe sobre la transición 2018-19, examinamos el impacto de los cambios geográficos en los resultados económicos de Europa, Asia Central, Oriente Medio y el Norte de África (Desmet et al. 2018b). La disponibilidad reciente de datos geográficos muy desglosados nos permitió describir la cambiante distribución espacial de la población y la actividad económica. Y, lo que es más importante, mediante un modelo cuantitativo de crecimiento espacial proyectamos cómo probablemente evolucionará el panorama económico de la región en las próximas décadas.

En el último cuarto de siglo, Europa Occidental y las regiones del BERD han experimentado cambios importantes en la distribución espacial de la población.1 Las barras rojas ascendentes de la figura 1 indican las celdas de una cuadrícula de 10 km por 10 km donde la población aumentó durante el período 1990-2015. El crecimiento de la población se ha concentrado en áreas metropolitanas y ciudades. Las regiones costeras también han ganado población, al igual que gran parte de Europa Occidental, el Norte de África, el río y el delta del Nilo, y la franja mediterránea de Oriente Medio. Mientras tanto, otras regiones, como los Estados bálticos y Europa Central y Sudoriental, han perdido población rápidamente, como muestran las barras grises descendentes de la misma figura.

Figura 1 Cambios de población entre 1990 y 2015

Basado en cuadrados de una cuadrícula de 100 km2 para el período 1990-2015. La altura de las barras representa los cambios de población: las barras rojas indican aumentos y las grises, disminuciones. Las zonas beige sin barras corresponden a lugares donde los cambios de población fueron inferiores a 200 personas.Image: Comisión Europea/Universidad de Columbia/Vox

Para identificar mejor a los «ganadores» y los «perdedores», calculamos una medida localizada de la densidad de población para cada kilómetro cuadrado.2 Observamos que, en el 45% de los países de las regiones del BERD, más de la mitad de la población vive hoy en lugares donde la densidad de población localizada ha disminuido desde 2000. Aunque muchas personas se han trasladado a ciudades densamente pobladas, una cantidad considerable sigue en zonas que se están quedando atrás. Al comparar ciudades de distintos tamaños en las regiones del BERD, las que tienen más de medio millón de habitantes son las que más han crecido. De los aproximadamente 375 millones de personas que viven en zonas urbanas, alrededor del 60% reside en esas grandes ciudades. En las ciudades con menos de medio millón de habitantes, al menos la mitad de sus residentes ha experimentado descensos entre moderados y pronunciados en su densidad localizada media.

La evolución de la fortuna de los distintos lugares refleja cambios en la productividad económica a través del espacio. Al representar la relación entre el PIB per cápita y la densidad de población en cuadrículas de 1° por 1° para varias regiones del mundo, observamos una correlación positiva (figura 2). En las regiones del BERD, duplicar la densidad de población se asocia con un aumento aproximado del 5% en la producción per cápita. Además, los lugares donde la densidad aumenta más rápidamente también incrementan su productividad a mayor ritmo. Los datos de luminosidad nocturna con mayor resolución geográfica sugieren que estos resultados también se aplican a las ciudades.

Figura 2 PIB per cápita y densidad de población

Cada punto representa una celda de 1° por 1° de las regiones, según los datos de 2005.Image: Conjunto de datos G-Econ

La relación positiva entre densidad, productividad y crecimiento no sorprende: las personas se trasladan a zonas densamente pobladas y productivas en busca de oportunidades económicas. Del mismo modo, las empresas se instalan en esos lugares para beneficiarse de una amplia oferta de talento (como cuando Amazon abrió oficinas en Long Island City, NY, y Arlington, VA), acercarse a sus fuentes de insumos y a posibles compradores, y aprovechar los efectos indirectos del conocimiento a medida que se difunden las ideas. La innovación y las infraestructuras se benefician de la concentración de la población, pues las inversiones en esos lugares llegan a una proporción mayor del público. Sin embargo, la densidad y la productividad no lo explican todo. Una mayor densidad de población suele conllevar molestias conocidas: contaminación, congestión y alquileres elevados.

