Las economías de América Latina y el Caribe han logrado recuperarse de la devastación económica inicial causada por la COVID-19.
Pero el resurgimiento de la pandemia amenaza una recuperación que ya era desigual y acarrea elevados costos sociales y humanos.
El FMI revisó al alza su previsión de crecimiento del PIB real de la región para 2020, de -8,1 a -7,4 %.
Las economías de América Latina y el Caribe lograron recuperarse de la devastación económica inicial causada por la COVID-19 a principios de 2020. Pero el resurgimiento de la pandemia hacia finales de año amenaza con frustrar una recuperación desigual y aumentar los elevados costos sociales y humanos.
Tras la fuerte contracción del segundo trimestre del año pasado, la rápida recuperación del tercer trimestre superó las expectativas en algunas de las economías más grandes, como Brasil, Perú y Argentina. La industria manufacturera se recuperó más rápido que los servicios. Las exportaciones netas volvieron a los niveles previos a la crisis, mientras que el consumo y la inversión siguen rezagados.
Los primeros indicadores, como la producción industrial y las ventas minoristas, apuntaban a una recuperación sostenida en el último trimestre de 2020, impulsada por un considerable estímulo fiscal, condiciones financieras mundiales favorables y la resiliencia y adaptación de los agentes económicos a la nueva realidad. El FMI revisó al alza su previsión para la región en 2020, de -8,1 a -7,4 %.
La pandemia vuelve a arreciar
Sin embargo, esta recuperación, que ya era desigual, se ha visto amenazada por el reciente resurgimiento de la pandemia y la reintroducción de medidas de contención más estrictas en algunos países, así como por los efectos indirectos de la desaceleración de la economía mundial. Los nuevos casos y fallecimientos han aumentado en los últimos dos meses en América del Sur y América Central, aunque más recientemente hay indicios de estabilización. La capacidad hospitalaria está al límite en muchos países y la capacidad de realizar pruebas sigue siendo baja en comparación con las economías avanzadas y otras economías emergentes, pese a algunas mejoras desde agosto.
Pese a este resurgimiento, revisamos al alza nuestra previsión de crecimiento regional para 2021, hasta el 4,1 % (frente al 3,6 % de octubre), sobre la base de un desempeño en 2020 mejor de lo esperado, la expectativa de que se amplíen las campañas de vacunación, mejores perspectivas de crecimiento para Estados Unidos y precios más altos de algunos productos básicos. Se espera que el crecimiento se acelere más adelante este año.
Riesgos para la recuperación
Los costos sociales y humanos de la pandemia han sido enormes y ensombrecen considerablemente esta previsión. Se estima que más de 16 millones de personas han caído en la pobreza. El empleo sigue por debajo de los niveles previos a la crisis y es probable que la desigualdad haya aumentado en la mayoría de los países. Más de 18 millones de personas se han infectado y medio millón han fallecido.
No contener los nuevos contagios, imponer nuevos confinamientos y el consiguiente cambio en el comportamiento de las personas lastrarían el crecimiento. Una recuperación más débil de los mercados laborales causaría daños sociales más permanentes. Un cambio repentino en el ánimo de los inversores internacionales presionaría a los países con vulnerabilidades fiscales y externas. En sentido favorable, el éxito de la vacunación y de la contención de la pandemia, objetivos con los que la mayoría de los países están firmemente comprometidos, así como un apoyo fiscal adicional, crearían las condiciones para una recuperación más rápida.
Una recuperación a distintas velocidades
La previsión agregada oculta diferencias importantes entre los países. Si bien se revisó al alza el crecimiento previsto para este año en Brasil, México, Chile, Colombia y Perú, se revisó a la baja para el Caribe, del 4 al 2,4 %, porque la reanudación de actividades esenciales de viajes y turismo ha sido mucho más lenta de lo previsto.
América Central ha recibido el apoyo de sólidas remesas, el aumento de los precios de los alimentos y medidas eficaces de apoyo de las políticas públicas. América Central y el Caribe afrontan el riesgo adicional de los desastres naturales, como demuestra la devastación causada por los huracanes Eta e Iota en noviembre pasado.
Aún queda mucho camino por recorrer para lograr una recuperación plena. Prevemos que la producción de la región no volverá a los niveles anteriores a la pandemia hasta 2023 y que el PIB per cápita no lo hará hasta 2025, más tarde que en otras partes del mundo. La crisis tuvo un impacto desproporcionadamente grande en el empleo, y las pérdidas se concentraron entre las mujeres, los jóvenes, los trabajadores informales y quienes tienen menos formación, con consecuencias para los indicadores sociales.
Cómo encontrar margen
Dadas todas las incertidumbres, la primera prioridad de los países debe ser garantizar recursos adecuados para los sistemas de salud, incluidos los destinados a la vacunación y las pruebas. En segundo lugar, deben seguir apoyando a los sectores vulnerables más afectados por la pandemia y consolidando la incierta recuperación. Retirar demasiado apoyo fiscal demasiado pronto pondría en peligro estos objetivos. Los países con margen presupuestario para aumentar el gasto deberían seguir apoyando sus economías y, al mismo tiempo, dirigir mejor ese apoyo, lo que sin duda aceleraría la recuperación. Los países con capacidad de gasto limitada deberían dar prioridad a la salud y al apoyo a los hogares.
Los países pueden encontrar margen para aumentar el gasto en presupuestos restringidos si demuestran su compromiso con políticas fiscales creíbles y sostenibles a mediano plazo una vez superada la pandemia. El actual entorno de bajas tasas de interés sugiere que quizá se haya subestimado este «margen fiscal», en particular en las grandes economías, donde los gastos por intereses se mantienen en niveles bajos pese al fuerte aumento de la deuda como porcentaje del PIB.
La política fiscal debería seguir recibiendo el apoyo de una política monetaria expansiva en los países donde las expectativas de inflación están bien ancladas. Las políticas del sector financiero deberían seguir facilitando apoyo de liquidez al sector empresarial, con el objetivo de dirigirlo mejor sin comprometer la estabilidad financiera.
La pandemia golpeó con más fuerza a América Latina y el Caribe debido a sus numerosas fragilidades estructurales inherentes (por ejemplo, hay más personas que trabajan en sectores que requieren proximidad y menos en aquellos donde es viable el teletrabajo). La región ha pagado un alto precio en contagios y fallecimientos en relación con su población. El FMI ha apoyado a América Latina y el Caribe con asesoramiento en materia de políticas, asistencia técnica y financiación, proporcionando más de 66.000 millones de dólares a 21 países, incluidas líneas contingentes. Esto equivale a más de dos tercios del apoyo de liquidez de emergencia que el FMI concedió en todo el mundo. Y estamos dispuestos a hacer más.





