A pesar del lento crecimiento de la economía mundial, el comercio global alcanzó la asombrosa cifra de 23 billones de dólares estadounidenses el año pasado. La Organización Mundial del Comercio ha sido la principal garante de este extraordinario crecimiento de la interdependencia global desde su fundación como Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, o GATT, en 1947.
Pero esta nueva era de globalización está amenazada por el colapso de las negociaciones actuales de la OMC, la Ronda de Doha, que comenzó en 2001 pero desde entonces se ha estancado debido a desacuerdos entre los países desarrollados y las economías de rápido crecimiento.
En respuesta a este fracaso, algunos comentaristas han sugerido que la OMC se ha vuelto inviable o incluso superflua, y que está destinada a ser reemplazada por los acuerdos comerciales bilaterales y regionales que se han multiplicado en las últimas dos décadas.
No estoy de acuerdo. El sistema multilateral de comercio que encarna la OMC sigue siendo fundamental para mantener la interdependencia global, algo vital para los intereses económicos y de seguridad de Estados Unidos y del resto del mundo. Los 160 Estados miembros de la organización deben seguir impulsando las negociaciones de Doha, quizá abordando primero los asuntos más manejables y pasando a problemas más complejos solo cuando se haya recuperado el impulso.
Reciprocidad y no discriminación
El GATT nació como foro para las negociaciones comerciales multilaterales. Estas consistían en una serie de «rondas» de varios años, cada una centrada en un conjunto distinto de objetivos y seguida de pausas para permitir su aplicación. El GATT siempre ha sido una organización muy centrada en los Estados, y sus negociaciones se basan en dos normas clave: la reciprocidad en la liberalización y la no discriminación en la protección comercial (es decir, ofrecer a los demás miembros el trato de «nación más favorecida»).
La negociación más importante de la historia del GATT fue la Ronda Uruguay, celebrada entre 1986 y 1994. Incorporó el GATT a la OMC, más institucionalizada, y dio lugar a acuerdos históricos sobre asuntos que abarcaron desde la propiedad intelectual y la agricultura hasta la regulación ambiental y sanitaria. Se concedieron a los miembros varios años para aplicar los acuerdos.
La OMC inició una nueva ronda de negociaciones en Doha en 2001. Por desgracia para el sistema multilateral de comercio, esta ronda pronto se estancó por una serie de temas controvertidos, entre ellos, de manera destacada, la oposición de muchos países en desarrollo a los subsidios agrícolas de Estados Unidos y Europa. Un acuerdo de la Ronda Uruguay que endureció las normas mundiales sobre propiedad intelectual también siguió siendo impopular entre los países en desarrollo, que lo consideraban una amenaza a su capacidad para importar nuevas tecnologías y distribuir los medicamentos necesarios.
Estados Unidos y Europa pierden influencia
En el pasado, Estados Unidos y los europeos (que negocian conjuntamente) han controlado la agenda del comercio multilateral. Pero el auge de las economías de mercados emergentes, junto con la adhesión de China a la OMC en 2001 y la de Rusia en 2012, ha hecho que otros actores poderosos exijan concesiones. Más concretamente, las negociaciones de la OMC han pasado de debates relativamente sencillos sobre aranceles y cuotas a cuestiones mucho más controvertidas y «políticas» relacionadas con el medio ambiente, la salud, el desarrollo y muchos otros temas.
Estos nuevos desafíos han bloqueado la Ronda de Doha y han llevado a los países comerciantes a recurrir, en cambio, a acuerdos bilaterales y regionales, a menudo denominados acuerdos comerciales preferenciales. Actualmente hay varios cientos de estos acuerdos en vigor, que conforman una compleja red de normas comerciales distintas en todo el mundo.
Mientras tanto, los esfuerzos por reanudar la Ronda de Doha han sido en su mayoría infructuosos. India y Estados Unidos seguían en un punto muerto respecto al almacenamiento de alimentos. Sin embargo, apenas el mes pasado, el punto muerto se resolvió con un acuerdo que al menos resuelve temporalmente la disputa. Aun así, persisten serios desafíos para reanudar plenamente la Ronda de Doha.
¿Por qué debería importarnos?
Todo esto, por supuesto, plantea la cuestión de si debería importarnos que fracase el sistema multilateral de comercio. Después de todo, ¿no pueden los acuerdos comerciales bilaterales y regionales lograr muchos de los mismos objetivos con mayor facilidad? Sin embargo, antes de renunciar a la OMC, debemos considerar dos razones importantes por las que debería preservarse.
En primer lugar, el sistema de la OMC sigue funcionando con gran eficacia en la supervisión de la aplicación de los acuerdos anteriores. La institución no solo es un foro de negociación, sino también un lugar donde los países pueden resolver sus disputas de forma pacífica y racional, sin la dinámica de represalias de las guerras comerciales. Además, mediante sus procedimientos de examen de las políticas comerciales, la OMC es una de las fuentes más importantes de información sobre el comercio global y la protección comercial en el mundo. En gran medida, gracias a la OMC, el sistema mundial de comercio ha demostrado resiliencia durante la Gran Recesión, algo que, sin duda, no ocurrió durante la Gran Depresión.
En segundo lugar, las consecuencias de abandonar este sistema multilateral de comercio podrían ser nefastas. Desde un punto de vista puramente económico, existe el riesgo de que los acuerdos bilaterales y regionales «desvíen el comercio», es decir, que su efecto principal no sea crearlo, sino más bien desviarlo hacia direcciones menos racionales. Esto podría ocurrir porque las diferencias en la protección comercial generadas políticamente pueden incentivar que los bienes y servicios fluyan en direcciones que no son eficientes desde la perspectiva del mercado. Quizá más grave aún, un sistema comercial global compuesto por cientos de acuerdos bilaterales y regionales superpuestos supondría una carga informativa muy considerable para las empresas. Tendrían que dominar un entorno jurídico mucho más complejo que el que afrontan bajo los compromisos únicos de la OMC.
El comercio como arma de presión
Desde una perspectiva más política, un mundo sin la OMC podría dar lugar a bloques comerciales, ya fueran de carácter regional o articulados en torno a una gran potencia. En otras palabras, podría ser un mundo en el que las grandes potencias utilizaran cada vez más el comercio como arma política para recompensar a sus amigos y castigar a sus enemigos. Los países pequeños o pobres, cuyos intereses están protegidos al menos en cierta medida por su condición de miembros de la OMC, deberían estar especialmente preocupados por el debilitamiento del sistema multilateral de comercio.
Entonces, ¿cómo pueden Estados Unidos y los demás miembros de la OMC reactivar la Ronda de Doha? El enfoque de separar las partes más manejables de la agenda es prometedor. El reciente acuerdo de la Administración Obama con India es un paso en esta dirección, y deberían tomarse más medidas en el futuro.
Avanzar en estas cuestiones menos controvertidas podría devolver el impulso al proceso general. Quizá también debamos estar preparados para abordar en el futuro cuestiones más pequeñas de forma más gradual, en lugar de intentar negociar los grandes y ambiciosos acuerdos comerciales del pasado.
Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Charles Hankla es profesor asociado de Ciencia Política en Georgia State University
Imagen: Delegados llegan a una reunión especial del Comité Preparatorio del Consejo General sobre Facilitación del Comercio en la sede de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Ginebra, el 27 de noviembre de 2014. REUTERS/Denis Balibouse



