La respuesta de Camboya a la pandemia de COVID-19 ha demostrado ser relativamente eficaz para mitigar las pérdidas.
La COVID-19 puso de manifiesto la importancia de desarrollar la resiliencia socioeconómica en Camboya.
Mucho puede lograrse trabajando juntos para redoblar las inversiones en las personas y ampliar sus libertades, capacidades y oportunidades de prosperar.
La pandemia de COVID-19 generó desafíos generalizados, agravados por la guerra en Ucrania. Estas crisis frenaron en gran medida la recuperación mundial. En Camboya, la última perspectiva macroeconómica publicada por el Ministerio de Economía y Finanzas y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que el PIB crecerá un 4,9 % este año, frente a la estimación original del 5,4 %. Esto se debe al aumento del costo de la vida asociado al fuerte encarecimiento de los combustibles, los alimentos y otros productos básicos. La protección social y otras medidas de estímulo mitigan la pérdida adicional de crecimiento.
Desde 1991, año en que el PNUD comenzó a calcularlo, hasta 2020, el Índice de Desarrollo Humano (IDH), una medida del bienestar de un país que considera tres aspectos básicos del desarrollo humano –salud, educación y nivel de vida–, aumentó progresivamente. Descendió por primera vez en 2020 y de nuevo en 2021, y el 90 % de los países registraron un descenso en uno o ambos años, lo que borró un promedio de cinco años de progreso en desarrollo humano.
Durante estos dos años, Camboya vio cómo se reducían los avances en desarrollo que tanto le había costado conseguir y retrocedió a su nivel de IDH de 2018. Sin embargo, el país logró mejoras notables entre 1990 y 2021: su ingreso per cápita se multiplicó por cuatro hasta alcanzar los 4.078 dólares; su esperanza de vida aumentó en más de 14 años hasta superar los 70 años; y sus años medios de escolarización crecieron en 2,4 años hasta llegar a 5,1 años. Gracias a estas mejoras en ingresos, salud y educación, el IDH del país aumentó un 56,9 %, alcanzando la categoría de desarrollo humano medio y situando a Camboya en el puesto 146 de 191 países.
El descenso de Camboya a su nivel de IDH de 2018, en comparación con el descenso mundial hasta 2016, sugiere que la respuesta de Camboya a la pandemia de COVID-19 fue eficaz para mitigar las pérdidas. El Gobierno Real logró poner en marcha de manera oportuna, con el apoyo del Gobierno australiano y del PNUD, una campaña en sus 1.646 comunas para identificar y registrar a las familias pobres y vulnerables. Estos esfuerzos dieron lugar al primer programa de transferencias monetarias por magnitud y alcance en la historia del país. Tras 27 meses y una inversión de 806 millones de dólares en casi 700.000 hogares, el programa logró mitigar con éxito los efectos sobre el PIB, la pobreza y el desempleo.
Desafíos subyacentes para Camboya
El recientemente lanzado Informe sobre Desarrollo Humano 2022 del PNUD, Tiempos inciertos, vidas inestables: Construir nuestro futuro en un mundo en transformación, identifica una nueva red de incertidumbres interconectadas, entre ellas las crisis climática y de biodiversidad, las desigualdades, la polarización política y las convulsiones tecnológicas. Esto ocurre a una velocidad y escala sin precedentes, y está pasando una factura muy elevada a nuestras sociedades profundamente interconectadas.
Al mismo tiempo, las incertidumbres provocan en las personas una angustia cada vez mayor. El estrés, la tristeza, la ira y la preocupación han aumentado y alcanzan niveles récord. Se estima que más del 35 % de la población mundial sufre problemas de salud mental y psicológicos, un 10 % más que hace una década, lo cual es alarmante. Según la Organización Psicosocial Transcultural, esta cifra era del 40 % en Camboya antes de la pandemia; es probable que haya aumentado desde entonces. Los casos de suicidio en Camboya también están en aumento, con 242 casos registrados por la Policía Nacional de Camboya en el primer trimestre de 2022. El suicidio ocupa el segundo lugar entre las principales causas de muerte entre jóvenes adultos de 13 a 24 años, después de los accidentes de tráfico. Esta crisis de salud mental está dañando el desarrollo humano y limitando las perspectivas y oportunidades de las personas.
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El camino a seguir
De cara al futuro, por primera vez vemos un porvenir en el que nuestros hijos podrían estar peor que las generaciones anteriores. Pero esto puede revertirse. La COVID-19 puso de manifiesto la importancia de desarrollar la resiliencia socioeconómica. También reafirmó que el crecimiento económico por sí solo no basta para abordar los desafíos actuales ni para gestionar la aparición de incertidumbres cada vez más complejas. Por ello, es importante fortalecer la preparación socioeconómica del país para absorber futuras crisis, gestionar la complejidad de la incertidumbre y aprovechar el potencial que encierran los tiempos inciertos.
Esto requiere transformaciones concretas centradas en la inversión, el seguro y la innovación. Es necesario invertir en energías renovables, en la preparación ante futuras pandemias y peligros naturales extremos, en soluciones basadas en la naturaleza para aliviar las presiones sobre el planeta, en la adaptación al cambio climático y en la transformación digital de toda la sociedad. El seguro, incluida la protección social, ayuda a las personas a afrontar las incertidumbres. La innovación en sus diversas formas (tecnológica, económica y cultural) fortalece la capacidad de las personas para resistir la incertidumbre y libera su potencial para ser agentes de cambio.
Afrontar la incertidumbre exige un diálogo abierto e inclusivo que fortalezca la confianza y mejore el acceso y la calidad de los servicios sociales y los bienes públicos. También requiere desarrollar la resiliencia psicológica mediante la ampliación del acceso a los servicios de salud mental, a menudo un privilegio al que solo algunos pueden acceder.
Mucho puede lograrse trabajando juntos para redoblar las inversiones en las personas, ampliando sus libertades, capacidades y oportunidades de prosperar en paz, también con el planeta. En un contexto de incertidumbres crecientes, una cosa es segura: hacer las cosas como siempre no funciona. Es hora de replantear las reglas básicas y las suposiciones, reavivar la esperanza y reescribir nuestro futuro.


