Cuatro principios para gestionar las relaciones comerciales con vecinos difíciles

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  • Ante la perspectiva de un aumento de los conflictos en el mundo, la geopolítica y la diplomacia son más importantes que nunca.

  • Gestionar las relaciones comerciales con vecinos difíciles requiere un delicado equilibrio entre diplomacia, pragmatismo y visión estratégica.

  • Los principios rectores de este equilibrio incluyen la diversificación y el compromiso como ejes centrales, y la transparencia y el cumplimiento como guías.

«En los primeros tiempos, no había naciones vecinas amistosas: más allá de las fronteras del territorio de cada nación se extendía la tierra de un enemigo mortal»

Traducción de M. Campbell Smith de La paz perpetua, de Immanuel Kant

Las relaciones internacionales actuales son distintas de lo que describía Kant. La globalización ha reducido el papel de la geografía, pero tanto el comercio como los conflictos siguen teniendo lugar, sobre todo entre vecinos.

Image: Índice de Paz Global

Según el Índice de Paz Global (GPI) de 2023, el nivel de paz mundial se ha deteriorado desde 2008. En los últimos años, el principal factor de ese deterioro han sido los conflictos externos. La invasión rusa de Ucrania —y sus consecuencias de gran alcance— desempeñó un papel importante, pero la intensidad de los conflictos ya estaba aumentando en todo el mundo antes de este acto.

Aunque el GPI de 2023 identificó a Oriente Medio y el Norte de África (MENA) como la región con la segunda mayor mejora en materia de paz, también ha sido escenario de una escalada significativa de los conflictos. Las tensiones también son elevadas en otras regiones, y los gobiernos siguen aumentando su capacidad militar. Según el GPI, el impacto económico mundial de la violencia se estimó en 17,5 billones de dólares en 2022. Esto equivale al 12,9 % del PIB mundial, o a 2.200 dólares por persona.

La pregunta, por tanto, es cómo gestionar las relaciones comerciales en un mundo donde aumentan los conflictos regionales, especialmente cuando se intensifica la rivalidad geoestratégica entre las mayores economías y potencias militares del mundo y más países persiguen objetivos basados en valores y ajenos al comercio en sus políticas económicas exteriores.

Gestionar las relaciones comerciales con vecinos difíciles requiere un delicado equilibrio entre diplomacia, pragmatismo y visión estratégica. El enfoque basado en principios debe servir de guía —de estrella polar— para que los líderes políticos naveguen estas aguas turbulentas.

Estos son cuatro principios que podrían orientar ese enfoque basado en principios:

1) Diversificación de los mercados: También conocida como «reducción de riesgos», esta estrategia anima a las empresas a diversificar tanto sus mercados de exportación como los países de abastecimiento para reducir su dependencia de vecinos con quienes podrían tener relaciones tensas. Para ello, los gobiernos deben dar un paso al frente y ayudar a las industrias a desarrollar estrategias de mitigación de riesgos. Esto incluye diversificar las cadenas de suministro, asegurar rutas de transporte alternativas e invertir en seguros contra riesgos políticos. Estas medidas pueden minimizar el impacto de la inestabilidad política en las actividades comerciales.

Por ejemplo, antes de 2006, Georgia dependía en gran medida del mercado de la vecina Rusia. Rusia utilizó esa dependencia como instrumento de presión para influir en la política interna de Georgia e impuso un embargo a importantes productos de exportación georgianos, como el vino y el agua mineral.

Esto tuvo un impacto negativo tangible a corto plazo en la economía georgiana, pero impulsó al Gobierno de Georgia a apoyar a las empresas para que desarrollaran productos competitivos a escala mundial y dirigidos a nuevos mercados. Como resultado, entre 2005 y 2023, la proporción del mercado ruso en las exportaciones georgianas cayó casi un 40 %. Hoy, Georgia cuenta con una de las redes más extensas de acuerdos de libre comercio y es candidata a ingresar en la UE.

Image: Geostat
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2) Compromiso mediante una renovada cooperación económica: La diversificación no significa cancelar por completo los vínculos comerciales con vecinos problemáticos. De hecho, ocurre todo lo contrario. Implica encontrar formas de impulsar iniciativas de cooperación económica mutuamente beneficiosas y crear interdependencias que incentiven a ambas partes a mantener relaciones pacíficas. Se trata de alejarse de la dependencia total entre sí, lo que favorece los esfuerzos destinados a generar confianza y reducir las tensiones.

Australia afirma que desea «una relación estable, productiva y madura» con China, en la que «el diálogo nos permita gestionar nuestras diferencias», según Penny Wong, ministra de Asuntos Exteriores de Australia. Hizo estas declaraciones recientemente tras una conversación calificada de «franca» en Canberra con su homólogo chino sobre comercio, seguridad regional y derechos humanos.

Martin y otros analizaron la relación entre los conflictos militares y el comercio, tanto desde el punto de vista teórico como empírico. Destacan los efectos opuestos del comercio bilateral y multilateral sobre la probabilidad de guerra. Concluyen que el comercio bilateral aumenta el coste de oportunidad de una guerra bilateral y, por tanto, disuade de iniciar una guerra de ese tipo. En cambio, la apertura al comercio multilateral reduce este coste de oportunidad con cualquier país determinado. Esto debilita los incentivos para hacer concesiones durante las negociaciones destinadas a rebajar las tensiones. Por consiguiente, aumenta la probabilidad de guerra entre países.

3) Transparencia mediante la participación de la sociedad civil: La sociedad civil defiende la transparencia en las políticas gubernamentales y los procesos de toma de decisiones. Las prácticas transparentes de gobernanza ayudan a generar confianza entre las partes interesadas y reducen las sospechas de que consideraciones políticas influyen indebidamente en las relaciones comerciales. La sociedad civil puede desempeñar un papel crucial en la supervisión de la aplicación de los acuerdos internacionales y los regímenes de sanciones, garantizando así que los gobiernos cumplan sus compromisos internacionales, respeten los derechos humanos y protejan a las poblaciones vulnerables. Los gobiernos deben ofrecer suficiente espacio a la sociedad civil e incorporar protecciones básicas en sus constituciones, como la libertad de expresión y la libertad de asociación. También deben facultar a los tribunales nacionales para que puedan y estén dispuestos a defender estas protecciones.

4) Cumplimiento de las normas internacionales: Aunque no siempre sea fácil, los gobiernos deben establecer marcos jurídicos y procedimientos claros que distingan entre las disputas políticas y las interacciones económicas. Una forma de hacerlo es respetar las normas y obligaciones internacionales, por ejemplo, en materia de derechos humanos, no proliferación y lucha contra el terrorismo. Esto generará confianza y garantizará la credibilidad en la comunidad internacional. También implica aplicar las sanciones de forma previsible, selectiva y con objetivos específicos, centrándose en determinadas personas, entidades o sectores implicados en disputas políticas. Asimismo, garantizar exenciones humanitarias en los regímenes de sanciones permitirá que los bienes y servicios esenciales —alimentos, medicamentos y ayuda humanitaria— lleguen sin trabas a las poblaciones afectadas.

Gestionar las relaciones comerciales con vecinos difíciles requiere un enfoque matizado y basado en principios que equilibre los intereses económicos con las realidades geopolíticas. A medida que evoluciona el panorama mundial, los principios expuestos ofrecen una hoja de ruta para afrontar interacciones complejas.

La diversificación y el compromiso como ejes centrales, y la transparencia y el cumplimiento como guías, protegen los intereses económicos y contribuyen a la paz y la estabilidad mundiales.

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