Las pruebas anteriores sugieren que, en las regiones del BERD, los efectos positivos de la densidad (las fuerzas de aglomeración) tienden a superar los efectos negativos (las fuerzas de dispersión). A una escala geográfica detallada, existe cierta heterogeneidad en esta compensación. La figura 3 muestra los cambios en la densidad localizada por kilómetro cuadrado en Europa Occidental y algunas partes de las regiones del BERD durante el período 2000-2014. Al observar las ampliaciones, Moscú (a la derecha) muestra fuerzas de aglomeración dominantes, mientras que Varsovia (a la izquierda) presenta fuerzas de dispersión dominantes en el centro de la ciudad. Esta heterogeneidad entre ciudades y dentro de ellas, posiblemente impulsada por cambios en las infraestructuras locales y los patrones de desplazamiento al trabajo, no altera la conclusión básica: la densidad es un factor importante del crecimiento de la productividad.

Figura 3 Cambios en la densidad de población localizada, 2000-2014

La densidad de población localizada mide el número de personas que viven a menos de 5 km de una persona, ponderado según la distancia. La unidad de cambio es el número de personas en un radio de 5 km.Image: Comisión Europea/Universidad de Columbia/Vox

Aunque permiten identificar patrones relevantes, los datos presentados hasta ahora no permiten determinar cómo probablemente evolucionarán los patrones de crecimiento espacial en el futuro. Esto es pertinente para los responsables de las políticas públicas que desean influir en el crecimiento espacial mediante inversiones en infraestructuras y políticas comerciales. Quizá aún más importante: los datos no permiten saber si los cambios geográficos mejoran el bienestar o no. Si bien las fuerzas de aglomeración que impulsan la innovación crean oportunidades económicas y generan crecimiento agregado, los lugares que pierden población afrontan desafíos más graves a medida que sus mercados se reducen.

Para examinar las perspectivas de crecimiento y bienestar de las distintas regiones del BERD, necesitamos un modelo espacial dinámico que pueda contrastarse con los datos. Para ello, utilizamos el marco desarrollado en Desmet et al. (2018a) y resolvemos el modelo cuantitativamente tras incorporar datos económicos a escala de 1° por 1° y estimar los costes comerciales a partir de las carreteras, los ferrocarriles y las vías navegables.

Observamos que se prevé que los lugares de las regiones del BERD que hoy tienen mayor densidad de población registren los mayores aumentos del bienestar en un futuro relativamente próximo. Se estima que las ganancias de productividad derivadas de la densidad en estas zonas, que se traducen en mayores ingresos y un consumo superior, superarán el coste que el aumento de la población local impone a los servicios y atractivos del entorno. En conjunto, se prevé que la región del BERD obtenga resultados relativamente buenos, con tasas de crecimiento de la productividad, del PIB real per cápita y del bienestar que superarán en alrededor de 1 punto porcentual anual los promedios mundiales correspondientes hasta 2040.

También utilizamos el modelo para realizar análisis contrafactuales de políticas. Por ejemplo, evaluamos el impacto económico previsto de las inversiones en carreteras y ferrocarriles realizadas en los últimos años en los Balcanes Occidentales. También consideramos los posibles efectos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) y de las reducciones de los costes comerciales entre los países del BERD y sus vecinos cercanos. Quizá el hallazgo más interesante surge al comparar escenarios. Si bien las grandes inversiones en rutas específicas reducen considerablemente los costes de transporte a lo largo de ellas, en beneficio de las localidades cercanas a estos proyectos, reducciones mucho más modestas de los costes comerciales existentes en toda la región pueden aportar beneficios comparables al crecimiento.

Nuestro análisis sugiere que los amplios cambios geográficos que se están produciendo en Europa y el resto de las regiones del BERD crean oportunidades de crecimiento de la productividad y de ganancias económicas generales. Las fuerzas que impulsan la evolución de los patrones de concentración de la población en el espacio son profundas y generalizadas. Aunque sus efectos son positivos en conjunto, estos cambios también dejan atrás a segmentos de la población en zonas cada vez menos pobladas. A medida que esas zonas pierden densidad, también disminuyen sus oportunidades locales. Las políticas que faciliten su adaptación y, al mismo tiempo, traten de activar algunas de las fuerzas de aglomeración de las que no se han beneficiado podrían ser su mejor oportunidad para lograr crecimiento y mantener el bienestar. En estas zonas podrían ser eficaces las inversiones para mejorar los servicios y atractivos locales, como el suministro de agua, la atención sanitaria y la energía, así como las inversiones en oportunidades educativas locales. Estas políticas deben aplicarse con cautela, pues pueden tener efectos negativos en el conjunto. Como alternativa, las medidas que incentiven la movilidad geográfica podrían contribuir a mejorar las oportunidades de los residentes de lugares que se han quedado atrás.

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